
Habría 17 argentinos en la lista
Figurarían en la nómina difundida ayer por la Asociación de Banqueros Suizos
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En la lista de los titulares de cuentas bancarias inactivas que datan de la Segunda Guerra Mundial, publicada ayer en distintos diarios del mundo por la Asociación de Banqueros Suizos (ASB), se encuentran 17 nombres que podrían pertenecer a argentinos o a residentes en nuestro país.
Las personas que figuran con domicilio en la Argentina son: Bünzli, Richard; De Acevedo, María Adelia; Diedrichs, Germán; Havilio, Saúl; Hirsch, Marie; Jenni, Charlotte; Klein, Arthur; Lejneff, Marguerite; Pataky, Gisela; Pujot, Thomas; Ralli Fu, Constantino; Ricca, José; Siahou Barouk, Hrahim; Terc, Izrael; Tschann, Ernst; Venzmer, Federico y Walser-Wald & Cía.
La publicación sin precedente de esta nómina tiene como propósito localizar a los titulares de las cuentas, a sus herederos o a personas que puedan dar datos fiables sobre su paradero, ya que durante la Segunda Guerra Mundial muchos judíos colocaron su dinero en Suiza ante las amenazas del nazismo y después murieron en los campos de concentración alemanes.
Según la ABS, los fondos que no se reclamen se destinarán a fines humanitarios.
El secreto revelado
El estricto secreto de las leyes bancarias suizas no había permitido penetrar en el asunto o dar base a que los herederos de los depositantes pudieran reclamar los bienes de los suyos.
Algunos bancos fueron acusados de convertir los montos inactivos en sus arcas como fondos propios.
La presión internacional persuadió a la banca suiza y la lista que la asociación publicó en 28 países refleja una red mucho más amplia de depositantes que nunca reclamaron sus bienes.
La nómina publicada cuenta con 1872 nombres de los titulares o representantes legales de cuentas no reclamadas desde el 9 de mayo de 1945, y en ella figura un importante número de personas que tenían su residencia fijada en diversos países latinoamericanos.
La ASB valoró en 43,7 millones de dólares el monto total de las cuentas abiertas por ciudadanos extranjeros antes de mayo de 1945 y que no han sido demandadas.
Una vez que los reclamos de los dueños o herederos de las cuentas hayan sido procesados y evaluados por un tribunal de arbitraje internacional independiente, supervisado por un consejo de tres miembros, se calculará el valor actual de los montos. Según la ASB, se espera poder contestar a estos reclamos en el plazo de un año.
Los titulares de las cuentas que aún viven, o sus herederos, pueden acceder a la lista vía Internet, en la dirección: http://www.dormantaccounts.ch., en donde también se encuentran las instrucciones para enviar solicitudes a la empresa internacional contable Ernst& Young, encargada de efectuar las verificaciones del caso.
Las oficinas del Centro Wiesenthal también recibirán los reclamos en el 342-3017 o por correo electrónico: cswlatineinstein.com.ar .
Las demandas se aceptarán hasta el 23 de enero del año próximo y los involucrados deberán enviar copias de la mayor cantidad de documentos e información posible que posean acerca de la relación con el titular de la cuenta, a fin de que el reclamo pueda ser evaluado.
Existen más cuentas
El presidente de la ASB, George Krayer, explicó que existen 1756 cuentas bancarias no reclamadas repartidas en 67 bancos, una parte de las cuales pertenecerían probablemente a víctimas del Holocausto.
Asimismo, se dará a conocer a fines de octubre otra lista con los nombres de los titulares suizos de cuentas no reclamadas y de cientos de extranjeros que aún no han sido identificados. Esta lista incluirá los nombres de ciudadanos suizos que actuaron como testaferros de importantes personas que buscaron mantener sus bienes en secreto.
Una decisión tardía, pero bien recibida
LONDRES (The Times).- Junto con otros importantes diarios del mundo, The Times publicó ayer un aviso publicitario de tres páginas de la Asociación de Banqueros Suizos con la tan esperada lista de cuentas inactivas que datan de la Segunda Guerra Mundial.
La lista, que rompe de manera sin precedente con el secreto bancario suizo, refleja la iniciativa más amplia tomada hasta ahora para rastrear a familiares o sobrevivientes que padecieron el Holocausto, y poner fin a la controversia acerca de las denuncias de complicidad suiza con la Alemania nazi en "sucias" compras de oro.
Mejor tarde que nunca
La decisión ha sido tardía, pero de todas maneras fue recibida con beneplácito.Durante mucho tiempo cundió la sospecha de que los bancos suizos, a sabiendas, guardaron ingentes sumas depositadas por los judíos. A medida que se publicaban cada vez más evidencias de las transacciones bancarias durante la guerra, asomó una imagen más que concluyente acerca de su codicia, su hipocresía y su insensibilidad moral.
La indignación cada vez mayor de las comunidades judías y de los gobiernos aliados generó un amplio espectro de denuncias contra los bancos y los suizos en general. En un primer momento, las reacciones variaron desde una irritación a la defensiva hasta una perpleja incomprensión. Sin embargo, en Berna, se dieron cuenta de que hasta que esas denuncias no fuesen investigadas a fondo y Suiza afrontara los dilemas morales de su historia, el prestigio del país se ensuciaría como el oro adquirido a los nazis.
El gobierno suizo realizó en los últimos 12 meses denodados esfuerzos para limpiar esa suciedad. Ordenó que un grupo de especialistas investigara las transacciones bancarias durante la guerra y aceptó colaborar con las campañas internacionales. Ofreció fondos para ayudar a las víctimas de abusos de los derechos humanos de catástrofes y del Holocausto y el presidente Koller reconoció en un discurso la dudosa estrategia de su país durante la guerra y sus posteriores reacciones nada generosas.
Años de sufrimiento
Pero el problema radicó en los propios bancos. Ahora la acción de las entidades financieras contrasta con la obstrucción y la evasión con que recibieron a los refugiados necesitados que acudieron a los bancos en pos de su dinero después de la guerra. Si los bancos hubiesen buscado seriamente a los propietarios, habrían ahorrado años de sufrimiento.
El peligro para Suiza es que la campaña cobró un impulso que es difícil de revertir. El país es un blanco fácil para aquellos que envidian su riqueza y su organización, y el oro dio a los detractores un reluciente motivo moral que se suma a las críticas respecto de la pulcra indiferencia suiza.
Se creó una pequeña industria dedicada a descalificar a Suiza y esto a su vez provocó una reacción xenofóbica.
La controversia no terminará aquí. Varios grupos dudan ya de la veracidad de las cifras aportadas por los banqueros, y advierten que aún hay mucho más sin contabilizar.
Gran Bretaña no estuvo exenta de este persistente conflicto histórico: existen reclamos fundados de que el gobierno utilizó depósitos en Gran Bretaña, que no fueron reclamados por judíos de los Balcanes, para resarcir a británicos cuyos bienes habían sido confiscados por los comunistas.
Como comprobaron los bancos suizos, la revelación completa de los hechos es la única manera de resolver esas antiguas injusticias.
(Traducción de Luis Hugo Pressenda)



