
Los favores de la Cosa Nostra a los aliados
Por Ernesto G. Castrillón Historiador y periodista
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Uno de los episodios más oscuros de la Segunda Guerra Mundial fue la colaboración de la mafia en el desembarco aliado, en Sicilia. Precisamente, el descalabro de la mafia siciliana fue uno de los logros propagandísticos del régimen de Mussolini, que, hasta 1929, había arrestado a cientos de bandoleros, obligando a otros tantos a fugarse a los EE.UU.
Los jefes de la organización criminal ordenaron, entonces, suspender sus operaciones en Sicilia, quedando la mafia en un estado latente del que despertaría sólo en 1943, con la invasión aliada.
Charles "Lucky" Luciano (1897-1962) fue una de las figuras más poderosas de la mafia ítalo-norteamericana, auténtico zar del tráfico de drogas y la prostitución. Durante los años cuarenta, sin embargo, Luciano cumplía una larguísima condena de prisión en los EE.UU. Pero un hecho dramático iba a sacarlo de su obligado retiro.
El 11 de febrero de 1942 se incendió, en los muelles de Nueva York, el buque Normandie (convertido, con un nuevo nombre, en transporte de tropas), culpándose del hecho a saboteadores del Eje. Agentes de seguridad del gobierno norteamericano idearon, entonces, un ingenioso medio de alistar a la mafia (que controlaba todo el movimiento de los puertos norteamericanos) como dudosa aliada en la lucha contra el Eje. Así nació la "Operation Underworld", que terminó reclutando los servicios del detenido Lucky Luciano. Este envió la consigna a sus sicarios en los muelles de vigilar toda actividad sospechosa de espionaje o sabotaje. Como premio inmediato se lo trasladó a la cárcel de Great Meadow, considerada la más "cómoda" del sistema penal.
Pronto se comenzó a sospechar otra crucial colaboración de Luciano con el gobierno norteamericano: su ayuda en favor del desembarco aliado en Sicilia, en julio de 1943. Se dijo que Luciano había enviado, de su puño y letra, cartas para los mafiosos de la isla, conminándolos a colaborar con las tropas de desembarco. Se señaló también que agentes aliados habían lanzado en paracaídas armas y transmisores de radio para los mafiosos de la isla, que reconocieron las defensas italianas y alemanas, buscando puntos vulnerables.
Producida la invasión aliada, curiosamente, las tropas norteamericanas se introdujeron, en un principio, en la isla casi sin encontrar resistencia. La fortaleza de Pantelleria, crucial en el esquema defensivo del Eje, cayó como un castillo de naipes, sufriendo los aliados como bajas sólo dos heridos leves.
Luciano, además, habría contactado a las autoridades militares aliadas con Vito Genovese, un mafioso expulsado de los EE.UU. a Italia que se había ganado la confianza de Mussolini tras mandar asesinar en las calles de Nueva York al editor antifascista Carlos Tresca. Genovese se convirtió en un auxiliar insustituible para el comando norteamericano durante la campaña de Italia, en 1944.
Según esta teoría, ampliamente discutida en los EE.UU., el premio para los mafiosos de Sicilia habría sido su recuperada libertad de acción (que mantienen hasta el día de hoy). Incluso, en 1943, apenas ocupada la isla, el mando aliado designó como sus primeros alcaldes en el lugar a Genco Russo y Calogero Vizzini, dos conspicuos integrantes de la organización criminal perseguida en tiempos de Mussolini.
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