
En San Isidro hay calles exclusivas para los vecinos
Sólo ellos, con permiso para estacionar
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A lo largo de los 400 metros de la calle Manuel A. Aguirre, que nace en López y Planes y desemboca en Juan Díaz de Solís, en San Isidro, se observan unos 20 carteles que restringen el estacionamiento sólo para las personas que tienen un permiso municipal. Esto también sucede en los 100 metros de la calle Almafuerte, entre Manuel A. Aguirre y Juan Díaz de Solís. Este permiso es otorgado exclusivamente a los vecinos de la zona, según un decreto del intendente de la Municipalidad de San Isidro, Gustavo Posse.
La polémica medida surgió a raíz de un pedido de los mismos residentes del barrio, que denunciaban ciertas molestias causadas por el aumento del tránsito vehicular durante los fines de semana: falta de espacio para que los propietarios estacionen sus autos, garajes privados obstaculizados por otros vehículos, inseguridad por la presencia de cuidacoches.
Los vecinos, cansados por la cantidad de gente que llegaba en auto atraída por la oferta comercial de la zona, presentaron un petitorio ante la Municipalidad de San Isidro pidiendo que se resuelva la cuestión. Como solución, la comuna decidió prohibir el estacionamiento, a lo largo de estas dos calles, a todos aquellos que no viven en estas cuadras.
"Antes era un desastre, no teníamos lugar para estacionar. Ahora está más organizado", cuenta Ana De Rosa, una vecina de esta zona cercana a la estación Barrancas, del Tren de la Costa.
Graciela Gostanián, que vive a tres casas de Ana, explica que ahora nadie se estaciona en esas calles. "Los zorros grises -refiriéndose a la policía de tránsito- controlan todos los sábados y domingos y ponen multas", señala.
Para identificar a los vehículos autorizados, la municipalidad repartió obleas entre los residentes. "Vinieron un día, pusieron los carteles, preguntaron cuántos autos teníamos y nos dieron las obleas -explicó un vecino que prefiere no identificarse-. Y nos dejaron algunas más para los amigos."
Mario Fuentes, vocero del intendente Posse -que está de licencia durante todo enero- explicó a LA NACION que la municipalidad tomó esta medida para dar una solución al pedido de los vecinos. "Nosotros protegemos a los vecinos y no a los que nos vienen a invadir", sentenció Fuentes.
El concejal Carlos Castellano, del bloque Acción Vecinal San Isidro Es Distinto -el mismo que el del intendente Posse- explicó que la medida es un aviso para que los comerciantes de la zona, que reciben la afluencia durante los fines de semana, busquen una solución para el estacionamiento. "No queremos que la actividad comercial genere molestias en una zona residencial. Decidimos priorizar a los vecinos", sentenció.
Ante la inquietud de LA NACION porque la restricción se extiende a lo largo de varias cuadras, y no sólo en las entradas a los garajes privados, Castellano dijo: "Nos pareció lo más razonable. Si no, las grúas no podían llevarse a los que estaban bien estacionados. Queremos que sean los comerciantes los que resuelvan el problema", manifestó.
En Perú Beach, el complejo comercial ubicado frente a la estación Barrancas del Tren de la Costa, aseguraron que abrieron una zona de estacionamiento a pedido de la municipalidad. "Además, los sábados y domingo habilitamos una de las dos canchas de fútbol que tenemos para que entren los autos", señaló un encargado del lugar que no quiso identificarse.
El concejal Leandro Martín, presidente del opositor bloque Frente para la Victoria, opinó que está bien que la municipalidad escuche a los vecinos y tome las medidas correspondientes, pero es necesario ser más justo y decidir en un marco de mayor igualdad. "En San Isidro hay mucha gente que vive sobre los vagones. El estacionamiento restringido es en zonas en donde los vecinos tienen poder económico y el Poder Ejecutivo no quiere tener problemas con ese tipo de vecinos."
Martín manifestó que las medidas deben formar parte de un plan más integral y más estratégico. "No pueden tratarse sólo cuestiones parciales, espasmódicas", dijo, y anadió que algunas cuestiones son tratadas de manera sobreactuada. "Es una forma de clientelismo político. Llegó el momento de la redistribución", sentenció.
El problema se traslada
La restricción para estacionar en estas cuadras provocó que el problema se traslade a las calles cercanas.
Daniel Zacarías, que trabaja en una de las tres garitas de seguridad de la calle Manuel A. Aguirre, explicó: "Los autos que estacionan acá se los lleva la grúa. Por eso, ahora se llena Juan Díaz de Solís".
Julie Fortabat, una vecina que vive en la zona residencial delimitada entre las vías del Tren de la Costa y el río, señaló que, con la prohibición, el caos se desplazó para el lado de su casa. "Como los vecinos protestaron y restringieron el estacionamiento, los autos se vienen para este lado", aseguró indignada.
Julie comentó que la idea no es trasladar el problema. "Acá falta planificación. Se van a construir unos edificios, pero no arman nada para lo que se viene".
Mariana Acosta, vecina del lugar, coincide en que la calle El Cano, que bordea las vías, es un desorden de tránsito. "Cada vez es peor. Pasan a mil y la vía es doble mano. Es muy peligroso", aseguró.
El encargado de seguridad del complejo Perú Beach, Alberto Atero, comentó que los mayores problemas son la velocidad y la educación vial, y que todo desmejoró aún más con las restricciones del otro lado. "Acá puede haber un accidente muy grave. Si todavía no hubo es porque hay un Dios", sentenció.
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