Las obras en la Avenida Corrientes y la crisis, el calvario de los comerciantes

Las obras en la Avenida Corrientes, un calvario para los comerciantes
Las obras en la Avenida Corrientes, un calvario para los comerciantes Fuente: Archivo - Crédito: Ricardo Pristupluk / LA NACION
Fernando J. de Aróstegui
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3 de diciembre de 2018  • 12:13

Marcelo Nodrid, dueño del café notable La Giralda, en Corrientes 1453, se pasó un día de la semana pasada desmintiendo ante sus alarmados clientes el rumor sobre el cierre inminente del local. Sin embargo, admitió que el café está en venta y que próximamente se produciría un cambio de firma, aunque se conservaría el tradicional nombre.

"Las ventas no dan para cubrir los gastos", explicó Nodrid, que gestiona el local desde enero, cuando lo heredó de una tía abuela. Desde entonces, cuatro mozos dejaron sus trabajos en el café y ahora quedan solo dos. Nodrid atribuye las dificultades a la situación económica general, sumado a que las obras de ensanche de las veredas de Corrientes redujeron mucho la circulación de gente.

"Fue la gota que rebalsó el vaso", dijo sobre las obras. En efecto, justo frente a La Giralda los peatones deben circular por un estrechísimo pasillo abierto entre vallas. "La gente trata de salir del claustrofóbico pasillo lo más rápido posible, y pasa de largo sin entrar al local", se lamentó.

La situación crítica de La Giralda es similar a la de varios otros comercios de la avenida Corrientes, en su tramo desde Callao hasta Libertad, que vieron complicadas sus ventas porque a la caída general del consumo se le sumó una reducción de la clientela por las obras de expansión del área peatonal.

Además, muchos comerciantes reclaman por el ubicuo polvillo que ensucia las mercaderías, por roturas de caños que inundaron depósitos y por la falta de información oficial sobre el cronograma de las obras y su conclusión. En tanto que la crisis económica desalienta sus esperanzas de que la peatonalización de Corrientes compense en el futuro la actual caída en las ventas.

Las obras en la Avenida Corrientes, un calvario para los comerciantes
Las obras en la Avenida Corrientes, un calvario para los comerciantes Fuente: Archivo - Crédito: Ricardo Pristupluk / LA NACION

En el local de accesorios femeninos Clandestine, en Corrientes al 1400, presentan una inútil resistencia diaria contra la invasión del polvillo y la caída en las ventas. Para ilustrar el problema de la suciedad, la encargada se limitó a deslizar su dedo índice por la superficie de un set de maquillaje y a exhibir la yema cubierta por una espesa capa gris.

"Sufrimos una fuerte caída de nuestras ventas", se quejó, y dijo que debido a la colocación del vallado ahora mucha gente prefiere circular por la vereda de enfrente. Agregó que le suplicó al gobierno para que no rompan las veredas en diciembre, justo antes de las Fiestas: "Ahí sí que nos matan", dijo, y levantó dos cejas dudosas cuando se la consultó sobre el eventual repunte de las ventas que llegaría concluidas las obras.

Media sombra

"El gobierno dijo que instalaría una media sombra para frenar las nubes de polvillo que genera la obra, y que afecta los ojos y los libros. Es desesperante. Y aunque reclamamos cinco veces, no tuvimos respuesta", se lamentó Ema, vendedora de la librería El Lorraine, en Corrientes 1513, donde las ventas cayeron un 12% en lo que va del año. Su compañero Saúl debió comprarse unos anteojos para cuidarse la vista. "Concluida la obra, Corrientes va a quedar muy bien", consideró Ema, aunque remató con humor negro: "¡Pero mientras tanto quizás perezcamos!".

Las obras de peatonalización de la avenida Corrientes se proyectaron en dos etapas. La primera, que abarcó desde el Obelisco hasta Florida, fue inaugurada en julio y costó $50.8333.334. En tanto que la segunda, que se prolonga desde Callao hasta Libertad, está presupuestada en $131.448.049. Allí, los trabajos incluyen la reducción de los carriles vehiculares de cinco a cuatro.

Los dos carriles de la izquierda (yendo desde Callao hacia el Obelisco) funcionarán para vehículos particulares, y entre las 19 y las 2 de la madrugada serán de uso exclusivo para peatones. En tanto que los dos carriles de la derecha serán usados las 24 horas por colectivos y taxis. Además, para ampliar el espacio peatonal, se están ensanchando las veredas en 2,6 metros. Las obras son ejecutadas por la empresa contratista Algieri SA.

Mejor experiencia

Fuentes del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad explicaron que todas las obras que se ejecutan tienen como eje mejorar la experiencia de los vecinos en el espacio público. "Si bien a veces esto puede generar molestias, entendemos que se trata de complicaciones momentáneas y que una vez que las obras finalizan los resultados son muy positivos", dijeron, y agregaron que se busca que los vecinos salgan cada vez más a la calle, lo cual consideraron beneficioso para los comerciantes dado que implica un crecimiento económico de la zona. Precisaron que las obras, iniciadas en marzo, quedarán concluidas en junio de 2019.

En la librería Hernández, en Corrientes 1311, reclamaron por la duración de las obras y los perjuicios que les causan. "Se nos inundaron los depósitos por un problema con un caño afectado por los trabajos", dijo María Susana Hernández, que también reclamó por el polvillo. Agregó que no es optimista con que lleguen más clientes una vez finalizadas las obras debido a la complicada situación de la economía.

Mientras duran los trastornos, algunos comercios desarrollaron estrategias para sujetar las ventas. "Empezamos a traer libros más vendibles y lanzamos en las redes sociales una campaña publicitaria más agresiva", explicó Gabriela Rocha, de Dickens, en Corrientes al 1300, y reclamó por la falta de comunicación del gobierno. "El feriado del lunes 19 de noviembre rompieron, sin avisarnos, la vereda de todo el frente del local y perdimos el día de trabajo", dijo.

También en el café notable El Gato Negro, en Corrientes al 1600, reclamaron por la comunicación oficial. "Armamos un cartel que decía ‘abierto’ y lo pusimos sobre las vallas porque la gente creía que el paso estaba inhabilitado y dejó de circular", reclamó Juan Rodríguez, que cree que la obra será beneficiosa pero que lamenta su extensa duración y la actual caída de la clientela.

En la misma cuadra de La Giralda, este año ya cerraron sus puertas la célebre bombonería Lion D’or, que desde hace unos cien años ocupaba allí un espacioso local y ahora se mudó a otro mucho más reducido, y el restorán La Martona, que bajó la persiana después de casi 20 años.

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