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"Luján es una ciudad muy antigua, colonial. Ya había poblamiento hispano a principios del 1600", dice Marcela Mendoza, antropóloga. Es lujanense y lidera el grupo de investigadores del proyecto "Conocimientos e Identidades Argentinas" de la Universidad Nacional de Luján, para descubrir los orígenes de los argentinos a través de exámenes de ancestralidad genética.
En el siglo XVII, Luján era parte de la ruta comercial del Alto Perú y fue uno de los primeros pueblos habitados por los criollos. "En el Barrio Centro de la ciudad todavía hay familias que están ahí hace 200 años", señala.

Además de mostrar el linaje materno y paterno de los participantes, el informe da su ancestría geográfica, es decir, un detalle dividido en porcentajes con la procedencia geográfica de los antepasados, hasta los bisabuelos.
El equipo hizo una prueba piloto en 2008 y en 2014 recibieron una subvención de la National Science Foundation. Al año siguiente se realizó un acuerdo entre la Universidad Nacional de Luján y las universidades norteamericanas de Oregón, Tennessee y Nuevo México para llevarlo a cabo. Comenzaron a contactar a individuos elegidos al azar en 2015. "Conseguimos 300 voluntarios, pero mantuvimos una comunicación más personalizada con un grupo de 80, que accedió a hacer entrevistas en profundidad", explica Mendoza.

No todo fue fácil a la hora de ubicar a los participantes. En principio, la intención era usar solo muestras del Barrio Centro, pero tuvieron que extenderse para alcanzar su objetivo. Abrieron la búsqueda al Barrio Santa Elena, que tiene más de 150 años de existencia, y a estudiantes de la universidad que vivieran en ambos barrios.
"Logramos analizar los resultados genéticos de 293 personas. Algunos no se pudieron testear porque tenían demasiado residuo de mate. La saliva salió verde", cuenta la antropóloga y se ríe.
Para desarmar prejuicios

La base de datos que se usa es clave, porque si el laboratorio no tiene muestras de una determinada región, no daría una posible coincidencia. "Nosotros usamos la del Proyecto Genográfico de la National Geographic Society, que aceptó la anonimidad de nuestros participantes", aclara Mendoza.
Logramos analizar los resultados genéticos de 293 personas. Algunos no se pudieron testear porque tenían demasiado residuo de mate. La saliva salió verde.
Además de mostrar el linaje materno y paterno de los participantes, el informe da su ancestría geográfica, es decir, un detalle dividido en porcentajes con la procedencia geográfica de los antepasados, hasta los bisabuelos. "Te puede dar un 80% del sur de Europa y un 3% del norte de África, esa es la parte más interesante", dice la investigadora y remarca que la mayoría de los participantes venía con una idea de sus orígenes y fue difícil enfrentarlos con otras variables.
Los resultados en Luján dieron mayoría de ancestros provenientes de Europa y el área mediterránea. Pero también que un 59,4% de los participantes tiene un antepasado de origen indígena. La mayoría de ellos desconocía este dato. "Si sabían que tenían antecedentes vascos, franceses e italianos, se agarraban de eso e ignoraban porcentajes de África o de nativo americanos. Pero para nosotros es importante porque es único en el contexto mundial".
Un 59,4% de los participantes tiene un antepasado de origen indígena. La mayoría desconocía este dato.
Detrás de este trabajo también hay un deseo personal de Mendoza: "Ojalá, los estudios de ancestralidad genética puedan ayudar a desarmar prejuicios o actitudes, en el caso argentino, hacia grupos sociales invisibilizados".
¿Nueva tendencia?

Desde hace un tiempo, los exámenes de ancestralidad genética son muy populares en Estados Unidos: empresas como 23andMe venden un kit de prueba que, con solo dejar una muestra de saliva, y enviarlo a un laboratorio, les permite dar un informe detallado de dónde provienen los antepasados. Cuestan entre US$60 y US$100 y pueden ser solicitados desde gran parte del mundo, aunque las empresas no hacen envíos a la Argentina por el momento.
En el país, pocos realizan estas pruebas –hay laboratorios en Buenos Aires y en Córdoba– y son hasta tres veces más costosas que en el exterior. Su precio varía entre US$250 y US$315.
Alan Mealla





