
Los mapuches recuperan su sitio sagrado en el Lanín
Culto: Parques Nacionales les restituyó el lugar donde celebraban sus festividades y que abandonaron en 1937, cuando se creó el parque.
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NEUQUEN.- Los mapuches y Parques Nacionales comenzaron a desandar décadas de enemistad y a transitar por un camino de entendimiento: se acordó la devolución de un sitio sagrado donde los aborígenes realizaban sus celebraciones antes de crearse el Parque Nacional Lanín.
Las comunidades indígenas y funcionarios de la Administración de Parques Nacionales (APN) se reunieron en San Martín de los Andes y allí, después de dos jornadas de debate, decidieron formar un comité para discutir la política del Parque Lanín.
La religión fue el primer paso concreto de acercamiento en ese encuentro que se realizó a principios de mes en San Martín de los Andes. Se pactó la devolución del "Rehue" a la comunidad Ñorquinco, un sitio sagrado que APN le había quitado hace más de 60 años, definido como un "centro ceremonial filosófico-religioso mapuche".
Lugar genuino
En lengua mapuche, "Rehue" se compone del vocablo "re" (puro, genuino, exclusivo) y "hue" (lugar o paradero).
Así lo describe el trabajo de Roberto Molinari, de la Dirección de Conservación de APN. "Se trata de un espacio de celebración de la ceremonia religiosa mapuche denominada "Nguillatun", "Nguellipun" o "Camaruco", que confiere al lugar el valor y el carácter de sagrado para la comunidad mapuche", dice Molinari. El último antecedente de celebración en Ñorquinco se remonta a 1937, cuando se creó el Parque Lanín.
Los problemas de convivencia comenzaron a principios del siglo XX y los conflictos generados por la propiedad de la tierra se acentuaron con la creación, en 1934, de la Administración de Parques Nacionales.
En el Lanín viven ocho comunidades, que ocupan una superficie de apenas 35.000 hectáreas.
Los mapuches están dispersos, pero comparten una misma filosofía de vida, una cultura que mantiene su llama encendida y una historia dura que los une y los hace resistentes.
Las comunidades de Ñorquinco, Aigo, Paine Filú, Raquithué, Gramajo, Vera, Curruhuinca y Cayún luchan para que sus hijos y sus nietos continúen ocupando ese mágico rincón que les da trabajo, alimento y sabiduría.
"Este reconocimiento sienta un precedente para el resto de los pueblos originarios", expresó a La Nación Benito Cumilao, "werken" (vocero) de la Confederación Mapuche.
Algunos dirigentes indígenas, como Roberto Ñancucheo, de la Coordinación Mapuche, todavía siguen sorprendidos por haber dado este paso hacia adelante. Es que este joven de pelo largo y renegrido recuerda que tan sólo en octubre de 1999 los mapuches se encontraban discutiendo, en malos términos, el desalojo de algunas familias aborígenes con las autoridades de Parques Nacionales.
Ñancucheo habla apasionadamente de la relación que tiene el mapuche con la naturaleza. Sostiene que el "huinca" (hombre blanco) ha dañado el medio ambiente mucho más que el aborigen y empieza a creer que ahora existe voluntad para respetar el modo de vida de los indígenas y sus creencias religiosas.
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