
Las playas más top de Pinamar y Cariló
El parador Ufo Point concentra la movida joven; el CR recobró todo su esplendor y el carilense Hemingway apuesta al relax
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PINAMAR.- Fiestas privadas en plena tarde, comunicadores inalámbricos para avisar a los comensales que la mesa está servida, un spa en la arena con los últimos tratamientos de estética o una barra de tragos dentro de la pileta con vista al mar.
Estos son algunos de los servicios VIP que ofrecen los paradores más exclusivos de Pinamar y Cariló para sus clientes. Claro que para hacer uso de las instalaciones hay que contratar una carpa que llega a costar casi 10.000 pesos en enero.
Este verano, por ejemplo, Hemingway, en Cariló, organizó un evento para despedir el año sobre la arena con toda la impronta de las fiestas esteñas. El cubierto salía 870 pesos y tres días antes del evento ya estaba todo vendido. Durante el día, Hemingway convoca a familias de alto poder adquisitivo. Aquí, la sombra en enero vale 8000 pesos. Tiene un spa bajo las galerías de madera que recorren el balneario en el que se ofrecen todo tipo de tratamientos estéticos. También este año el restaurante incorporó un nuevo servicio: sus clientes pueden reservar una mesa y volver a la playa, ya que un intercomunicador inalámbrico con sólo un "bip" les avisarán cuando ya esté tendida la mesa.
Eduardo Horton pasa sus vacaciones en este balneario. El eligió Cariló por su tranquilidad y también por la calidad de los servicios, que a valores "más razonables" que los de Punta del Este, le permiten disfrutar de un tiempo de relax con su familia. Su mujer evalúa las alternativas que ofrece el spa para hacerse algún tratamiento y que el descanso sea completo. Entre sus vecinos de carpa, este año tiene a Mario Pergolini, a Pablo Echarri, a Luis Majul, a "Pachu" Peña y Clemente Rodríguez.
Las chicas toman sol sobre los camastros blancos de Ufo Point con una frapera de champagne cerca. Brindan, se embadurnan en bronceador y se vuelven a echar al sol en el parador más top de la costa verde, título que ostenta desde hace casi una década sin que otros le hayan hecho sombra. En las antípodas del balneario familiar, Ufo concentra la movida joven de Pinamar.
Son las 18 y está por comenzar el after beach de Chandon. Para ser parte de la fiesta privada en este atardecer glamoroso y burbujeante, hay que figurar en la lista de las 100 personas que el parador convoca cada tarde por mensaje de BlackBerry o What's Up o Twitter. Por delante hay una hora y media dentro del parador con música electrónica relajada y tragos. Conversación, poca a causa del volumen. Aquí se dialoga con el cuerpo, con los gestos, con la pose. Y, sobre todo, con las miradas. Los after beach de Ufo son un clásico del parador que este año estrena sillones y barra. Afuera, por primera vez en varios años, el blanco de los livings, sinónimo de mucha onda bajo el sol, empezó a ceder terreno. Las sombrillas ahora son de colores varios y fuertes. No hay carpas, obvio.
"Yo elijo Ufo justamente porque no me gusta la estética de los balnearios con carpas. Me pega para abajo. A lo mejor en unos años, pero acá disfruto de la música y los tragos. Si busco algo más relajado, voy a Robinson Crusoe", explica Lucía Zegbi, que ayer paseaba a su cachorro René por las arenas de Ufo. Para moverse en el balneario más top hay que tener actitud. Se admiten las heladeritas, pero no con sándwiches, sino con bebidas alcohólicas. El promedio de edad de este balneario es de entre 25 y 35 años. Gente joven, cero familias. En la barra, los tragos como la caipiroska de maracuyá y el pisco prometen ser claves de este verano.
El balneario más exclusivo de Pinamar es CR, en el extremo norte. Es el último de los balnearios al que se puede acceder sin necesidad de llegar en 4x4.
Las carpas se alquilan a 9800 pesos durante enero. Su símbolo distintivo es la piscina con una barra en mitad del complejo, desde la que se puede pedir un trago con vista al mar.
Pablo Gianpietro pertenece a la familia de uno de los pioneros de Pinamar. Pasa sus vacaciones en el balneario con su mujer, Daniela y con sus hijos Augusto, Facundo y Francesca. "De CR nos gustó el ambiente familiar, tranquilo, más allá de ofrecer servicios de primera", apunta Gianpietro, escoltado por su mujer que este año adhirió a la moda de los sombreros.
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