
Guillermo Luque tuvo una muy mala semana
Lo complicaron hasta los testigos que propuso su defensa
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Los testimonios oídos durante la última semana del juicio oral en el que se busca resolver el misterioso crimen de María Soledad Morales parecen haber complicado aún más la situación procesal de Guillermo Luque.
No sólo porque, en forma concordante, la mayoría de los testigos sostuvo que el acusado estuvo en Catamarca el fin de semana en que se desató la tragedia, sino porque los pocos que se animaron a dar algo de crédito a su coartada fueron cuestionados y terminaron al borde del procesamiento por falso testimonio.
Así, este franco balance negativo, transcurridas 11 semanas de audiencias, llevó a los abogados del hijo del ex diputado nacional justicialista Angel Luque a dar un golpe de timón a su estrategia de defensa, toda vez que resulta cada día más difícil sostener que el imputado no estuvo en Catamarca cuando María Soledad desapareció, fue asesinada y apareció su cadáver.
Este nuevo rumbo en la partida judicial de los patrocinantes de Guillermo Luque apunta a dos frentes: por un lado, poner freno a los embates del presidente del tribunal, Santiago Olmedo de Arzuaga, contra aquellos testigos que se presentan en favor de su defendido; y por el otro, pasar al fiscal Gustavo Taranto la responsabilidad de demostrar no sólo que Guillermo Luque es culpable, sino también que existen pruebas que sustenten la acusación alternativa, es decir, la violación seguida de muerte agravada por el uso de estupefacientes.
Esta vez, la defensa de Luque planteó la batalla fuera del recinto, ante micrófonos y cámaras de TV.
La debacle
En este punto, y para colocar en contexto este cambio de estrategia, conviene recordar qué ocurrió durante la última semana de juicio, cuyo eje fue establecer si Guillermo Luque estuvo en Catamarca y cuál era su fisonomía en la época del crimen.
La mayoría de los testimonios situaron al imputado en esta ciudad la noche del 7 de septiembre de 1990, cuando la joven asesinada fue vista con vida por última vez.
Así, un vecino de la residencia de los Luque en Puerta de Hierro (Luis Giardullo), un gestor y conspicuo hombre de la noche local (Lorenzo Piazza), y un locuaz ingeniero civil (Juan Salas), dijeron haber visto a un Guillermo Luque con pelo largo, barba raleada de días, camisa floreada y hasta con un aro verde en las horas previas a la desaparición de la joven.
La misma fisonomía habría observado cinco meses antes del crimen Esther Filippín, la médica que socorrió al imputado y a su madre, Edith Pretti, tras el accidente que sufrieron en abril de aquel año.
Estos testimonios resultaron de tal contundencia que los abogados de Guillermo Luque sólo apelaron a estrategias tangenciales para desestimar la precisión de los testigos.
Entonces, Víctor Pinto y José Vega Aciar cuestionaron a Piazza y a Giardullo con el argumento de que ambos tienen problemas visuales.
Asimismo, el único argumento al que apeló Pinto para desacreditar a Salas fue que éste habría defraudado fondos nacionales al cobrar a Vialidad Nacional unos viáticos. Evidentemente, poca cosa. A esto se le suma la agresión que Piazza denunció de parte de los padres del imputado.
Pero, por si esto fuera poco, la ya endeble posición de Luque se agravó cuando aquellos testigos que debían avalar su coartada cometieron flagrantes contradicciones, situación que echó un manto de sospecha, incluso, sobre sus defensores.
Así, Luis Aparicio no se animó a ratificar que Guillermo Luque le convidó fuego el 7 de septiembre de 1990, como había declarado durante la instrucción, y quedó a merced del tribunal que, de oficio, pospuso hasta el final del debate su encausamiento por falso testimonio. Lo mismo ocurrió con Vicente Aragón, el jardinero de los Luque cuyo vacilante e incomprensible relato lo colocó al borde de la prisión.
Y, para colmo de males, otro testigo, Juan Romero, declaró haber escuchado a uno de los entonces defensores de Luque, Alfredo Lomuto, cuando, en tono imperativo, instruía a Ramón Medina y a Manuel Moreno para declarar.
Así, la suma de tamaña cantidad de indicios en contra del principal imputado obligó a sus abogados a optar por nuevos caminos defensistas a fin de devolver, al menos en forma momentánea, la sonrisa en el cada vez más pétreo rostro del joven Luque.
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