
Marvin Minsky: el visionario que ayudó a crear el mundo virtual
Con sus camisas arrugadas, su impaciencia y sus afirmaciones provocativas, Marvin Minsky tenía el aura del genio que sólo se deja seducir por empresas monumentales. El legendario pionero de la inteligencia artificial, que murió el domingo en su casa de Boston por una ataque cerebral, fue capaz de vislumbrar el futuro como pocos. Tenía 88 años.
Luego de graduarse como matemático, lo fascinó la posibilidad de recrear la mente humana en las computadoras y se dedicó a explorar la posibilidad de dotar de inteligencia a las máquinas. En el camino ayudó a inspirar el concepto de la computadora personal, se anticipó a la Internet y al movimiento del software libre, diseñó algunos de los primeros escáneres visuales y sensores táctiles, estuvo involucrado (junto con Seymour Papert) en la creación de la tortuga del programa Logo que se convertiría en el primer cursor y hasta desarrolló el primer microscopio confocal.
Invitado por el ingeniero Horacio Reggini, en 1992 Minsky estuvo en Buenos Aires y fue aplaudido como una estrella de la ciencia. Su aguda inteligencia, su curiosidad sin límites y sus ideas desafiantes revolucionaron las nociones sobre cómo funciona el cerebro y cómo aprende.
Minsky nació en Nueva York en 1927 y desde chico demostró inclinación por la ciencia. Se doctoró en Princeton, pero muy pronto lo deslumbró el problema de la inteligencia y la posibilidad de recrearla en las computadoras. En 1958, junto con John Mc Carthy, creó el programa de inteligencia artificial del MIT.
Una década antes se había construido la primera calculadora universal, Eniac, diseñada en la Universidad de Pensilvania. En esos días, muchos teóricos pensaban que los principios necesarios para acrecentar la potencia de las máquinas ya se dominaban y sólo se necesitaban nuevos logros de ingeniería para el almacenamiento de enormes cantidades de datos. Minsky, por el contrario, no dudó en sostener que la meta de las máquinas inteligentes sólo se alcanzaría por medio de nuevas concepciones acerca de la estructura de la mente y de la naturaleza del pensamiento.
En su libro La sociedad de la mente (Ediciones Galápago) llega a la conclusión de que la mente surge de procesos más pequeños a los que da el nombre de "agentes". Según su teoría, por sí sólo cada agente es tonto y no es capaz más que de realizar una tarea sencilla, pero la reunión de esos agentes en sociedades permite la aparición de la verdadera inteligencia.
Era una personalidad magnética, que cautivaba y desafiaba a sus alumnos. Su colaboración con el también matemático Seymour Papert, que (influido por las ideas de Piaget) desarrolló el lenguaje de programación Logo, y con Nicholas Negroponte, creador del Media Lab, del MIT, fueron momentos estelares en el desarrollo de la computación.
Hace un cuarto de siglo, en la entrevista realizada durante su visita a Buenos Aires que publicó LA NACION, anticipaba el rumbo hacia el mundo que hoy estamos comenzando a vislumbrar: "En el mundo virtual -dijo-, esta silla sabrá que es una silla; cuando uno termine de jugar, los juguetes se guardarán solos; todo estará limpio y tendrá sentido; será más eficiente y no perderemos tiempo. Ahora, el mundo es como un mal hotel. Algunos no se dan cuenta de cuán aburrido puede ser".
La versión completa de esta nota puede leerse en: www.lanacion.com.ar/1865562
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