
La Navidad de los que están solos
Soledad: hay muchas personas en la ciudad de Buenos Aires que no cuentan con ningún familiar con quién pasar las fiestas; grupos solidarios o personas abiertas a sus necesidades se ocupan esta noche de mejorarles el ánimo. Algunos invitan a su casa a quienes sufren la soledad; otros visitan enfermos.
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Aunque la Navidad es una fiesta muchos la viven con tristeza.
Fin de año es un momento de balances replanteos donde generalmente se agudiza la conciencia de la pérdida de seres queridos.
Tal como informó La Nacion en su último suplemento de Salud en diciembre aumentan las consultas por depresión hasta un 30%. Pero no pocos son conscientes de esta situación y hacen algo por mejorar el ánimo de otros.
Graciela Besteiro desde que se casó hace 25 años recibe en Nochebuena a algunas personas mayores que están solas. Se ocupan también de que quienes comparten la Navidad con ellos tengan un regalo junto al árbol. "Me enseñaron a hacerlo desde chica" recuerda Graciela que además con su marido y dos hijas todos los 24 de diciembre por la noche van al hospital Argerich a visitar enfermos.
Hoy los Besteiro estarán en Mar del Tuyú y repetirán la experiencia.
Mamá Irene
También Irene Freyre fuerte y optimista desde su hogar Filii Dei en Retiro es un ejemplo de apertura al prójimo. Su casa que nació en 1968 agrupa a chicos abandonados o cuyos padres trabajan todo la jornada y no pueden ocuparse de ellos.
Muchos pequeños viven en el hogar y otros vienen de barrios aledaños pero todos reciben educación en la escuela que ella misma fundó junto con el padre José.
Para la Navidad "mamá Irene" como se la conoce en el barrio prepara una cena y más de 40 menores -algunos acompañados por sus padres- comparten el festejo.
La soledad o la tristeza en la fiesta se notan también en hospitales geriátricos y cárceles pero no es exclusiva de estos lugares. Como recordó el párroco de la iglesia del Socorro de Retiro Oscar Ojea "son tantos los que están solos en esta ciudad". Y no se refería precisamente a los enfermos.
Ojea nota año a año mayor cantidad de familias rotas jóvenes que viven solos y gente del interior que sufre también este problema.
Por eso su parroquia organiza hoy una cena para quienes no tienen adónde ir. "Se acercan ancianos muchos extranjeros y señoras que viven solas" explica el padre Ojea.
En hospitales
Quienes no tienen temor de admitir su soledad son algunos enfermos del hospital Bernardino Rivadavia de esta capital. "Recién el domingo voy a poder ver a mi familia. No pueden buscarme antes porque trabajan" comenta desde su cama Oscar Garay para quien las fiestas son tristes porque recuerda a su padre "que murió hace tiempo".
En cambio su vecino de cuarto Marco un polaco que emigró durante la Segunda Guerra Mundial con una pícara sonrisa confiesa: "A mí las fiestas ni me van ni me vienen".
Pero no todos dijeron lo mismo. Lo más duro para los enfermos consultados es no poder juntarse con sus familiares a fin de año.
Mercedes Caride voluntaria desde hace 17 años en el hospital de Oncología explica que por lo menos el 20% de los internados no es visitado por nadie en Navidad. Por eso el grupo de voluntarias pasará mañana cama por cama con un regalo para cada enfermo y con un niño Jesús que podrán besar quienes lo deseen.
"Es una experiencia demasiado fuerte para mí ir a visitar los enfermos del Muñiz en Navidad" se lamenta Araceli Gonda voluntaria de la Fundación Ayuda al Inmunodeficiente (Fundai) que funciona en el mismo hospital.
Lo cierto es que quienes se quedan internados en Nochebuena son los que están más graves o lejos de sus familiares. "En el hospital Garrahan sólo el 10% de los 560 internados puede salir para las fiestas" explica Juan José Pastore secretario del Consejo de Administración.
Distinto en el geriátrico
En el hogar San Vicente de Paul un geriátrico que funciona desde 1866 en Paraguay y Libertad se vive un clima distinto. Las ancianas confiesan pasar las fiestas con alegría. "Me siento en mi casa" confesó Neka. "Estamos muy acompañadas" agregó Margarita que hace 3 años vive allí. Sólo una Marita confesó que las fiestas la ponen triste porque recuerda a sus familiares muertos. Cada Navidad sale al balcón y fija su mirada en la casa de la esquina donde vivió por años.
De la recorrida efectuada por La Nacion queda la sensación de que no son específicamente los internados en los hospitales ni quienes están en los geriátricos los que sufren en Nochebuena sino todos aquellos que no tienen con quién compartir esta fiesta. Por suerte estamos a tiempo de darles una mano.
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