
La ruta del oro y un caso cada vez más misterioso
Costaría US$ 3.000.000 el rescate de la valiosa carga del barco hundido
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La riqueza del Mar Argentino acaba de sumar unos 22 millones de dólares de oro y plata en controvertidos lingotes.
El curioso hundimiento del buque Polar Mist el 16 de enero pasado en las puertas del Estrecho de Magallanes abre cada vez más interrogantes. Y no es para menos. El naufragio de un barco cargado con oro y plata en pleno siglo XXI llama la atención y remite a antiguas historias de galeones, piratas y tesoros escondidos.
La carga compuesta por 9506 kilos en lingotes de "metal dorado" fue a parar, supuestamente, a 75 m de profundidad luego de que la tripulación chilena pidió la evacuación del buque en medio de una tormenta. "Solamente puede pasar en la Argentina", dijo a LA NACION esta semana una alta fuente del sector minero en cuanto al extraño acontecimiento.
En la causa que investiga el juez federal de Río Gallegos, Gerardo Caamaño, rige el secreto de sumario y el misterio crece. Las empresas Cerro Vanguardia y Minera Tritón Argentina, dueñas del oro, negocian con uñas y dientes un resarcimiento de la compañía Lloyds, aseguradora de la carga. El oro, dicen en las firmas mineras, estaría en un lugar determinado y sólo habría que ir a buscarlo.
"Todo hace suponer que el oro está ahí. Así que ellos -por la empresa aseguradora- tienen que ir a buscarlo y van a intentar el rescate", dijo a LA NACION Miguel Angel Ferro, presidente de Fomicruz, el organismo provincial socio en las explotaciones mineras y, a la vez, vicepresidente de Cerro Vanguardia.
"Para eso tienen que conseguir la autorización del juzgado y que la Prefectura les permita ir con todo el equipamiento, porque la zona es complicada", agregó Ferro. Según estimaciones la operación de rescate costaría unos tres millones de dólares.
"Hasta ahora no hemos determinado ninguna anormalidad. Hasta ahora. Fue un hecho fortuito y, si hubiera alguna cuestión extraña, podemos ir legalmente contra la empresa transportadora. Si aparece el oro, fenómeno, y si no cobramos igual", aseguró el funcionario y empresario santacruceño.
De la ruta del oro en la Argentina se conoce poco. Menos aún que el oro, por ejemplo, salía de Santa Cruz para refinarse en Suiza en barcos pesqueros de escasas dimensiones.
Hay siete yacimientos de oro en el país. La mayoría en Santa Cruz, donde están el 42% de las perforaciones. El Estado provincial, a diferencia de otras regiones, es socio en la mayoría de los emprendimientos a través de Fomicruz.
Santa Cruz cobra unos 18 millones de dólares anuales entre regalías (6,6% del mineral refinado) y beneficios por el capital accionario (7,5% de Cerro Vanguardia). A la vez, las empresas cobran reintegros por exportar a través de los puertos patagónicos, el 1% del valor de la carga. Esa medida de incentivo termina este año. "El Estado nacional va a tener que hacer algo", reclamó curiosamente el funcionario kirchnerista santacruceño. El Estado nacional obtiene también un canon del 3% y las empresas ostentan un régimen tributario sin modificaciones por 30 años. Las exportaciones mineras totales argentinas ascienden a 3700 millones de dólares anuales.
Un laberinto
El camino de las cargas de oro desde el Sur resulta intrincado. Hasta hace seis años los buques eran cargados en Puerto Deseado, viajaban a Montevideo, después a Santiago de Chile, pasaban por Sudáfrica y terminaban en Suecia, donde el oro era refinado y cobraba el valor real de mercado.
Eso cambió, según comentó Ferro. Ahora, los barcos salen de Punta Quilla, viajan a Punta Arenas, luego el oro sube hasta Santiago de Chile y, finalmente, a Suiza. La onza de oro, unos 32 gramos, fluctúa en el mercado de Londres entre los 900 y los 1000 dólares. "En Puerto Quilla teníamos un punto más de reintegros a la exportación y era un lugar más tranqui [sic]; nunca nos había pasado algo así", dijo el presidente de Fomicruz.
La imagen de un túnel o galería en la montaña donde ingresan carritos para sacar el oro no existe en la Argentina. El metal precioso en nuestro país aparece diseminado. No hay vetas. Las empresas dinamitan parte del terreno para formar una especie de anfiteatro gigante. La piedra que se extrae termina convirtiéndose en prácticamente arena y, mediante una solución de cianuro y agua, se separan el oro y la plata. Parece sencillo, pero no lo es.
Controles
"Me gustaría saber quién hizo los controles de la carga en cuanto al peso y cuántos lingotes había... por ahí no despacharon nada y eso ya pasó. Además, ellos envían con el oro y la plata tierras raras, que son muy valiosas y por las cuales no pagan nada. Es contrabando", expresó a LA NACION Javier Rodríguez Pardo, experto en el tema minero y activista ambiental que lucha contra las empresas que realizan las explotaciones a cielo abierto.
En la Prefectura Naval el caso también provocó curiosidad. Si bien admitieron que la tormenta ese día era muy fuerte en la zona, señalaron que nunca había ocurrido que una tripulación de siete hombres y un pasajero pidiera ser evacuada sin que hubiera una avería en el buque o alguien herido. "El capitán pide el abandono del barco y así se hizo; lo otro entra en el terreno de las suposiciones. En la zona no había otros barcos", dijo a LA NACION el jefe de la Prefectura de Río Gallegos, Roque Mandado.
Según los informes, después de que la tripulación fue rescatada, el Polar Mist estuvo a la deriva con los motores encendidos por unas 24 horas. Luego apareció en el lugar un buque chileno, de nombre Beagle, que empezó a remolcar el barco hacia aguas chilenas. Por una orden de la Prefectura, el Beagle tuvo que virar hacia la costa argentina, pero en el camino, según la tripulación, el Polar Mist comenzó a escorarse y debieron abandonarlo. El agua se metió por las escotillas que estaban abiertas y el mar terminó tragándolo.



