
Los menonitas defienden su cultura
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GUATRACHE, La Pampa.- "Estamos obligados a trabajar, pero lo principal es estar bien en el reino de Dios. La agricultura es el trabajo más honrado y más puro", dijo a La Nación Juan Fehr, el obispo de la comunidad menonita que acaba de ser intimada por el gobierno pampeano a cambiar su sistema educativo.
Fehr no es tan sólo el obispo, sino el número uno, el líder de la colonia, elegido democráticamente por votación directa. También es agricultor, como los demás. Aquí todos trabajan la tierra, por encima de cualquier otra ocupación. Se es administrador y agricultor, tambero y agricultor, maestro y agricultor.
Aunque eligen a sus propias autoridades y se mantienen fieles a ellas, los menonitas reconocen a los que conducen la Argentina: "Vinimos a esta tierra para pasar la vida, y respetamos el país donde estamos. En las misas de los domingos siempre rezamos por Menem y para que nos dejen trabajar", aclaró el obispo.
A cada instante de la conversación Fehr saca a relucir algún pasaje bíblico. Los demás colonos, menos profundos pero igualmente piadosos, refieren sus actos y sus costumbres a los mandatos de Dios. "La Biblia dice..." puede ser el preludio celestial de una breve y sentenciosa explicación sobre lo duro que hay que trabajar, lo poco que conviene gastar, lo austero que se debe vivir y lo bueno que es agasajar a las visitas.
Valores nobles que los menonitas invocan y, por extraño que resulte, llevan sin falta a los hechos. La gente de los alrededores no vacila en elogiar su trato cordial, su pacifismo a toda prueba, su humildad llevada a fondo.
"Son buenísimos. Muy honestos y disciplinados. Los chicos son educados y tienen una conducta que arranca en la escuela" dijo a La Nación un fletero al que todos llaman simple y cariñosamente "Cano".
El precio de tanta bondad es la moral inflexible: la restricción de juegos, deportes y pasatiempos; la privación del arte en la mayoría de sus formas; el ocio limitado a los domingos por la tarde, después de la misa.
Música para los ángeles
La música de los colonos queda confinada a los espacios cerrados del aula y de la iglesia, donde flotan los himnos alemanes en alabanza al Creador. La pintura no pasa de sencillos arabescos estampados en las repisas de madera.
"A la gente de ustedes les parece muy estricto, pero uno está acostumbrado y vive con alegría. Los domingos nos vamos a pasear y nos visitamos entre nosotros. Los padres les dan permiso a sus hijos para salir a conversar y conocer a chicas y chicos", dijo Enrique Giesbrecht, encargado de una de las queserías, que funciona en cooperativa y representa el mejor negocio de la colonia.
Si un chico y una chica, en su día de gracia, llegan a conocerse y, con el paso del tiempo, a enamorarse y casarse, el fruto será tal vez la felicidad. Lo que seguro vendrá es una seguidilla de hijos, todos los que traiga la Providencia: siete, ocho, quizás once.
Pero mientras se es soltero, ¿por qué no juntarse con los amigos el miércoles por la noche -el segundo rato de ocio en la semana- al costado de un camino y hablar de la vida?
"Me gusta vivir acá. Alguien tiene que trabajar el campo, ¿no? Además, es la vida que conozco", dijo un chico mientras comía maní sentado en un alambrado y rodeado de amigos.
A nadie escapa que hay otro mundo allá afuera, y la tentación está siempre a la vuelta de la esquina, en los pueblos cercanos, como Guatraché.
Para que nadie se deje arrastrar por la "perdición", no bien compran un tractor -una de las pocas concesiones que le hacen a la tecnología- los mayores les quitan las ruedas de goma y las reemplazan por vigorosas ruedas de hierro. "Si no, los chicos arrancan con los tractores y se van de vagos por ahí", dijo Julio Loewen, que hasta hace poco era el médico de la colonia.
No son muchos, sin embargo, los que caen en el pecado, sea cual sea. Algún borracho ocasional, alguna palabra fuera de tono, cosas así. ¿La sanción? "El infractor se para frente a la comunidad, en el templo después de la misa, y tiene que confesarse en voz alta, para disculparse con todos", dijo Pedro Fehr, hijo del obispo.
Jóvenes o viejos, solteros o casados, los menonitas trabajan y trabajan. Su queso llega a Buenos Aires y a Bahía Blanca. Eximios carpinteros, sus muebles visten las mejores casas en el recorrido desde Guatraché hasta Santa Rosa, a 200 kilómetros... y varios mundos de distancia.
Persuadido
(Télam).- El gobernador de La Pampa, Rubén Marín, estimó que antes del inicio del próximo ciclo escolar se solucionará la situación planteada con la comunidad menonita instalada en Guatraché, que se resiste a aceptar el sistema educativo que rige en la provincia.
"Creemos que lo vamos a arreglar en estos días; presumimos que vamos a convenir; incluso haremos una escuela en su propia colonia", explicó Marín en declaraciones al programa "Parte del aire", por Radio Nacional, al ser consultado por la nota publicada ayer en La Nación .





