
"La escuela no es una institución de castigo"
Marino: la legisladora (PJ) impulsó quitar las amonestaciones y ahora quiere alumnos en los consejos de convivencia.
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Cuando era concejala, en 1997, Juliana Marino (PJ) bregó por eliminar las amonestaciones de la escuela media de la Capital. De la Rúa vetó esa norma, pero el Concejo Deliberante insistió y esa eliminación quedó firme.
Hoy Marino es legisladora de la ciudad y vuelve sobre un tema que entonces promovió: formar en los colegios consejos de convivencia con alumnos, directivos, docentes y padres, para reglamentar la disciplina y sancionar las transgresiones.
El proyecto es criticado por la enseñanza privada, que cuestiona "la imposición de un régimen único y obligatorio".
La Nación mantuvo un largo diálogo con la legisladora porteña en su despacho, adornado con fotos de Eva Perón y de su nieta, de apenas tres meses.
-En este momento, ¿en las escuelas sobra autoridad o falta?
-No tengo un panorama total. Creo que a veces hay una autoridad vacía de contenido, ni siquiera autoritarismo; apegada a la jerarquía, pero no avalada por la autoridad verdadera. Es decir, la que se impone por su propio peso, la del adulto que tiene una orientación ética, solidez de conocimientos, aptitud pedagógica y amor para transmitirlos, paciencia para enseñar.
-¿Se dan las condiciones?
-Los colegios son hoy una caja de resonancia de la crisis social y cultural, de la crisis de valores.
-¿Cómo afecta a los chicos?
-Yo digo que cuando están mucho tiempo solos en la calle es porque no los escuchamos ni en las casas ni en los colegios. Hemos abandonado a nuestros jóvenes.
-¿Dónde se da el problema?
-En los barrios más humildes hay desocupación, crisis de roles familiares, falta de hábitat... Un chico que vive en una villa no sólo no tiene cuarto propio: para en otro lado. Tenemos que hacer escuelas de todo el día para esos adolescentes. Pero la indisciplina se da también en las clases media y alta, en chicos con uniformes de colegios privados. Hemos cortado muchas veces el diálogo con los jóvenes. Hay que incluir a los padres.
-Si los padres trabajan, ¿podrán participar en el consejo de convivencia en la escuela?
-La verdad es que los padres participamos poco. Pero es necesario que la escuela los convoque. No puedo creer que en un colegio de 1000 alumnos no haya 20 padres para el consejo de convivencia. Que después de elaborar el reglamento se reunirá un par de veces al año, si es necesario.
- ¿Tan poco?
-Si es útil, se lo puede convocar todo el tiempo. Pero no es necesario poner a funcionar el mecanismo para que un profesor reprenda a un alumno.
-¿Qué papel tiene el director?
-El que aplica lo que se decida en el consejo es él.Yo propuse un par de cambios, porque la redacción era muy poco clara en asegurar la autoridad del director. Había palabras confusas, pero no hay nada cerrado.
-¿Los alumnos acatan más las normas si ellos las formulan? ¿Sancionan a sus pares?
-A este proyecto se oponen sectores ideológicos. Algunos se oponen porque dicen que los alumnos son muy duros, nada condescendientes. Y otros dicen que será un viva la pepa.
-¿Juzgarán a los docentes?
-Podrán evaluar comportamientos de los profesores, pero no sumariar ni mucho menos.
-¿No se prevé la suspensión?
-La descartamos, porque no podemos negar el derecho constitucional a la educación. Y si se le suma la falta, funcionaría como la amonestación, porque dejaría libre al alumno.
-¿Ustedes no quieren hablar de expulsión, no?
-La ley federal nos desafía a evitar la deserción, porque la gente dentro de las instituciones es mejor que afuera. Tiene que haber premios y castigos, pero como mecanismos de incentivo. La escuela no es una institución de castigo; no es ni una cárcel ni un reformatorio. Es una institución donde uno transmite conocimientos y forma personas.





