
Los menonitas acceden a integrarse
Tras un prolongado conflicto, 250 niños comenzaron a recibir clases de castellano en sus hogares.
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SANTA ROSA.- Finalmente, luego de dos años e innumerables gestiones del gobierno provincial, los líderes religiosos de la colonia menonita accedieron a que sus hijos comenzaran su alfabetización.
La comunidad, asentada a 180 kilómetros de esta ciudad, en los alrededores de Guatraché, está integrada por unas 200 familias que viven apegadas a las condiciones de vida propias del siglo XVI, cuando el sacerdote reformista holandés Menno Simons fundó la comunidad religiosa que hoy lleva su nombre.
Los menonitas, que hablan un dialecto alemán, acordaron con el Ministerio de Educación provincial que la escolarización primaria se reduzca solamente al aprendizaje de la lengua castellana y quedaron en el camino las pretensiones oficiales para incorporarlos a la educación general básica (EGB).
Además, las clases para aprender español no son dictadas por maestros, sino por los propios padres y familiares de los niños menonitas.
Exodo y aislamiento
Los integrantes de esta singular comunidad protagonizan uno de los éxodos más prolongados de la historia.
No conocen otro libro que la Biblia, viven en colonias agrícolas a la usanza del siglo XVI, evitancualquier síntoma de confort, incluido el uso doméstico de la electricidad, yresistieron los intentos de instruir a sus niños en la educación formal.
"Si la escuela del gobierno se instala en la colonia, nuestros hijos caerán en manos de las tentaciones de la sociedad moderna y se irán. Nuestro futuro depende de que las cosas sigan como están."
El que habla es Juan Giebrescht, un parco hombre de52 años, propietario deuna de las fábricas de silos existentes en la Colonia Menonita de Guatraché. Vende sus productos en Córdoba, Buenos Aires y Santa Rosa, y es uno de los pocos colonos que leen los diarios y algunos libros. "Alguien tiene que servir de nexo con el mundo", dice.
Su particular visión sobre la educación formal representala posición mayoritaria de la comunidad que integra, donde la Biblia es el único texto de uso corriente y la religión, el punto de apoyo sobre el que se mueven todas las actividades.
Sin embargo, apesar de la intransigente posición mantenida durante los últimos años frente a las presiones del gobierno pampeano para que cumplan con la ley de educación obligatoria, los menonitas acabaron por aceptar un punto intermedio en las exigencias estatales.
Hace unaspocas semanas los casi 250 niños de entre 5 y 12 años que viven en esta cerrada comunidad religiosa comenzaron a aprender castellano en sus hogares, apoyados por modernos diccionarios alemán-español y español-alemán distribuidos por elEjecutivo provincial.
Es apenas el primer paso de una integración social que se vislumbra difícil, y que puso varias veces en crisis la permanencia de estas 200 familias en tierras pampeanas, a partir de los primeros intentos de alfabetización iniciados por el gobierno pampeano en junio de 1987.
Giebrescht llegó desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, donde era agricultor e importador de máquinas agrícolas. Viste, como todos los hombres adultos aquí, un mameluco azul con una pechera llena de lapiceras, y una gorra oscura. Habla castellano y es uno de los referentes importantes de la colonia. Su familia fue la encargada de acoger un proyecto de cultivos hortícolas bajo cubierta propuesto por la Escuela Agrotécnica de Guatraché. Para eso, en su finca fue construido un pequeño vivero, en el que docentes y alumnos de aquel establecimiento colaboraron para sembrar semillas provenientes del Programa Pro Huerta del Instituto Tecnológico Agropecuario (INTA).
El dato no es caprichoso: representa una de las raras ocasiones en que los miembros de la comunidad religiosa aceptaron presencias exógenas, aunque la decisión fue cuidadosamente estudiada. Lo hicieron porque no contradice su especial interpretación de la Biblia y porque les sirvió para ampliar su dieta alimentaria.
La alfabetización implementada este año consiste, básicamente, en enseñarles a leer y escribir en castellano.
Una de las condiciones impuestas por los menonitas fue que el gobierno desistiera de enviar maestros comunes a la colonia. Por eso, los encargados de enseñar el español serán los padres y los tíos de los niños, en sus propias casas, ya que las escuelas comunitarias se preservan para la instrucción tradicional.
Los símbolos patrios
Los menonitas tampoco aceptan los símbolos patrios, "porque no hay patria en este mundo. Nuestra patria nos será otorgada en la otra vida", dicen. "Lo que yo sé lo aprendí de mi padre;a él le enseñó mi abuelo, y a mi abuelo, su padre, y así sucesivamente. Mis hijos sabrán lo que yo sé, porque así debe ser", sentencia Juan Giebrescht, fabricante de silos y agricultor.
Para él, la sociedad moderna "es una tremenda amenaza para la colonia, porque entraña muchas tentaciones para los más jóvenes". De allí que en toda la colonia no haya una prenda de vestir que no hayan elaborado ellos mismos, ni un solo televisor, ni tabaco, ni alcohol (con excepción del vino tinto que usan para comulgar, dos veces al año, un sorbo con pan ácimo) y que estén prohibidos todos los elementos que representen confort o modernidad.
"Nosotros vivimos bien así. Todo lo que es necesario para la vida del hombre nos lo enseñan el trabajo en el campo y la naturaleza." Para Giebrescht, basta la notable prosperidad de la colonia como demostración cabal de sus dichos. "Desde que estamos aquí, metimos más de 50 millones de dólares en este campo", sentencia.
La enseñanza del idioma español a los chicos de la comunidad puede ser el primer paso para la integración con la comunidad pampeana.
Agrupados en comunidades que mantienen todavía lazos de solidaridad, los menonitas se mantienen encerrados en sus preceptos religiosos y su alemán medieval, ignorantes depreocupaciones menores, como la caída de la Bolsa, los cambios de gobierno, la suerte de Diego Maradona o si el tercer milenio empezó o está por empezar.





