
En Punta del Diablo se reavivó un foco de incendio
Algunos pobladores ya pudieron regresar a sus casas
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PUNTA DEL DIABLO.- El viento cambió en la mañana de ayer en estas playas de la costa uruguaya y reavivó uno de los focos de incendio que aún permanecían activos en el Parque Nacional Santa Teresa. La inmensa columna de humo que atravesaban los aviones hidrantes podía verse desde las playas de este pueblito de pescadores, situado a 30 kilómetros de la frontera con Brasil y a 305 de la capital uruguaya.
El incendio estaba ayer cercado, atrapado por una serie de cortafuegos en la reserva forestal, aunque extinguirlo por completo tomará unos días más, dijo el director del Sistema Nacional de Emergencia, José María Rivero.
Las llamas no alcanzaron el fuerte de Santa Teresa, uno de los principales tesoros patrimoniales de esta zona, vestigio de la lucha por la frontera entre el imperio portugués y el español. Pero sí causaron un grave daño ecológico en la reserva que alberga el rosedal más importante del Uruguay (ver aparte). En tanto, la policía del departamento de Rocha detuvo a cuatro personas sospechosas de haber iniciado el fuego. El director nacional de Bomberos del Uruguay, Hugo Romeo, no descarta que se haya tratado de "un acto consciente".
Estiman que el incendio, que comenzó hace tres días, devastó más de 1500 hectáreas y arrasó más de 20 casas de este pueblo. La zona en la que más de 700 personas combaten el fuego fue despejada desde el primer día y 3000 turistas que acampaban allí partieron hacia otras playas, al igual que unos 4000 habitantes de este pueblo. Es que en este paraje rodeado de dunas que desembocan en el mar comenzó el fuego, para luego extenderse hacia la reserva Santa Teresa, a unos cinco kilómetros.
Casas destruidas
Veinte cabañas de los lugareños alimentaron la furia de las llamas, que también destruyeron casas de hormigón, de las que sólo quedaron sus estructuras.
Sólo gracias a unos pocos restos de televisores, heladeras o camas podía adivinarse ayer dónde, dentro de las viviendas, estaban ubicados el living, la cocina o los cuartos.
"Casi todos los dueños se fueron desde el primer momento. Estaban desesperados, porque se quedaron sin nada. Algunos se enteraron después, porque no estaban en sus casas -contó Martín, un chico de 25 años que vive solo y vende artesanías desde hace cinco años-. Cuando la cosa se empezó a poner brava los bomberos y los militares nos vinieron a tocar la puerta para que evacuáramos. Algunos están volviendo, porque el fuego se quedó en la reserva y están fuera de peligro."
La lucha contra las llamas
PUNTA DEL DIABLO (De una enviada especial).- Se temía que el fuego llegara hasta La Coronilla, a unos cinco kilómetros de la reserva, pero su avance fue detenido con un sistema de cortafuegos de tres kilómetros de largo por 300 metros de ancho, dijo Irineo Urriet Correa, intendente de este pueblo.
Lo que hicieron fue talar una gran cantidad de árboles, pinos y eucaliptos para evitar que las llamas encontraran un terreno apto para avanzar. La virazón -como se le dice al viento del Este que vira hacia la costa y comienza a soplar aquí pasado el mediodía- es uno de los principales enemigos en la lucha contra el fuego.
El Parque Nacional Santa Teresa es una reserva de 1050 ha., que alberga una gran cantidad y variedad de árboles exóticos y autóctonos. Tiene el rosedal más importante del país, con más de 100 especies de rosas. El fuerte Santa Teresa, situado sobre una duna desde la que se tiene una magnífica vista del parque y de las playas, es uno de los principales atractivos.
Los portugueses fueron quienes comenzaron a construir la fortaleza, en 1762, pero más tarde fue tomado por los españoles y terminado por ellos. Protagonista de las batallas entre portugueses y españoles, también fue utilizado más tarde por las fuerzas de Uribe para refugiarse durante las guerras civiles.
Fue el arqueólogo Horacio Arredondo quien, en 1928, comenzó a recuperarlo, ya que una vez abandonado fue tapado por las dunas. Arredondo forestó alrededor del fuerte para fijar las dunas e impedir que la arena volviera a tragárselo.





