
Los fósiles mueven millones en el país
Crecieron el turismo en las zonas de yacimientos, el interés de los jóvenes por estudiarlos y -también- el tráfico de piezas.
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En 1993 un antropólogo amateur sorprendió al mundo cuando desenterró en Neuquén el esqueleto del dinosaurio carnívoro más grande del planeta.
El año coincidía con el estreno de una de las películas más taquilleras de la historia: "Jurassic Park".
A partir de entonces, curiosamente, comenzaron a descubrirse en la Argentina restos fósiles de incalculable valor científico.
El auge de los hallazgos, sobre todo en los dos últimos años, cambió varias cosas.
En rápida enumeración: fomentó la formación de nuevos profesionales, la inauguración de museos y el reacondicionamiento de otros -el Museo Paleontológico Feruglio, en Trelew, exhibe más de 1700 piezas y colecciones- y la afluencia de turistas a zonas ricas en fósiles, como el valle de El Chocón, en Neuquén, que pasó de 24 mil visitantes en 1996 a 72 mil el año último.
"Existen pocos lugares en el mundo con tanta gente dedicada al estudio de fósiles como en nuestro país. En La Plata, incluso, se ha creado la carrera de Paleontología, que recibe cada vez más alumnos", señaló el presidente de la Asociación Paleontológica Argentina, Miguel Griffin.
Desde Plaza Huincul, en Neuquén, el paleontólogo Rodolfo Coria agregó: "Si bien en el país hay ocho paleontólogos que se dedican exclusivamente a los dinosaurios, en términos proporcionales somos muchos más que en otros países. Por ejemplo, en Canadá sólo hay uno".
El reciente hallazgo de un bosque petrificado en Chubut, la reconstrucción del segundoejemplar del Carnotaurus -un cazador de cinco toneladas que vivió en la Patagonia hace 80 millones de años- y el rescate del esqueleto de un dinosaurio carnívoro de 13 metros de largo en el Sur son tan sólo algunos de los descubrimientos que tuvieron lugar en lo que va del año.
A veces la casualidad se adelanta a años de estudio y dedicación: una excavación para construir una gran cloaca en Mar del Plata trajo a la luz, en enero último, una deslumbrante colección de huesos de gliptodontes; mientras, obreros que trabajaban en el túnel por donde pasará el subte D, en pleno Belgrano, se tropezaron también con los restos de ese pariente de los armadillos.
Más financiación
El creciente interés por los dinosaurios contribuyó en un aspecto esencial de la investigación: recaudar fondos para financiar los proyectos se convirtió en una misión menos ardua que en años anteriores.
"Sufrimos momentos muy duros, en los que escaseaban las subvenciones -recordó Fernando Novas, jefe del laboratorio de Anatomía Comparada del Museo Argentino de Ciencias Naturales.
"A partir del fenómeno "Jurassic Park", el interés paleontológico excedió la esfera científica y cautivó a muchísima gente y a empresas dispuestas a sustentar algo que llega al público. Ahora tenemos la ayuda de compañías como Toyota, que nos presta vehículos; Dinar, que nos hace rebajas en los vuelos aéreos, y Poxipol, que nos aporta el pegamento", dijo.
El costo aproximado de un trabajo de campo de cuatro semanas de duración, con diez personas y tres vehículos, alcanza, según los especialistas, los 10.000 dólares.
Los subsidios provienen de diversas entidades. Entre ellas, universidades provinciales, el Conicet o la revista National Geographic.
Existe también una asociación internacional, Earthwatch, que cubre los gastos de las expediciones mediante la cuota que pagan los 25.000 socios aficionados para poder participar en los diferentes proyectos que organiza la institución alrededor del mundo (en nuestro país trabajaron sobre la fundación de Buenos Aires en el parque Lezama, la imprenta Coni y el caserón de Rosas).
Tráfico de fósiles
La pasión desatada por los seres prehistóricos tiene como contracara la intensificación del comercio de fósiles en todo el mundo.
El mercado creció hasta tal punto que, hace dos años, un museo de Chicago compró el cráneo de un Tiranosaurus rex en 8 millones de dólares. Pero cualquier particular está en condiciones de acceder a una reliquia animal o vegetal por mucho menos.
En Internet pueden adquirirse desde piñas fosilizadas de la Patagonia a 275 dólares la unidad hasta pedazos de huevo de dinosaurio argentino a tan sólo 15 dólares la pieza.
El récord lo ostentan los troncos de cicadáceas, que alcanzan los 100.000 dólares. Los precios no incluyen el envío y se puede abonar con cualquier tarjeta de crédito.
La pregunta obligada es cómo llegaron esos "productos" argentinos a las páginas de los dealers de fósiles. La ley 9080, sancionada en nuestro país a comienzos de siglo, además de declarar los restos geológicos como patrimonio estatal, prohíbe su comercio y establece que "cualquier tentativa de exportación clandestina de restos fósiles o antropológicos u objetos arqueológicos será penada con el decomiso de ellos".
Uno de los casos más resonantes de violación a esa ley ocurrió en 1990, cuando dos norteamericanos y un porteño fueron detenidos por robar el meteorito Chaco, el tercero más grande del mundo, con vistas a venderlo en el exterior.
"La ley 9080 es violada en forma permanente, aunque nadie quiera admitirlo. A veces son los profesionales mismos los que incurren en el delito", lamentó Griffin.
El paleobotánico e investigador del Conicet Sergio Archangelsky explicó que los saqueos comenzaron a principios de siglo, pero se potenciaron con el advenimiento del turismo y el mejoramiento de los caminos, que permitió el acceso a las zonas más inhóspitas.
"Hoy, además de los sabuesos que buscan en forma permanente la oportunidad para llevarse todo lo que puedan de los yacimientos, existen agencias de turismo que se conectan con capataces de estancias, donde trasladan a los interesados para que compren todo el material que deseen", afirmó.
El especialista destacó que, para resguardar el patrimonio nacional, "no se puede poner un gendarme cada 50 metros en superficies tan extensas".
En su opinión, la solución reside en la educación de la población: "Hay que lograr una conciencia en la gente, de modo que aprenda a conocer qué es lo que vale, sin despertar la avidez".
Para José Bonaparte, jefe del laboratorio de Paleontología de Vertebrados del Museo de Ciencias Naturales, la ley que impide comercializar fósiles -a diferencia de varias naciones europeas y de los Estados Unidos, donde no hay restricciones legales- debe seguir vigente.
En los últimos años se conoció en la Argentina una serie de anteproyectos de ley para liberar la venta de fósiles, como el que presentó en 1993 el diputado justicialista y paleontólogo Florencio Aceñolaza.
"En algunos países del mundo, como en Alemania, el particular que encuentra un fósil decide si lo vende o no al museo, según el precio que le ofrezca éste, que siempre es el más conveniente", dijo Bonaparte.
Y siguió: "Aquí, por el contrario, los museos no podrían pagar y, dada la mentalidad de los argentinos, los fósiles serían vendidos a coleccionistas u otros interesados a mejores precios. Los museos estarían vacíos".
Y mientras decía todo esto, limpiaba la vértebra de un metro de largo de un Saurópodo, aquel gigante de cabeza pequeña y cogote interminable que alguna vez vivió en nuestras tierras.
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