
La Munich, una imagen inconfundible
La cervecería abrió en 1927 y tuvo su apogeo en la década del 30, donde se reunía una selecta clientela
1 minuto de lectura'
No siempre se le dio la espalda al río. Con la inauguración del Balneario Municipal, en 1918, la Costanera Sur fue el máximo atractivo. Sobre todo en verano, se daban cita allí bañistas y paseantes en número tal que hacían de aquello de "no cabe un alfiler" algo más que un latiguillo. Ningún otro lugar de esparcimiento alcanzaría igual poder de convocatoria.
Semejante concurrencia estimuló la instalación de restaurantes de horario muy extendido. Los frecuentadores diurnos eran reemplazados por visitantes de otro nivel, arribados en lustrosos Ford A y T, que se estacionaban en tres filas frente a las confiterías La Rambla, Brisas del Plata, Juan de Garay y La Perla, y la cervecería Munich, todas construidas por el arquitecto húngaro Andrés Kálnay,
La declinación comenzó en la década del 40 impulsada, entre otros motivos, por la creciente contaminación del río. En lenta agonía, desapareció todo, o casi. Si uno se dirige ahora hacia el Sur por la Avenida de los Italianos, se topará con un palacete art déco en el que funcionó la Munich, como se llamaba a la más famosa cervecería que tuvo la ciudad.
Al acceder al salón principal, la imaginación entrega un escenario que colman habitués muy engalanados, bullicio, risas, la música de un piano, el ir y venir de mozos de moño y largo delantal blanco, la luz de las arañas restallando en la espuma del chopp.
A instancias de un pedido hecho en 1924 -hace 80 años- por inmigrantes alemanes ante el entonces intendente Carlos Noel para poder contar con una buena "tienda de cerveza", de las que eran características en su tierra, se llamó a licitación, que ganó Kálany, para iniciar la construcción de la Munich a mediados de 1927 y entregándola para su inauguración en tiempo récord, el 21 de diciembre de ese año. El primer dueño fue el catalán Ricardo Banús.
Entre sus detalles técnicos, cabe mencionar su losa de hormigón armado de un metro de espesor y la aislación térmica del sótano, donde funcionaron las instalaciones frigoríficas más grandes del país. En ellas podían mantenerse en frío hasta 50.000 litros, que distribuía a los distintos ambientes una red de cañerías por la cual podían circular hasta 1500 litros.
En ambas paredes laterales (ya que es un edificio simétrico) se observan seis figuras humanas de ambos laterales, de casi un metro, con cada letra de la palabra "Munich".
En sus terrazas todavía se yerguen unos curiosos postes que rematan en farolas y que tienen adosados dos pares de ganchos, donde los caballeros colgaban sus "ranchos".
María Josefina Salazar es hija de Juan José Salazar, que fue el chef de la Munich durante 30 años y murió en 1995. Cuenta que su padre reemplazó al primer cocinero, un húngaro que había servido en la corte de Francisco José. Ganaba el tercer sueldo en su especialidad, después de sus similares del Hotel Plaza y el cabaret Tabarís. "Cobraba $ 450 por mes y 3000 de bonificación por año. Era mucha plata para la época", dice .
El cierre de la cervecería ocurrió a principios de 1970, pero ya dos décadas antes su clientela se había tornado muy diferente de la de los años 20, y sus shows eran unos "colmaos" de dudoso origen y denominación a tono, como "Betty, la cantaora del Sur". En los 90, el edificio albergó al Museo de Telecomunicaciones y actualmente es la Dirección General de Museos, donde hasta el 8 de agosto próximo se exhibe una estupenda colección de postales cartas: imágenes y textos que traen a la memoria tiempos que ya no volverán.
1
2Ciudadanía italiana: Hito Mundial, el Estudio De.Martin & Asociados gana el primer juicio luego de la entrada en vigor de la Ley 74/2025 y rescata a millones de descendientes a nivel global
3Inicio de clases: el cambio clave en el rol de los docentes y por qué los enfrenta a un delicado desafío
- 4
¿Hay paro en el aeropuerto de Ezeiza este jueves 26 de febrero?



