
"Me da miedo tratar de reflejar la realidad de la mujer islámica"
La autora de "De parte de la princesa muerta" vino a presentar su última obra.
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Kenizé Mourad, periodista y escritora, compara su existencia con el infierno. La terrible historia de su vida la sumió en un sufrimiento del que, dice, no siempre se logra escapar.
Hija de un rajá de la India y de una princesa turca, y nieta de la última sultana del Imperio Otomano, Mourad nació en París en 1942, pero fue declarada muerta para evitar que vuelva a la India, su país de origen.
Así comienzó su tormentosa historia, reflejada en su primera novela, "De parte de la princesa muerta", un éxito editorial que fue traducido a 22 idiomas y agotó 6 millones de ejemplares en todo el mundo. "Un jardín en Badalpur", su última obra y motivo de su visita a Buenos Aires, es la conclusión de la larga búsqueda de su identidad. Ya lleva vendidas 80.000 copias en España y acaba de ser traída a la Argentina por Sudamericana.
Allí relata cómo descubrió su verdadero origen luego de crecer entre familias adoptivas, de estudiar en una escuela de monjas y de haber participado en las barricadas del Mayo Francés.
Personalidad con contrastes
La Nación dialogó con Mourad, una mujer elegante, frágil, de gestos delicados y pausados, y dueña de una imagen que no refleja sus sufrimientos pasados.
"Tuve que ir paso a paso por la vida -cuenta en un castellano simple-. No fueron pocas las veces que debí luchar contra mis impulsos para evitar decisiones fatales. Mi existencia fue un infierno."
-Sus dos novelas presentan directamente la historia de su vida.
-Sí. Durante años odié a mi madre por haberme negado al nacer, como se desprende de la obra "De parte de la princesa muerta". Ella creía que lo mejor para mí era no volver a la India para evitar que fuera criada bajo sus costumbres. Entonces me dio un nombre falso y me ofreció en adopción a una familia suiza. Nunca la conocí porque murió al poco tiempo.
-¿Cuándo descubrió su verdadero origen?
-A los 18 comencé a buscar a mi padre y a los 21 viajé a la India para encontrarme con él. Entendí que era el país más cruel del mundo; las mujeres viven muy sometidas. Tal vez en ese momento comencé a entender a mi madre y a sentir que tenía un compromiso con mi pueblo. Debía hacer algo por ellos.
-Por medio de la palabra escrita...
-Sí, decidí escribir sobre esa parte del planeta que es mía; tratar de generar un entendimiento entre la India, mi mundo de origen, y Europa, mi mundo adoptivo. También es un modo de hacer una síntesis dentro de mí: juntar esas dos realidades tan distintas y superar mis contradicciones internas. La mía es una experiencia que puede servir a mucha gente porque es una búsqueda de identidad, un problema actual debido a la confusión de estos tiempos.
-¿En "Un jardín en Badalpur", pone en práctica esa búsqueda?
-Sí. Cuento cómo fue mi infancia, mi conflictiva juventud en Francia y finalmente el reencuentro con mi padre. La trama es intensa y angustiante.
-¿Cómo resuelve esa búsqueda?
-Culmina cuando muere mi padre y me deja como legado un jardín en Badalpur, que por ley le fue otorgado a mi hermano. Tratar de recuperar ese jardín para mí fue todo un símbolo de búsqueda de la identidad.
-¿Por qué no intentó formar una familia?
-Una vida como la mía siempre tiene consecuencias de las que no se puede salir indemne. No quería confundir a un hijo en mis laberintos. Luego era tarde.
Un puente entre dos culturas
Mourad termina el relato de su vida con una sonrisa reparadora. Quiere hablar de sus compromisos con el presente y el futuro, que mansamente planifica desde su casa ubicada en el sur de Irlanda, donde pasa la mayor parte del año. El resto del tiempo lo distribuye entre París y otras ciudades.
-¿Usted promueve la literatura que se refiere a Medio Oriente?
-Quiero ser un nexo entre la cultura oriental y la occidental, que hasta ahora no logran aceptarse mutuamente. Desde hace varios años, en Europa no se puede escribir sin censura previa sobre el mundo musulmán.
-¿Tiene temor de ser perseguida?
-Sí, el peligro existe. No puedo negar que me da miedo tratar de refleja la realidad de la mujer islámica y sus inexplicables sometimientos.
-¿Qué opina de Salman Rushdie?
-Lo respeto, pero no comparto sus formas. El ataca el Islam y eso no es correcto. Considero que es posible hablar de esa religión sin injuriar. Por mi parte, voy a tratar de concentrarme en comprender el Islam, lo que no quiere decir aceptarlo.
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