
Frustrado robo con armas militares
Una banda, integrada por un sargento, intentó el asalto con una ametralladora antiaérea similar a las usadas en las Malvinas.
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"Esos son tiros. ¡No, son bombas!" Así amaneció ayer Norma en medio de lo que creyó era una escena bélica que se desarrollaba bajo su balcón en La Boca, cuando una banda de al menos media docena de delincuentes armados con una ametralladora antiaérea y fusiles de guerra trataron de asaltar un camión blindado.
Tras el frustrado robo huyeron hacia el conurbano bonaerense, donde la policía los detuvo en una quinta de Paso del Rey que era usada como escondite de la banda y pañol para guardar el arsenal.
Tras el audaz intento de asalto, con armamento militar sólo utilizado en una guerra, dos custodios del camión de caudales de Juncadella resultaron heridos y cuatro delincuentes, entre los que se encuentra un suboficial del Ejército, fueron detenidos.
Los asaltantes, según informó ayer el ministro de seguridad bonaerense, Ramón Oreste Verón, son de la misma organización que el 2 de octubre último intentó robar un camión blindado en la planta de Aguas Argentinas, de Palermo, y mató a un rehén.
Uno de los delincuentes, Víctor Elvio Navarro Sambrano, de 39 años, según dijeron a La Nación fuentes oficiales, fue dejado en libertad en 1992 por los jueces de la Sala I de la Cámara de Apelaciones de San isidro, al declarar nula una condena de primera instancia en un caso donde había sido sentenciado por robo agravado con armas, robo de auto y privación ilegítima de la libertad.
Luego integró la banda de Luis "El Gordo" Valor y participó, según fuentes policiales, en 1994 en el asalto a un camión blindado en la Reja, pero escapó. Fue detenido y en 1998, cuando estaba internado en el Instituto de Traumatología de Haedo, fue rescatado por seis de sus cómplices.
Los otros detenidos son JuanCarlos Ventri, de 50 años; Raúl Alberto Viera, de 26, y el sargento Luis Alejandro Olea, de 32, que se desempeñaba en el Arsenal 601 de Boulogne.
Terror en La Boca
A las 6.30, recién comenzaba a clarear en La Boca, cuando un camión de caudales de Juncadella circulaba por Pedro de Mendoza con 250.000 pesos. Había dejado atrás la terminal de Buquebús y cruzaba la esquina de Gualeguay, casi debajo de la autopista Buenos Aires-La Plata, cuando desde una camioneta Ford F-100 azul y un Ford Escort gris lo atacaron a balazos.
La camioneta tenía instalada en la caja una ametralladora antiaérea calibre 50 BMG, marca Browning, cubierta con una lona y accionada por un delincuente. El arma es capaz de derribar desde un avión hasta un helicóptero y es similar a las usadas en la Guerra de Malvinas.
Desde los autos disparaban con fusiles FAL y una ametralladora MAG calibre 7,62. El chofer del blindado y su acompañante trataron de evitar el robo y dieron marcha atrás. Doblaron por Gualeguay en reversa, chocaron un auto que estaba estacionado, dieron un trompo y quedaron nuevamente de frente.
Así aceleraron y se metieron en la playa de estacionamiento, al aire libre, de unos edificios de monoblocks, situados detrás del hospital Argerich. En su desesperación por huir de los ladrones que seguían disparándoles, chocaron contra un Volkswagen Gol bordó, que estaba en medio de la playa, al que desplazaron tres metros y embistieron a un Peugeot 405, que quedó sobre el césped del jardín interior de los departamentos.
Disparen al blindado
Los delincuentes, tres por cada vehículo, siguieron disparando sobre el blindado, mientras los balazos eran respondidos por los portavalores. Al menos 30 impactos recibió el camión, que tenía perforado el vidrio y la carrocería.
El conductor Marcelo Maradona y el custodio Marcelino Carrizo fueron heridos dentro del blindado por los proyectiles que lo perforaron. El chofer recibió un balazo en el pecho y en un brazo, que tuvo que serle amputado en el Hospital Argerich. El custodio recibió heridas en la cara, supuestamente provocadas por las astillas de los vidrios.
Carrizo trató de salir del vehículo y una vecina vio cómo se deslizaba por la puerta delantera y se tiró cuerpo a tierra sobre el pavimento. "Parecía una película, fue espectacular", dijo la mujer.
Uno de los asaltantes se bajó de uno de los autos y huyó a pie por el jardín arbolado de los monoblocks, pero un hombre de la Prefectura Naval, que custodia Buquebús, lo persiguió y se tirotearon. Un remisero, que dormía en un Volkswagen Polo estacionado en las cercanías, casi muere porque uno de los disparos perforó sus vidrios trasero.
El ladrón fue recogido por sus cómplices en la camioneta, al dar la vuelta a la manzana en Gaboto y Espinoza, cuando decidieron abortar el plan del robo.
El alerta ya estaba dado. La Policía Federal llegó a la zona, al igual que media docena de blindados, que llegaron a ayudar a sus colegas. Pero los ladrones ya habían huido. Un helicóptero sobrevolaba la ciudad para encontrarlos. Supuestamente tomaron la Autopista del Oeste y en 20 minutos estaban en Paso del Rey.
A la altura del puente de la calle Graham Bell, un patrullero de la policía bonaerense les cortó el paso. Los ladrones respondieron con fuego. Los persiguieron por Graham Bell, a lo largo de diez cuadras y doblaron a la derecha en la calle de tierra Martin Luther King. A dos cuadras entraron en una quinta. En verdad, la casa de campo, rodeada de un prolijo césped y protegida por una pared de ladrillo de dos metros de alto, era el aguantadero de la banda. Allí pensaban cambiar de vehículo por alguno de los tres autos que escondían, y hacerse de un fusil pesado que, entre otras armas, guardaban en la pileta vacía.
El patrullero, con sólo cinco policías, se tiroteó con los delincuentes, que, parapetados, respondieron el fuego, pero terminaron rindiéndose, según afirmó Verón, sin poder explicar cómo fue que la banda armada hasta los dientes se rindió ante los cinco efectivos con pistolas.





