Investigación: un laboratorio en pleno bosque, 200 trampas y la pista del caso índice del brote de hantavirus
LA NACION dialogó con Carla Bellomo, bióloga del Laboratorio de Hantavirus del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas del Malbrán, que lidera la pesquisa ambiental en Ushuaia
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USHUAIA (De una enviada especial).- La nueva jornada de pesquisa ambiental para comprobar o descartar la presencia en roedores silvestres del virus que desencadenó el brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius comenzó temprano en esta ciudad. Un equipo del instituto Malbrán, con asistencia de personal de Parques Nacionales y el área de Epidemiología provincial, revisó las trampas para capturar ejemplares en el Parque Nacional Tierra del Fuego, la línea de costa o senderos que permiten adentrarse en áreas de bosques. Hoy, atraparon a los primeros.
“Hasta ahora, no ha habido ningún caso humano reportado de hantavirus que tenga como sitio probable de contagio a Tierra del Fuego y, tampoco, hay ningún estudio sobre roedores que haya complementado el análisis para saber si son portadores de hantavirus los que están específicamente en esta provincia”, aclaró la bióloga que está liderando la búsqueda a propósito del objetivo trazado con el Ministerio de Salud provincial.
En otras provincias patagónicas, como Neuquén o Río Negro, esos estudios existen por los brotes documentados, como el de Epuyén hace ocho años. Se revisará si algo cambió al seguir los pasos de los ornitólogos Leo Schilperoord y Mirjam Huisman por las localidades patagónicas que recorrieron antes de volar a esta ciudad para tomar el crucero.

LA NACION pudo dialogar con Carla Bellomo, investigadora del Laboratorio de Hantavirus del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (INEI) del Malbrán. Fue por unos minutos, justo antes de que partieran las camionetas en las que se desplaza el equipo. “Este trabajo lo hacemos rutinariamente frente a casos en los que cada jurisdicción nos pide intervenir. Actuamos en terreno: buscamos las especies de roedores que sabemos son portadoras del virus o relacionadas, que pueden ser nuevas portadoras”, refirió.
Acá, utilizarán unas 200 trampas en puntos que priorizaron, ya sea porque son posibles lugares donde estuvo la pareja neerlandesa que fue la primera en enfermar en el buque o por la densidad de presencia del ratón colilargo (principal reservorio del virus hanta Andes Sur asociado al brote en altamar). Buscan también ejemplares de las especies olivácea y de pelos largos.
Ante una captura, lo primero que hacen en el lugar es identificar características – como la especie– y trasladar al animal a un laboratorio de campaña que montaron en mejores condiciones de bioseguridad que a la intemperie, para obtener una muestra de sangre y determinar si están o no infectados. Si el resultado es positivo, se toman también muestras de tejidos del animal que se resguardan en frío para su traslado al INEI. Recién ahí se aislará el virus para poder definir a través de su material genético de qué variante se trata. Esa información se compartirá dentro de la investigación en la que participan laboratorios de 20 países, incluida la Argentina.
“Es el trabajo que realizamos con este brote, como con cualquier otro. Este tiene otra magnitud por su alcance internacional, pero el procedimiento es básicamente el mismo”, agregó Bellomo. “Se buscan los sitios probables de infección, donde puede haber existido la transmisión, que no es solamente este [por Ushuaia] y, en cada uno, se realizan las tareas de vigilancia epidemiológica”, continuó.
La transmisión del virus hanta del roedor al ser humano se da por la inhalación de aerosoles con partículas virales que emanan de la orina o las heces de roedores infectados. “Sabemos, porque hay antecedentes y estudios de poblaciones de roedores, independientemente del hantavirus, que determinan la distribución territorial de estas especies de interés. Y sabemos que acá hay, como en toda la cordillera”, explicó la bióloga. Apuntan a definir por laboratorio si también está o no presente el virus.

“Siempre, no solo en este caso, se eligen los sitios más probables de contagio por la información epidemiológica de los casos (dónde estuvieron, cuánto tiempo y en qué momento para saber si coincide con el período de incubación) y se complementa con el conocimiento previo que tenemos sobre qué hábitats suelen habitar estos tipos de roedores porque son silvestres. No están en la ciudad, excepto alguna situación excepcional”, dijo Bellomo.
En este caso, como es una provincia en la que nunca se hizo ese análisis, el equipo sumó otros lugares “muy probables”, más allá de que los hayan recorrido o no los ornitólogos Schilperoord-Huisman a partir de los que se traza la cadena de transmisión que se investiga. “Todos esos sitios se tienen que relevar”, sumó.
Ese plan incluyó los alrededores del predio de relleno sanitario a unos 7 kilómetros del centro donde había trascendido que la pareja neerlandesa había ido a avistar aves. Bellomo, luego de haber observado ese sitio, coincidió con investigadores locales. “Los lugares como los basurales tienen roedores, pero no de la especie que tiene hantavirus Andes”, sostuvo. Lo que esperan capturar ahí son, en cambio, ratas o ratones domésticos, como se encontraría en la cuidad.
Trabajo internacional
Los datos que obtengan los sumarán al trabajo internacional que se está haciendo a partir de estudios de laboratorio de los pasajeros y la tripulación que enfermó, los contactos bajo investigación y la información del recorrido que siguió la pareja neerlandesa que está aportando la familia. En la Argentina, este trabajo en terreno se circunscribe a esta ciudad, por el momento, debido a que en provincias como Neuquén o Río Negro, donde está presente el virus hanta Andes Sur y el ratón colilargo, ya está documentado lo uno y lo otro. También lo está que los viajeros neerlandeses estuvieron en Neuquén y, desde ahí, cruzaron a Chile y viajaron hacia Mendoza, según pudo reconstruir LA NACION.
“Más allá de la información que se tenga, fragmentada o no, ya que no se suele poder reconstruir la historia completa (son 45 días que tienen que revisar hacia atrás familiares), nuestro trabajo es de vigilancia epidemiológica. Detectamos lugares donde puede haber sido el sitio probable de contagio y en todos vamos a trabajar. Hay lugares donde ya lo tenemos hecho y contamos con mucha información sobre la presencia de roedores”, ahondó Bellomo.
Con su equipo están desandando con la investigación el itinerario que pudieron tener los Schilperoord-Huisman y, en las provincias donde ya cuentan con información, relevarán si esos datos de la población de roedores y el virus se mantienen.

“Eso se hace de rutina en los lugares endémicos de la Argentina. Y toda la zona cordillerana de la Patagonia lo es para la variante Andes Sur, desde Neuquén y, por el momento, hasta Chubut. Hubo un solo caso detectado en Santa Cruz hace muchos años, pero no más. Entonces, hay lugares que ya tenemos relevados y no se necesitará una nueva intervención. Donde sea necesaria, como en este caso, se hará. No hay un solo sitio probable porque ya se sabe que hubo muchos posibles de exposición. En los que pudo haber contagio y no tengamos información, vamos a trabajar”, anticipó la bióloga del INEI.
La “identidad” del virus aislado en los casos que enfermaron en este brote en el MV Hondius está completa. “Andes Sur está solamente en la Patagonia. Por eso nos focalizamos donde sabemos que está”, finalizó.
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