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Historias sobrenaturales

Mitos argentinos: el fantasma de una niña decapitada por un león aterroriza a un pequeño pueblo

Leandro Vesco
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19 de junio de 2020  • 00:18

En un pequeño pueblo tierra adentro en la pampa bonaerense, donde apenas viven menos de diez habitantes, hay un bosque donde los lugareños eligen no estar cuando cae la tarde. Dicen que pierden muy fácilmente la orientación y ven siluetas extrañas.

Allí, en las inmediaciones de una capilla neogótica abandonada, el espectro de una niña que halló la muerte entre 1904 y 1910 por el zarpazo de una leona que la decapitó amenaza la natural tranquilidad de este olvidado rincón donde en los primeros años del siglo XX se asentó la esplendorosa estancia La Matilde (luego se conocida como Montelén), uno de los establecimientos agrícola ganaderos más importantes del país.

Alrededor de la estancia se formó un pueblo. "Tuvo todo tipo de excentricidades, incluso existió un zoológico privado con jaula para leones, que dio origen a la tragedia", sostiene Juan Luján Caputo, vecino e historiador local.

"Todos quieren ver el fantasma de la niña", afirma Caputo. En el periodo de tiempo que se menciona, hubo una muerte trágica en la estancia. Juan Francisco Salaberry y su esposa, Matilde Bercetche, los propietarios, crearon un pequeño feudo del que llegaron a depender directa o indirectamente más de 1000 personas y hasta formaron un pueblo que se bautizó con el apellido Salaberry (es conocido como Máximo Fernández, el nombre de la estación de tren), en el partido de Bragado, provincia de Buenos Aires.

Lo que queda de la escuela, destrozada por un tornado
Lo que queda de la escuela, destrozada por un tornado

"La Matilde llegó a tener una pajarera de cien metros de largo por diez de alto con las aves más exóticas y un zoológico privado con bestias traídas de lejanos países", atestigua Caputo. El paisajista francés Carlos Thays diseñó el parque, que incluyó un lago artificial y una pérgola. Varias jaulas exhibían animales. "Lo más raro fue que los Salaberry tenían una osa africana y una polar", cuenta el historiador. Para la segunda, y con el fin de mantener el improvisado hábitat, tuvieron que montar una fábrica de hielo, que lo producía las 24 horas del día. "El problema surgió en la jaula de los leones", afirma.

No se sabe con certeza la edad, sí que se trató de una niña, algunos dicen que fue la hija o la nieta (y que acaso se llamaba Amalia) del cuidador de la jaula y responsable de darle de comer a los leones. Un día se acercó demasiado y de un zarpazo, el felino la decapitó.

"Pensamos que extendió un brazo, imitando a su padre cuando alimentaba a las fieras y la desmembró", sugieren desde la administración actual de la estancia. "Fue una tragedia y se vivió como tal", confirma Caputo. Los restos -según creencias de la zona- habrían sido enterrados en el propio predio donde en 1914 la familia Salaberry decidió construir una imponente iglesia neogótica con materiales traídos de Europa. Las apariciones comenzaron y la leyenda nació.

Otro testimonio de peso que confirma la muerte la da el doctor Mario Corte, desde Bragado. Su padre fue médico de la estancia y en efecto, asegura que la muerte de la niña fue real y sucedió a través de las garras de una leona.

"Un peón de la estancia que llegó de Italia en 1926, llamado Ernesto Gasparini, me contó que los padres y abuelos de la niña comenzaron a ver el fantasma después de su muerte", asegura Caputo, quien recorrió el lugar donde ocurrió el hecho (hoy en ruinas) junto a este hombre cuando tenía cerca de 90 años. "En esa jaula murió la niña", le señaló.

La capilla abandonada
La capilla abandonada

"Todo el vecindario de la estancia y del pueblo la hacen una historia verídica", sentencia. El lugar elegido por la presencia sobrenatural es la capilla y el bosque. "Es parte de la historia del lugar, el fantasma puede existir, la leyenda está basada en una historia real", aseguran desde Montelén.

