La estrategia de demoler para ganar
Productos que cuadruplican la inversión; mayor recaudación
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Los terrenos aptos para la edificación de una torre son muy buscados por las constructoras. Según estimaciones de inmobiliarias porteñas, el precio que se paga por una propiedad que luego será derrumbada para construir allí un edificio nunca supera el 25 por ciento del valor en el que se venderá el total de las unidades de un edificio. En Belgrano, por ejemplo, se compran terrenos con casas a un costo aproximado de 300 a 350 dólares el metro cuadrado, y las unidades de los edificios se venderán luego a 1500 dólares el metro cuadrado, como piso.
Esa cifra sufrirá modificaciones según la ubicación y la calidad de la construcción. Jorge D´Odorico, director de D´Odorico Propiedades, aseguró a LA NACION que quienes tienen dinero para invertir todavía prefieren hacerlo en propiedades. "Hay un flujo interesante de dinero que se volcó hacia la inversión en ladrillos, que es lo más seguro. La gente les escapa a los bancos, y por eso hay tanta demanda habitacional. Notamos que donde mayor flujo hay es en unidades chicas de dos y tres ambientes". Para D´Odorico, además, en algunos barrios las casas corren peligro de extinción. "Según nuestra experiencia, en Caballito, Belgrano y Palermo son muchas las casas con potencialidad de venta para construcción, y que están en vías de extinción."
Para Maximiliano Boccacci, gerente de la inmobiliaria Tizado, de Belgrano, esta tendencia tiene sus explicaciones. "Los constructores compran casas donde se puedan edificar propiedades en altura, de 10 pisos para arriba. Ahora, los inversores también compran edificios de tres pisos, con cada propietario por separado, y luego lo demuelen. Esto es porque hay cada vez menos tierras en zonas consolidadas y ahora van por las casas. Esto pasa mucho en Belgrano y Caballito", explicó Boccacci.
Más impuestos
Los nuevos edificios -que como mínimo cuentan con 10 o 12 pisos- implican mayores impuestos para la ciudad, pues en el terreno donde antes había una casa se concreta una división de la propiedad horizontal y cada departamento pagará alumbrado, barrido y limpieza (ABL) según los metros cuadrados con los que cuente.
"En la ciudad, desde el punto de vista fiscal, la tierra no tiene un valor relevante; todo depende de la construcción. Si donde había una casa ahora hay un edificio, allí aumentará la facturación de impuesto. Y si la gente paga como debe, aumentará la recaudación. Pero la presión fiscal es la misma", dijo a LA NACION Alejandro Otero, director general de Rentas de la ciudad.
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