
Estremecedor relato de un secuestrado y mutilado
Ariel Strajman contó cómo le cortaron un dedo sus captores
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"Treinta y siete años de cárcel es lo máximo que podemos pedir. Si de mí dependiera, pediría pena de muerte, ejecutada por mí. Si no, deberían condenarlos a tres o diez millones de años de prisión." Con esta frase, Ariel Strajman sacudió al tribunal y a los asistentes al juicio oral que se impulsa en los tribunales federales de esta ciudad contra los nueve acusados de secuestrarlo y amputarle el dedo meñique derecho, en octubre de 2002.
En la tercera jornada del debate, Ariel hizo ayer un estremecedor relato de su cautiverio y señaló a uno de los nueve imputados, Diego Gastón Sibio, como uno de los dos delincuentes que, a punta de pistola y a fuerza de golpes, lo sacó del garaje de su edificio, lo metió en un automóvil y lo llevó hasta el primer lugar en el que estuvo secuestrado.
"Bueno, ahora te vamos a cortar un dedo, me dijo uno
de los seis tipos que me tenían secuestrado. Entonces, empezaron los martillazos. Quiero remarcar que si bien sólo uno de ellos me cortó el dedo, todos colaboraron. Uno me agarró de un brazo, otro tipo del otro brazo y un tercero, de una pierna. Después que me cortaron el dedo, creo que con una pinza, sentí que me salía sangre y que ellos se morían de risa. Era una carcajada generalizada", recordó Ariel.
Fue la primera vez, después de sus dos noches de cautiverio hace dos años, que Ariel se enfrentaba a sus captores. Comenzó su relato con la voz entrecortada y tímido. Acompañó cada uno de sus dichos con gestos, como para que los jueces Mario Costa, Martín Federico y Jorge Gettás comprendieran las humillaciones y el sufrimiento que vivió.
"Ahora fue el dedo. Después, te vamos a cortar la mano, y después, te vamos a cortar en pedacitos. No tenemos problema en matarte y tirarte en el Riachuelo, me dijeron. Luego que me cortaron el dedo escuché que llamaron a mi familia y dijeron que vayan a buscar un regalito", señaló Ariel.
A medida que hablaba, Ariel parecía liberarse de los recuerdos y de los temores y comenzó a mirar a los acusados. No dejó de observarlos durante el resto de la audiencia. El juez Costa, presidente del tribunal, le preguntó si podía reconocer a alguno de los secuestradores. Entonces, Ariel se levantó y con la mano en la que le falta el dedo señaló al tercer sospechoso, sentado de izquierda a derecha. Sibio levantó la mano y el resto de los acusados esquivó la mirada. Tanto los jueces, el fiscal, los familiares de Ariel y el público siguieron en silencio el relato de la víctima.
Ninguno de los imputados se atrevió a mirar a Ariel. María Esther Gottig y Alberto Sommaruga no se quedaron en la sala y pidieron retirarse antes de que comenzara el relato de la víctima.
"Judío de mierda, vos y tu viejo son dos ratas. Ahora vas a saber lo que sentían en el Holocausto", me gritaron, antes de pasarme un encendedor por la cara y el cuello", expresó Strajman.
El muchacho recordó que estuvo cautivo en tres lugares. En dos viviendas del barrio de Belgrano y en una casa del country Bonanza, de Pilar, donde lo rescató la Policía Federal.
El testimonio de Ariel reveló que la denominada banda de los patovicas, integrada por los acusados Sibio, Pablo Sommaruga, alias "El Perro"; Osvaldo Keroa, Claudio Abeiro, Diego Ferreyra, Nicolás Barlaro, María Esther Gottig y Alberto Sommaruga, habría sido responsable de más secuestros.
"Siempre estuve con los ojos vendados. La única vez que pude ver a uno de ellos fue cuando me secuestraron. En la casa de Pilar intenté hablar con ellos, trataba de que se dieran cuenta de que estaba mal lo que hacían y de que no se creyeran que eran piolas por tenerme así. Entonces me dijeron: «Pendejo de mierda, ¿vos crees que sos el primero que traemos acá? ¿Sabés a cuántos tuvimos antes que a vos?", afirmó Ariel.
Relató que escuchó varias voces, aunque no podría identificarlas y que tres de los secuestradores se llamaron por sus nombres: Pablo, Osvaldo y Ezequiel. Dijo que le dieron dos veces de comer. Primero, le dieron una porción de pizza y después jamón. "Me tiraron el jamón y me lo refregaron en la cara. Judío de mierda, comé jamón", expresó el testigo.
Ayer también declaró su padre, Mario Strajman, que afirmó que tuvo que pagar dos veces el rescate y que recibió una caja con el dedo de su hijo.
En su declaración, Ariel describió, cuando que los secuestradores estaban a bordo de una camioneta y de un Fiat Duna blanco.
"Era el mismo automóvil que usaron los ladrones que me asaltaron un año antes. En aquella oportunidad, tres delincuentes con caretas de Menem me robaron las joyas que llevaba. Cuando declaré por mi secuestro recordé que un vecino me dijo que meses antes del robo de 2001, la policía había detenido a dos hombres que merodeaban armados frente a mi casa. Entonces, pidieron los informes sobre esas detenciones a la comisaría 39a. Los nombres de los dos sospechosos eran Osvaldo y Pablo. Esta gente se había ensañado conmigo", expresó Ariel.
Luego, Mario Strajman reconoció las joyas halladas en una de las casas de los secuestradores correspondían a un lote que le robaron durante el asalto sufrido en 2001. En un momento, el fiscal Jorge Aguilar le preguntó cuáles fueron los daños provocados por el secuestro y la amputación del dedo meñique.
"¿Cuánto dura el juicio? Podría pasarme una semana contándole lo que siento. Se me caen las cosas, pierdo fuerza, me siento incómodo. Tengo miedo. No sé un montón de cosas. Ya había quedado traumado por el asalto de 2001. Imagínese cómo pude haber quedado después de esto", concluyó Ariel.
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