La historia de la estancia tiene hechos históricos que la vuelven muy atractiva. Las tierras en principio pertenecieron a Facundo Quiroga. En 1872 las compra Máximo Fernández, quien la bautiza La Matilde, en honor a su esposa, que luego de viajar a Europa no quiso regresar jamás allí. En 1904 se hacen cargo los Salaberry, que llegaron a tener una fábrica de tomates al natural que se comercializó como Tomatoy y hasta un molino con patente Eiffel. Matilde también se llamó la esposa del jefe de familia (quien murió en 1908).

Esplendor y ocaso, sus hijos mal administraron los bienes y desde 1934 hasta 1942 la dirigió la Compañía Argentina de Bienes Raíces. En este último año, la compró un personaje que pasaría a la historia mundial: Francisco Suárez Zabala, el creador de Geniol y Uvasal. En 1974 un tornado destrozó la capilla, dejándola en ruinas.

"Era una mañana, temprano, estaba ordeñando una vaca y sentí un grito muy fuerte: '¡Papá! ¡Papá!'. Venía del lado donde estaba el monte (la capilla), donde teníamos nuestra casa", afirma Federico Benítez, quien trabajó tres años como puestero en la estancia junto a su familia, hasta el año 2010. "No vi a nadie, y seguí ordeñando, pero volví a oír un segundo grito, y esta vez fue desgarrador: ¡Papaaaaá!", cuenta. Dejó de hacer aquello y fue corriendo hasta la casa: toda su familia estaba durmiendo. Luego, al preguntarles, aseguraron que jamás lo llamaron. "Me dejó helado, jamás olvidé ese grito, lo recuerdo hasta el día de hoy", confiesa.

Los vecinos prefieren no pasar después de las 17
Los vecinos prefieren no pasar después de las 17

En 2011, la fotógrafa aficionada María Alejandra Fuentes fue hasta las ruinas de la capilla, sacó fotos con una cámara digital y cuando regresó a Mechita, el pueblo donde vive (también en Bragado), y las bajó a su computadora vio que en una de ellas aparecía el rostro de una niña en una de las ventana del templo. "Observamos que mi perra estaba atemorizada, que no se movía y se incrustaba entre mis pies, no le dimos importancia en el momento ni tampoco observamos nada raro", expresó en aquel entonces por Canal 5 de Bragado, relatando la experiencia. El hecho resucitó una historia de un siglo atrás, que todavía inquieta a los pobladores de Salaberry.

La niña apareció en una imagen captada por una fotógrafa aficionada
La niña apareció en una imagen captada por una fotógrafa aficionada

"Cuando vivíamos allí, antes que se hiciera de noche, ya no íbamos para el monte ni para la capilla", asegura Benítez, que hoy vive en el vecino pueblo de San Emilio. ¿Las causas? "Rápidamente se vuelve oscuro, aún de día y te perdés", afirma. La misma sensación tiene Juan Luján Caputo, quien vive en La Limpia, a 20 km de la estancia. "Después de la cinco de la tarde, no se te ocurra caminar por la capilla, das un paso en falso y no sabes dónde estás", asegura.

La muerte de la niña determinó el fin del zoológico de los Salaberry y la tragedia marcó un antes y después: la provincia prohibió los espacios privados para cautiverio de especies exóticas y los animales de la estancia fueron trasladados a varios zoológicos, entre ellos, el de la ciudad de Buenos Aires.

"Quedó un león viejo que nadie quiso y los Salaberry hallaron la forma de ajusticiarlo: hicieron un duelo entre esta bestia y un burro", cuentan desde la Estancia. El acontecimiento concentró a más de mil personas, hubo invitados de los dueños de casa y se acercó gente de toda la región. ¿Quién ganó? "Cuando hacemos la visita guiada todos se sorprenden: ganó el burro", aseguran fuentes de Montelén. "Hoy nos puede parecer atroz, pero para los años 20, no había muchos entretenimientos en el campo", afirman.

Las visitas guidas por las ruinas de la capilla se hacen a través de reservas. El lugar es propiedad privada y se evita que ingresen los buscadores de presencias del más allá.

La vieja pulpería de Salaberry es la única luz que se ve por la noche de un pueblo que llegó a tener más de mil habitantes. El espectro de la niña de la capilla de la estancia Montelen es referencial. Todos dicen haberla visto, y prefieren no pasar por allí. "Los lugares abandonados tienen presencias, para el hombre de campo, son almas que están vagando", concluye Caputo.

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