García Márquez dice que no fue bien comprendido
Ortografía: el escritor colombiano aclaró que nunca propuso jubilar la ortografía, sino simplificar algunas normas
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BOGOTA, 13 (EFE).- A Gabriel García Márquez le parece "natural" que gramáticos y académicos ataquen su reciente propuesta de "humanizar" la ortografía, pero se queja de que muchos de sus críticos no leyeron su discurso en Zacatecas (México) y contestan a lo que él no ha dicho.
En una entrevista que publica hoy el diario bogotano El Tiempo, el Premio Nobel de Literatura 1982 asegura que "es muy distinto lo que dije que lo que dicen que dije", cuando intervino en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española en México.
Sobre los académicos, lingüistas y gramáticos que le han criticado, acepta que "sería absurdo que los que guardan la virginidad de la lengua estuvieran contra sí mismos".
"Pero la mayoría -agrega- parece haber hablado sin conocer el texto completo de mi discurso, sino sólo fragmentos más o menos desfigurados en despachos de agencias".
No pidió suprimir
El autor de "Cien años de Soledad" niega que haya pedido "suprimir" la gramática y la ortografía: "Dije que la gramática debería simplificarse, y ese verbo, según el Diccionario de la Academia, significa "hacer más sencilla, más fácil o menos complicada una cosa`".
"También dije que humanicemos las leyes de la gramática. Y humanizar, según el mismo diccionario, tiene dos acepciones. La primera, "hacer a alguien o algo humano, familiar o afable`. La segunda, en pronominal, "ablandarse, desenojarse, hacerse benigno`. ¿Dónde está el pecado?", pregunta el escritor.
Tras aceptar que él reprobaría un examen de gramática y que su ortografía se la mejoran los correctores de pruebas de sus libros, García Márquez aclara que no ha propuesto eliminar todas las haches, ni todas las ges o todas las jotas.
"No dije que se elimine la letra hache, sino las haches rupestres. Es decir, las que nos vienen de la edad de piedra. No muchas otras que todavía tienen algún sentido, o alguna función importante, como en la conformación del sonido che", explica Márquez a El Tiempo.
Sobre la "g" y la "j", el novelista anota que sugirió algo más difícil que eliminar una de ellas: "que se firme un tratado de límites entre las dos, para que se sepa dónde va cada una".
Respecto de las letras "b" y "v", García Márquez acepta que "no faltan los cursis de salón, o de radio y televisión", que las pronuncian de forma distinta, pero añade que para la mayoría de los hispanohablantes es "otro de los más grandes tormentos de la escuela". Sin embargo, él no ha propuesto suprimir una de las dos, sino que se busque algún remedio a ese tormento.
En cuanto a los acentos escritos, piensa que su propuesta es "lo más conservador" que ha dicho en su vida, porque sólo pidió aplicarles más uso de razón porque, "como están hoy, con perdón de los señores puristas, no tienen ninguna lógica. Y lo único que se está logrando con estas leyes marciales es que los estudiantes odien el idioma".
Según García Márquez, la raíz de la "falsa polémica" sobre su reciente discurso en Zacatecas es que son "los escritores, y no los gramáticos, quienes tenemos el oficio feliz de enfrentarnos y embarrarnos con el lenguaje todos los días de nuestras vidas".
"Somos los escritores los que sufrimos con sus camisas de fuerza y cinturones de castidad. A veces nos asfixiamos y nos salimos por la tangente con algo que parece arbitrario, o apelamos a la sabiduría callejera", explica el autor de "Noticias de un secuestro".
Además, opina que "el deber de los escritores no es conservar el lenguaje sino abrirle camino en la historia. Los gramáticos revientan de ira con nuestros desatinos, pero los del siglo siguiente los recogen como genialidades de la lengua. De modo que tranquilo todos: no hay pleito. Nos vemos en el tercer milenio".






