
Hallan fósiles que explican el origen de los mamíferos
Son de una especie que vivió hace 215 millones de años.
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En las cercanías de Candelaria, una localidad situada a 250 kilómetros al noroeste de Porto Alegre (Brasil), el doctor José Bonaparte, del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, y un grupo de investigadores de la Fundación Zoobotánica de Porto Alegre dieron con un verdadero tesoro de la evolución: los restos de un animal que no es ni reptil ni mamífero, aunque es más parecido a este último.
Se trata del Terioherpetóntido, un pequeño ser de 10 centímetros de longitud que vivió hace 215 millones de años. Los ejemplares recién hallados representan una de las estaciones finales de un largo viaje protagonizado por un grupo de reptiles que, a través del tiempo, se convirtieron en mamíferos. Dicho de otra manera: los fósiles brasileños pertenecen a un grupo que, sin llegar a ser mamíferos, están demasiado alejados de los reptiles para ser considerados como tales.
Cambios especiales
Hace algo más de 280 millones de años, a fines de la era paleozoica, estaba por producirse un acontecimiento tan paulatino como monumental: la aparición de los dinosaurios. Al mismo tiempo, lejos de las grandes carrocerías de los saurios, un grupo de reptiles denominados terápsidos evolucionaba lentamente hasta adquirir características propias de los mamíferos.
Los primeros representantes de aquel grupo, al igual que los reptiles actuales, eran animales de sangre fría. No podían regular la temperatura de sus cuerpos, sino que dependían del ambiente. Pero ya se notaban algunos cambios. Por ejemplo, el desarrollo de mandíbulas más amplias, la diferenciación de los dientes en incisivos, caninos y poscaninos (que luego darían origen a los actuales premolares y molares) y la aparición de un paladar secundario. Todo eso, sumado a importantes modificaciones en el metabolismo, permitió que estos animales, al fin, pudieran regular la temperatura corporal, poniendo fin a su dependencia del sol.
Pero la mayor parte de estos reptiles mutantes no dejó descendencia. Sólo perduraron algunos de los que pertenecían al suborden de los cinodontes, que, alrededor de 210 millones de años atrás, dieron origen a los primeros mamíferos.
Mamíferos por doquier
Los cinodontes no eran un solo tipo de animal, sino que existían varios grupos de ellos. Hasta el momento, los científicos consideraban a los tritilodontes (uno de los grupos de cinodontes más avanzados) como los más vinculados con el surgimiento de los mamíferos. Así lo indicaban las características del cráneo y del esqueleto.
Sin embargo, algo no cerraba. Los tritilodontes eran herbívoros, una particularidad que difícilmente hayan tenido los ancestros directos de mamíferos como el hombre.
"Los fósiles descubiertos en Brasil, en cambio, tenían hábitos insectívoros y reúnen las condiciones necesarias para ser considerados los antecesores directos", subrayó Bonaparte.
Los primeros mamíferos con todas las letras aparecieron en América del Norte, en Europa y en el sur de Africa y de China en plena época de los dinosaurios, a fines del período Triásico tardío. Esto es, unos tres a cinco millones de años después de la época en que vivieron los Terioherpetóntidos hallados en Brasil.
Para Bonaparte, "ese momento, desde el punto de vista cronológico, es muy favorable para entender cómo eran los antecesores inmediatos de los mamíferos. Desde el punto de vista anatómico, estos fósiles indican una cantidad de caracteres de transición muy interesantes entre los cinodontes y los primeros mamíferos".
Pero, ¿cómo se explica la presencia de protomamíferos en Brasil y, más tarde, de mamíferos primitivos en ambos hemisferios, si Sudamérica no figura en la lista de sitios originales para el grupo?
Es fácil. Durante el Triásico existía en el planeta un solo continente, la Pangea. Por allí se habrían desplazado los animales, sin fronteras oceánicas, hasta que la masa continental se partió en dos grandes supercontinentes, Laurasia al Norte y Gondwana al Sur, para finalmente dar forma a los mapas actuales.
Seguramente, las sucesivas excavaciones que se realicen en el futuro en el pequeño yacimiento de Candelaria permitirán conocer aún con más detalle los pormenores de esta notable transición evolutiva.
Es que está en juego nada menos que el árbol genealógico de los mamíferos. Un entramado de miles de especies que, en lo más alto de su copa, hacia el final de los tiempos geológicos, tiene como protagonistas a los seres humanos.
La segunda fue la vencida
El doctor José Bonaparte, uno de los protagonistas del hallazgo de Candelaria, es uno de los paleontólogos argentinos más reconocidos. "Para llevar adelante estos estudios me asocié con los investigadores de la Fundación Zoobotánica de Porto Alegre, dirigidos por el doctor Jorge Ferigolo -contó-. Los trabajos se enmarcan dentro de un emprendimiento entre la citada fundación, denominado Proyecto Pro-Guaíba del Estado de Rio Grande do Sul, y el Consejo Nacional de Pesquisa del Brasil, cuya finalidad es preservar las reservas naturales de la cuenca del río Guaíba".
Las sorpresas para los expedicionarios aparecieron durante el segundo viaje.
"En esa oportunidad tuvimos la suerte de dar con un sitio en el que se hallaron dos fragmentos de cráneos pequeños con dientes -recordó el paleontólogo-. Pese al tamaño reducido del yacimiento, al excavar encontramos una gran cantidad de materiales. Hasta el momento pudimos extraer unos 50 restos de mandíbulas, cráneos y piezas de esqueletos."
De los Terioherpetóntidos aparecieron diversas mandíbulas, dientes y fragmentos craneanos muy pequeños. "Sin embargo, con eso basta para demostrar su importante posición en la historia de los mamíferos", afirmó Bonaparte.
Los diminutos molares de este animal, provistos de cuatro cúspides alineadas, indican a las claras que fueron insectívoros, comparables con algunos verdaderos mamíferos del hemisferio norte que también se alimentaron de insectos.
Durante las excavaciones, los paleontólogos también encontraron restos de otro grupo intermedio entre mamíferos y reptiles: los ictidosaurios, que en algún momento de la evolución se desviaron de la rama ancestral de los mamíferos, pero no dejaron descendencia alguna.
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