
La mafia rusa, una organización caótica
La carta de presentación es el fraude
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Pasaron cuatro meses desde el asesinato del ciudadano ruso Serguei Krivocheine, de 37 años, en la ciudad de Bernal, y todavía nadie reclamó el cadáver.
Vivía y trabajaba de cuidador en el Club Social, Cultural y Deportivo de las Colectividades Ucrania, Bielorrusa y Rusa Vladimiro Maiakovski, de Quilmes Oeste. Allí lo encontraron el 13 de mayo a las cuatro de la tarde los dos hombres que lo habían ido a buscar por un supuesto ajuste de cuentas. Le dispararon delante de testigos. Una bala le entró por el brazo y le perforó los pulmones y el corazón.
El asesino no cayó. Krivocheine fue enterrado en el cementerio de Ezpeleta sin la presencia de ningún familiar o amigo, dijo Marcela Visio, fiscal adjunta de Quilmes, encargada de la investigación.
¿Las mafias rusas ya operan en la Argentina? La pregunta no es fácil de responder. Mas allá de las conocidas dificultades presupuestarias y operativas de las fuerzas de seguridad argentinas, el problema radica en que las mafias rusas no están organizadas jerárquicamente, lo cual hace mucho más difícil su detección.
"Tienen una organización caótica. No lograron generar ni una metodología ni una estructura verticalista, del tipo de la yakuza japonesa o la mafia siciliana. Operaron como una multiplicidad de pequeñas organizaciones que van desde quince miembros hasta cuatro mil. No todas son rusas, pero tienen en común haber pertenecido a la Unión Soviética. Se agrupan en doce o quince organizaciones mayores, conocidas como networks , una especie de cadena de solidaridad criminal que combina actividades lícitas e ilícitas", señala un informe que preparó un organismo de inteligencia argentino hace pocos días.
Que no tengan una estructura verticalista no las hace menos temibles. En 1996 hubo en Rusia 580 asesinatos por encargo, de los cuales se esclarecieron solamente 70. Ese mismo año se confiscaron 3900 armas de fuego, 91 lanzagranadas y 1500 granadas, según datos del Ministerio de Seguridad de ese país. En los Estados Unidos, la presencia activa de la mafia rusa en 30 de sus 50 Estados motivó un artículo en la edición de mayo de la revista del FBI en el que se describen los vínculos entre la mafia rusa, la mafia ítalo-norteamericana y los carteles de droga sudamericanos.
Empiezan con el fraude
Según el artículo, los primeros mafiosos rusos llegaron a los Estados Unidos a fines de la década del 70, y eran especialistas en fraude -igual que el ruso y el ucranio que Interpol detuvo en Buenos Aires en agosto último y de lo que se informó ayer-.
A medida que las mafias rusas fueron creciendo en los Estados Unidos, se dedicaron a la prostitución, el juego ilegal, el crédito extorsivo y, eventualmente, el lavado de dinero.
"Las mafias rusas más sofisticadas se dedican al fraude con combustibles, fraude al sistema de salud, fraude bancario y manipulación de la Bolsa de Comercio. Demostraron una gran habilidad para explotar la burocracia, las reglas y los procedimientos de agencias del gobierno, instituciones financieras, compañías de seguros y otros negocios", escribió el articulista de FBI News, Scott O´Neill.
En México, la mafia rusa fue vinculada con una importante red de robo de automotores, según reveló el jefe de Interpol en México, Juan Miguel Ponce Edmonson. Según el diario El Universal, en México, entre 1997 y 1998, se robaron 350.000 vehículos.
"Presentan documentos falsos, autotitulándose propietarios y se los llevan a distintos puertos mexicanos para mandarlos a Rusia y a otros países de Europa oriental a través de contenedores", dijo Ponce Edmonson.
Hasta hace un mes, el director del registro era el ex militar argentino Ricardo Cavallo, cuya empresa, Talsud, se presentó a una licitación del registro de armas en El Salvador y otra de identificación personal y patentes en Bolivia. Cavallo formó parte de una dictadura que tuvo como principal socio comercial a la URSS.
En España, destino de los cargamentos de droga de la Argentina, el 7 de julio del año último, el juez Baltasar Garzón decomisó más de 10 toneladas de cocaína y 200 kilos de heroína del buque Tammare, de bandera de San Vicente y Grenadina. El abordaje se produjo en aguas internacionales al sur de las islas Canarias. La tripulación del Tammare, vinculada con una red colombiana en España, era íntegramente rusa y ucrania.
Contacto en España
De acuerdo con una variedad de informes, España es el punto de ingreso de la mafia rusa en los mercados europeos. Basta recordar la Operación Cobalto, de 1988, en la que fueron arrestados 11 rusos en Marbella, acusados de formar una organización dedicada a la extorsión y al blanqueo de capitales, y presuntamente vinculada con la venta de armas a Libia y a Perú, el comercio de diamantes y la compraventa de combustibles.
Israel fue el puerto de salida de miles de inmigrantes de la mafia rusa que llegaron allí con papeles adulterados a mediados de la década pasada, entre ellos Gregory Lerner, detenido en Jerusalén en 1997, considerado el jefe de la mafia rusa allí.
En 1995 se produjo una ola migratoria desde Ucrania: ese año llegaron 4121 inmigrantes de ese país, expulsados por la crisis económica y las secuelas de Chernobyl. En Buenos Aires, la comunidad ucrania hoy supera holgadamente los 10.000 ciudadanos. Según Peter Titov, agregado de prensa de la embajada rusa, en los últimos 10 años cerca de 5000 rusos se radicaron en la Argentina. "No tenemos ningún dato de mafia rusa en este país. Habría que consultar a las autoridades argentinas", dijo Titov. Todas las fuentes consultadas descuentan que, en su inmensa mayoría los inmigrantes y las empresas de origen ruso que operan en la Argentina son honestos y respetuosos de las leyes. Pero la experiencia en los Estados Unidos y en otros países abiertos a la inmigración indica que las comunidades étnicas, al echar raíces en un nuevo país, proveen, involuntariamente, la cobertura ideal para el desembarco de las mafias.
Vulnerables
"Si yo fuera un mafioso ruso, vendría a la Argentina," dijo Stephen Walker, experto formado en el FBI, en una entrevista con La Nación .
"Yo querría vivir en Buenos Aires, un lugar con todas las comodidades de las mejores ciudades del mundo. Un lugar de fronteras abiertas, con un gobierno democrático. Los sistemas abiertos siempre son los más vulnerables. Por eso la mafia rusa se hizo fuerte en los Estados Unidos."
Según el especialista norteamericano, la Argentina debe prestarle mucha atención a la Aduana, por el contrabando de drogas, y a la Bolsa de Comercio, por el lavado de dinero.
"Creo que los policías argentinos trabajan muy bien, pero no tienen, en estos momentos, los recursos necesarios para desarrollar redes de inteligencia que les permitan sentirse cómodos con la idea de que no existe un problema con la mafia rusa", dijo.
"En los Estados Unidos -advirtió- recién le dimos importancia al tema cuando empezamos a descubrir delitos muy graves, y entonces ya era tarde: las mafias rusas llevaban varios años operando y estaban establecidas."
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