
Los maniquíes ahora también llevan la moda y los estilos en la cabeza
En las tiendas más modernas tienen accesorios costosos, el cabello de colores y hasta sonríen
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Maniquíes con barba candado y con la cabellera peinada a la moda. Miradas con ojos fucsias desproporcionados y caras ovaladas. Sonrientes y seductores. A los maniquíes se les subió la moda a la cabeza.
En un principio, estos actores de las vidrieras de tiempo completo eran apenas portadores de ropa, con caras serias y poco pelo. Hoy, en las tiendas de ropa más modernas o destinadas a los más jóvenes, exhiben las modas y los estilos del momento en el pelo y en la cara, y hasta revolucionan el mercado con formas y colores que nada tienen que ver con lo humano.
Casi todos, sin embargo, se pueden encontrar en un mismo lugar. En Lavalle, entre la avenida Pueyrredón y Jean Jaurès, en la zona de Once, hay 15 tiendas en las que se lee en las vidrieras "maniquíes". En la calle Larrea, también a la altura de Lavalle, se suman dos más.
Con un mínimo estimado por los dueños de 100 maniquíes en stock por tienda, los muñecos (así los llaman los fabricantes) "nacen" casi todos en esa zona.
Carlos Leiria es el dueño de Krear, una fábrica en la calle Lavalle, que le pertenece desde hace 25 años. "Ahora las vidrieras se renuevan mucho más que antes y nosotros tenemos que seguirles el ritmo. Hoy, cada seis meses, un comerciante me está pidiendo un nuevo modelo, y nosotros tenemos que apelar a la creatividad", explica.
En Meahaudy, una tienda ubicada a metros de Krear, en cambio, la creatividad viene importada de Italia. "Traemos los modelos del exterior; lo único que hacemos acá son las caras que se confeccionan según lo que quiere el cliente", explica Héctor Villarruel, especialista en fabricación de maniquíes en esa tienda.
Oscar González, dueño de la tienda Milenio, relata que ellos importan todos los maniquíes desde China y España. "Lo único que hacemos acá es el diseño de las caras pensando en el cliente y eso a veces no es tan fácil. Cuando trabajás con tiendas como Puma tenés que tener siempre una oreja despierta", cuenta.
Según los fabricantes de la zona, un cuerpo de maniquí fabricado en fibra de vidrio -el material más usado- dura unos siete u ocho años. En cambio, la cabeza hay que renovarla en un período que va de los 3 a los 6 meses.
"La moda va pasando y nosotros tenemos que seguir diseñando a la par, pase lo que pase. Por eso, tratamos de estar actualizados con las revistas de diseños de maniquíes del exterior", sostiene Carlos Petronasi, dueño de la empresa Maniquíes VC.
Con la cara ovalada de color naranja, la boca dibujada y ojos de un celeste inhumano, un maniquí mira a potenciales compradores desde la vidriera.
La tienda es 47 Street, en la avenida Santa Fe al 1900. "Hace cuatro años, quisimos innovar y para eso nos acercamos a la estética de los dibujos animados japoneses", explica Lorena Bonzio, del Departamento de Comunicación y Prensa de la marca destinada a las adolescentes. "Por suerte, esto nos funcionó y se terminó por convertir en un hito para la marca. La gente ve nuestros maniquíes y reconoce la marca", se enorgullece Bonzio.
En Lee-Chi, en Rodríguez Peña y Santa Fe, los maniquíes son plateados o negros, y tienen algunos accesorios, como anteojos negros o collares. "Los maniquíes tienen un look que se parece a los colores que ofrece la marca", explica Cristián Cobos, encargado de las franquicias de Lee-Chi.
De acuerdo con lo que explica Cobos, el objetivo de la marca es estar "a la vanguardia" de la estética y eso también funciona para los maniquíes. "Durante este año, vamos a tener que volver a actualizarlos", proyecta Cobos.
Talla 38
Pero no todo es moda y pose para los maniquíes. Si un proyecto de ley de la diputada porteña Silvia Majdalani prospera, los maniquíes serán más "gorditos". Es decir, ninguno tendrá una talla menor que 38 en cualquier comercio de ropa de la ciudad.
De hecho, hoy en día, en ninguna de las tiendas de maniquíes existen muñecos que representen a los de contextura mayor.
Sin embargo, González, de Milenio, anticipa que para la nueva temporada que comienza en marzo los maniquíes vendrán "un poco más rellenos". Para Majdalani la culpa tampoco debería recaer en los fabricantes. "Ellos sólo atienden a lo que piden las grandes marcas", explica.
Eduardo Chandler, médico especialista en trastornos en la conducta alimentaria del Hospital de Clínicas, también observa con temor los modelos que ofrecen los maniquíes. "Deberían representar a todos los miembros de la sociedad y no sólo a los más flacos", opina.
Desde la sociología, la interpretación es distinta. Miguel Angel Forte, profesor de esa disciplina en la Universidad de Buenos Aires, dice que los maniquíes representan los ideales estéticos del tiempo en el que están inscriptos. "El maniquí levanta la información estética de la época", explica.
Además de lo que pasa estéticamente, los maniquíes reflejan otras cosas que pasan en la sociedad. González, dueño de Milenio, dijo: "Una vez una señora me pidió un maniquí bien grandote. Me dijo que era por seguridad: lo iba a colocar en el techo de su casa para vestirlo de policía". Un maniquí de los más nuevos, con una sonrisa diseñada en su rostro, es testigo del comentario.
Caros, pero flexibles
- La cuestión económica está determinada por el material con el que se compone el maniquí. Los de plástico, que están entre los menos vendidos por su poca durabilidad, cuestan cerca de $140. La mayoría es de fibra de vidrio y no baja de los $250 cada uno. Las variables que hacen que un maniquí llegue a los $600 -el más alto que se puede pagar en el Once- tienen que ver con los accesorios y la articulación. Mientras más detalles tenga el diseño de la cara, más costoso. En cuanto a la articulación, la clave es la flexibilidad. Por ejemplo, el maniquí más caro de la fábrica Meahaudy es uno que está sentado y cuesta 500 pesos.





