
Los que en Posadas viven del contrabando
Hay dos mercados municipales en los que se consiguen cigarrillos, ropa y equipos de audio que ingresaron ilegalmente.
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POSADAS.- Los puestos desvencijados de chapa verde se amontonan en un terreno al aire libre con piso de tierra, a cincuenta metros del puerto local. "Mercado La Placita, municipalidad de la ciudad", anuncia un cartel colorido en la entrada del lugar. Adentro se ofrece una amplia gama de productos ingresados ilegalmente de Paraguay, desde cajas de cigarrillos hasta aparatos electrónicos.
Por la misma avenida, a doscientos metros, se levanta un galpón antiguo y despintado, que también se llama Mercado La Placita. Más de 300 puestos y tenderetes ocupan el edificio, de propiedad municipal. Discos compactos falsificados, juegos electrónicos, ropa de todo tipo y más cigarrillos baratos se entremezclan en los pasillos laberínticos, demasiado angostos para que los clientes paseen con comodidad.
Cada hora entran tandas de mujeres con bolsas negras llenas y se van al rato, con las manos vacías. Son las paseras que llegan en las lanchas colectivas que cruzan el Paraná desde Encarnación, al otro lado de la frontera. Otros van y vienen en una camioneta Ford F-100 roja, de un vecino que les cobra dos pesos el viaje.
Todo ocurre en silencio y con el ritmo cansino al que obliga el calor subtropical. Nadie ignora que se vende mercadería de contrabando. Ni los posadeños, ni la municipalidad, ni la Prefectura Naval, que tiene su base a doscientos metros de los mercados.
"El contrabando es una actividad más, hay que asumirlo -explica un oficial de una fuerza de seguridad-. Lamentablemente está en la vida cotidiana y no lo vamos a erradicar combatiendo el chiquitaje."
La mercadería ingresa por el puerto o por el puente internacional que une Posadas y Encarnación. Es un contrabando hormiga, pero del tamaño de un elefante: a los mercados públicos se suman los denominados "mesiteros", con sus tablados repletos de baratijas en toda la ciudad, los vendedores ambulantes y los comerciantes que venden en sus negocios productos importados sin estampillas de la Aduana.
"Ahora todos se preocupan por el contrabando porque mataron a un gendarme -se queja uno de los vendedores de La Placita-. Si esto fue así siempre..."
Se refiere al asesinato del cabo de la Gendarmería Néstor Vides, ocurrido el sábado último en un enfrentamiento con traficantes de tabaco.
"Estos cigarrillos son tan baratos porque cuando los exportan a Paraguay les sacan los impuestos y entonces después mis paseras los traen acá de vuelta a precios bajísimos", explica una adolescente que está a cargo de un puesto en La Placita del Puerto.
Como cualquier comerciante tiene su proveedor, en La Placita cada puestero tiene su tropa de paseros, que cobran entre 2 y 3 pesos por cada viaje de un lado a otro de la frontera.
Los cartones de cigarrillos están apilados en el piso y llevan una estampilla con la bandera paraguaya. Hay desde marcas conocidas, como Camel, Derby y Chesterfield, hasta extrañas, como Maltibor, con una caja y un logo casi idénticos a los de Marlboro.
Una mujer que aparenta 40 años, pero que dice tener 22, llega con una bolsa repleta de cajas amarillas y verdes de caldo Knorr Suiza. Acaba de bajarse de la lancha en el puerto. "Aquí está, doña", dice a la encargada de un puesto. Rompe los paquetes y aparecen las brasas de cigarrillos.
Otros puestos venden medicamentos de dudosa procedencia. Y si se pregunta a la persona indicada también se consigue marihuana en La Placita. "Yo lo puedo llevar con el señor, pero sólo si le va a comprar", asegura Carlos, uno de los trabajadores del mercado, cerca de la imagen de la Virgen de Caacupé que domina el centro del predio. Es preferible irse.
El arreglo
En el otro mercado, el techado, se consiguen autoestéreos con reproductor de CD y control remoto, por 120 pesos. "Los traemos de Paraguay -advierte el vendedor-. Le cuesta casi lo mismo que allá, sólo un poquito más por el arreglo que pagamos en la frontera, vio."
Se venden yerbas medicinales, juegos electrónicos, relojes, comida. "Nosotros pagamos impuestos y un canon a la municipalidad. Tenemos todo en regla", afirma Jorge Trello, otro de los puesteros.
Las autoridades locales y las fuerzas de seguridad federales aseguran que este tipo de comercio se originó a partir de la inauguración del puente internacional, hace 10 años. Dicen que no se puede controlar el contrabando sistemático en pequeña cantidad, pese a que reconocen que es una verdadera industria clandestina.
Cada tanto hay operativos en La Placita y la Prefectura se incauta de productos, pero a las pocas horas la situación vuelve a la "normalidad".
Esa normalidad que hace que nadie se sorprenda cuando ve por la plaza San Martín, en pleno centro de Posadas, a Ignacio, un ciego de nacimiento que camina con una bolsa llena de cartones de cigarrillos traídos de Paraguay. Los vende a casi la mitad de lo que valen en los quioscos y su "patrón" le da un porcentaje. "Es peor pedir limosna", se justifica, y reanuda su marcha lenta ayudado por el bastón.





