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Gastronomía

Mercado de Belgrano: de feria de abastecimiento a nuevo polo gastronómico barrial

Mariano Jasovich
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31 de julio de 2018  • 15:41

Adriana Scalise, treintañera, prueba una serie de vinos malbec antes de elegir su compra en una vinoteca. Vacaciones de invierno mediante, una abuela acompañada por su nieto, de siete años, asiste a un curso de compost y huerta orgánica. Otras personas con changuitos y bolsas hacen la compra de la semana en la pescadería, la carnicería, la verdulería y la quesería del lugar. Todas estas escenas se cruzan en el renovado Mercado de Belgrano, ubicado en Juramento, entre Ciudad de la Paz y Amenábar, y fundado en 1891, en un terreno cedido por el escritor Rafael Hernández, hoy manejado por una cooperadora integrada por los propios comerciantes.

En el nuevo Mercado de Belgrano se cruzan los locales de los pioneros con los nuevos espacios gourmet que se sumaron desde la renovación que hizo el gobierno porteño en agosto del año pasado. De los 13 locales que contaba en el 2005 se pasó luego de la renovación a 38 locales y más de 125 empleados. El mercado se reinauguró tras una puesta en valor que involucró el arreglo de los techos para evitar goteras, instalación de baños nuevos para mujeres y la renovación de toda la cartelería.

Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Entre los nuevos integrantes del mercado, hay un pequeño local de dos jóvenes emprendedores, Kennetth Sly y Tomás Iakub. Simpleat vende kits de platos congelados listos para cocinar, y es uno de los ganadores de Potenciate Gastronómico 2017 del Gobierno de la Ciudad. "Trabajamos mucho con venta por Internet. Igual el propio movimiento del mercado también nos genera que la gente se interese y nos conozca", asegura Sly.

Simpleat ofrece unas bolsas con platos preparados que solo necesitan pasar unos 15 minutos por agua hirviendo. Así en su menú tienen, entre otros, vacío con puré de papas, lentejas con salchicha parrillera y sopa de cebolla caramelizada. Los precios oscilan entre los 150 y 180 pesos.

Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

Entre las ofertas gourmet se destaca la vinoteca Winemakers que sumó dentro del mercado su segunda sucursal en Buenos Aires. El local está a cargo del reconocido sommelier Juan Manuel Casarsa. "Trabajamos con vinos exclusivos de bodegas chicas –cuenta el experto–. Hacemos degustaciones tres veces por mes. La presencia en el mercado nos ayuda a que nos conozca más gente joven".

Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Una señal de que el Mercado de Belgrano se afianzará como un polo gastronómico del barrio es la instalación del tradicional comercio de especias Casa Polti, fundado en 1929. "A nuestra tradicional venta mayorista a los chef, dentro del mercado le sumamos muchos clientes jóvenes que empiezan a adoptar a este espacio como un paseo de fin de semana", sostiene Silvia Álvarez, encargada del local.

Otro espacio que le dio nueva vida al mercado, es el local del conocido chef Donato de Santis, Il Mercato Paradiso. Se trata de una pequeña embajada gastronómica de Italia en el corazón del Belgrano. Venden pastas secas, salsas, conservas y antipastos con las mismas materias primas que De Santis usa en su cocina.

Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Andrea Álvarez, socia de Donato, se entusiasma con la presencia en este espacio: "La cultura de los mercados llegó a Buenos Aires para quedarse. Como en las ciudades de Europa, estos espacios son sinónimo de calidad en las materias primas. El objetivo que puedan venir a pasear comer algo al paso y también llevarse productos muy tentadores".

En lo que va del año, abrió un local de comida armenia al paso, una cafetería, un local de ahumados del reconocido food truck Logia Erli y el local de comida asiática Kho, la opción al paso de Green Bamboo. El último hito fue el desembarco del consagrado chef Takehiro Ohno, uno de los máximos exponentes de la comida japonesa, con su Tienda Ohno.

Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Todo chef sabe que el inicio de sus platos está en la calidad de sus ingredientes. Muchos de esos secretos que corren de boca a boca de los cocineros están en los viejos locales del mercado. Uno de los más reconocidos es la fiambrería Valenti, que se instaló en el mercado en 1968. Sus quesos y fiambres lo llevaron de un primer pequeño puesto hasta el amplio local que tiene hoy. El detalle: en Valenti todavía se mantiene la costumbre de dar a probar algún producto al cliente para que decida la compra.

Otro de los pioneros es la pescadería Don Basilio. Su actual encargado es Federico Basilio Pereyra, tercera generación de pescaderos en el mercado. "Desde la renovación del año pasado nos cambió mucho la venta –asegura–. Viene mucha más gente joven que está de paseo y aprovecha a comprar. Igual, los clientes de siempre del barrio los mantenemos".

Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli

Pero hay dos locales que llevan en sus espaldas la historia del mercado. Uno es la carnicería El Rosarino, elegida siempre entre las mejores de Buenos Aires. Y otro es la verdulería "Don Jorge", atendida ahora por Edgardo Yarrouge, cuarta generación de comerciantes en el mercado. "Yo casi veo morir el mercado en el 2005 –se emociona Yarrouge–. Pero la peleamos y pudimos salir adelante. Éramos apenas 13 puestos en ese momento, con poca luz y poca limpieza. La renovación vino bien para agregar clientes que antes capaz ni se animaban a entrar".

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