La tía de Sheila quedó libre, denunció amenazas y pidió custodia

Leonela Ayala dejó la alcaidía durante la madrugada y está en la casa de familiares porque la suya fue demolida; su entorno dice que sufre una crisis nerviosa
Leonardo Scannone
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20 de noviembre de 2018  

Tras haber sido liberada por falta de mérito, Leonela Abigail Ayala, la tía de Sheila , la chica de 10 años asesinada el 14 de octubre en el barrio Trujui, de San Miguel , denunció que recibió amenazas y pidió custodia. Desde su entorno informaron, además, que señalada por un crimen del que se considera inocente, sin casa -la que ocupó hasta su detención, el 18 de octubre pasado, fue demolida- y lejos de sus hijos (la separaron de los cuatro, el último, nacido con ella ya presa) sufre una crisis de nervios "por todo lo que tuvo que atravesar".

Ayala salió en libertad ayer por la madrugada, favorecida por el pedido del fiscal de San Martín Gustavo Carracedo, que ponderó las pruebas de la defensa y comprobó que la mujer no estuvo en la escena del crimen cuando se cometió el asesinato. No obstante, según informaron fuentes judiciales, seguirá ligada a la investigación.

"Al salir de prisión entró en un shock nervioso luego de recibir amenazas. Ahora está con familiares que le están dando contención. También la vio una psiquiatra", dijo a la nacion el abogado de Leonela, Hugo Icazati.

Ayala, de 25 años, estaba detenida en la alcaidía de Melchor Romero, La Plata , desde el día del hallazgo del cadáver de Sheila, hace más de un mes. Fuentes judiciales afirmaron que el juez de Garantías N° 3 de San Martín, Mariano Grammatico Mazzari, coincidió con los argumentos del fiscal y ordenó la "inmediata liberación".

Carracedo, en cambio, consideró necesario mantener en prisión preventiva al marido de Ayala, Fabián Ezequiel González Rojas, de 24 años, a quien considera el autor del "homicidio agravado por alevosía y femicidio" de Sheila.

El jueves pasado Leonela Ayala declaró por segunda vez y complicó la situación de su pareja: dijo que "le tenía miedo" y que lo creía "capaz de haber matado" a su sobrina. También sostuvo que cuando se produjo el crimen ella no estaba en la casa: había ido a visitar a uno de sus hermanos, con quien almorzó, y regresó a su casa pasadas las 18.

"No sabía nada de esto, yo también sufrí violencia de chiquita, a mí me violaron. Me da bronca lo que está pasando porque por culpa de él me sacaron a mis hijos. Si fue él se tiene que hacer cargo", dijo Ayala ante el fiscal.

Luego, agregó que "sería incapaz de hacerle daño" a Sheila y que ella la quería "como a una hija".

"Tampoco voy a encubrir una cosa así, eso no se encubre. Estoy pagando por algo que no hice, tendría que estar con mis hijos en mi casa. Lo juro por mis hijos, yo la busqué toda la semana, no puedo creer lo que pasó", afirmó en su última indagatoria.

Enterada de la última resolución judicial, la madre de Sheila, Yanina, reaccionó con indignación: consideró que su excuñada "no puede quedar libre porque es "cómplice" del crimen de su hija.

"Mi abogado está haciendo lo posible para que pueda quedar detenida, porque ella es cómplice. Estoy sufriendo, es un dolor más", afirmó Yanina, quien añadió: "Quiero que se haga justicia por Sheila y quiero que aparezca el padre. Él tiene culpa, toda la familia por parte del padre es culpable".

Sheila desapareció el 14 de octubre pasado al mediodía, cuando fue vista por última vez jugando con amigos en el predio usurpado Campo Tupasy, donde vivía desde hacía cuatro días con su padre.

Al cabo de cuatro días de búsqueda y acusaciones cruzadas entre los padres, la policía bonaerense halló el cadáver de la menor dentro de una bolsa, en un sector donde los vecinos arrojaban basura, entre dos paredones, junto a la casa de Leonela y su pareja.

La autopsia confirmó que Sheila había muerto estrangulada con una sábana infantil que fue hallada en la bolsa con el cadáver. Si bien no se detectaron lesiones típicas de un abuso, la niña estaba desnuda y el principal acusado tenía en un brazo rasguños compatibles con un intento de defensa de la víctima.

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