Nace un estadio rodeado de sospechas

Será uno de los complejos más importantes del país; el presupuesto original era de $ 20 millones, pero ya se gastaron $ 72.268.370
Pablo Morosi
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20 de mayo de 2003  

LA PLATA.- El monumental Estadio Ciudad de La Plata, que será inaugurado mañana con un partido entre los seleccionados de fútbol de la Argentina y el Uruguay, combina una historia signada por la desproporción, la fastuosidad y las sospechas de corrupción.

Emplazado en un predio de 26 hectáreas, en el extremo norte del casco urbano, el estadio único -tal como se le conoce- será el escenario deportivo tecnológicamente más moderno del subcontinente, con capacidad para 53.000 espectadores.

Los registros del Ministerio de Economía provincial señalan que, desde que se inició la obra, en 1997, se llevan gastados $ 72.268.730.

De esa cifra, $ 11.070.039 corresponden a lo invertido en los últimos meses para lograr una terminación parcial que permitirá poner el coloso en funcionamiento, aunque el nivel de avance de obra sólo alcanza al 60 por ciento.

Ocurre que el proyecto original, ideado por el arquitecto Roberto Ferreira, era un reducto para 32.000 personas, con un lateral techado y un costo de $ 20 millones. Sin embargo, el plano sufrió grandes cambios en la capacidad de espectadores -como se dijo- y en la inclusión de una cubierta, que quintuplicaron el presupuesto previsto. Sólo el techado tiene un valor de 22 millones de dólares, sin contar impuestos y el canon aduanero.

Según cálculos del Ministerio de Infraestructura, Vivienda y Servicios Públicos provincial, completar el estadio demandaría $ 150 millones más.

Por pedido de Duhalde

La ampliación del proyecto fue un pedido del entonces gobernador Eduardo Duhalde, que pretendía "un estadio del siglo XXI, con capacidad para disputar torneos internacionales y realizar otros eventos", tal como relató el diputado Carlos Martínez (PJ), designado por Duhalde como interlocutor entre su gobierno y la obra.

Así, se incluyeron 1200 metros de vestuarios recubiertos en mármol, un avanzado sistema de ventilación, rampas de acceso de acero inoxidable y el deslizamiento del campo de juego, innovaciones ahora eliminadas.

Para Martínez, que presidió la comisión bicameral de seguimiento de la obra, "hay que poner el proyecto en el contexto de un país que crecía y una provincia que hacía de la obra pública su principal herramienta". Y aseguró: "La administración fue transparente y puntillosa".

Sin embargo, entre los registros del Ministerio de Economía y los del Tribunal de Cuentas hay una diferencia de casi $ 4 millones que nadie sabe explicar. Mientras en el primero figura que los gastos totales hasta 2001 -cuando la obra quedó inactiva- fueron de $ 61.198.691, en el organismo de control se consignaron erogaciones por $ 65.172.058,72.

Según lo constatado por el Tribunal de Cuentas, sólo $ 48.627.249,93 fueron destinados a la construcción. Los restantes $ 16.544.808,79 correspondieron a gastos de funcionamiento de la Unidad Ejecutora (UE), encargada de administrar la obra.

La UE -disuelta por el gobernador Felipe Solá- fue dirigida por Conrado Bauer, un intachable ingeniero que, pese a poder operar con un régimen de excepción, se manejó con la ley de obra pública provincial, esto es, con los controles correspondientes.

El secretario general del Tribunal de Cuentas, Roberto Vicente, afirmó que los gastos de la construcción no sufrieron objeciones.

Curiosamente, Vicente -ex presidente de Gimnasia y miembro de la Fundación del Estadio comitente de la obra- fue designado por el titular del Tribunal de Cuentas, Eduardo Grinberg, para explicar a LA NACION que los gastos estaban en orden.

El funcionario aclaró: "Yo acá tengo un cargo administrativo desde hace años y no participé de los controles, pero soy de los que más saben del tema y me pidieron que lo atienda".

Si bien no existen denuncias ante la Justicia por irregularidades, varias fuentes consultadas criticaron el manejo "ostentoso" de la UE. "Era puro despilfarro", dijeron dos miembros de la fundación que pidieron reserva de su identidad. Un vocero de Economía precisó que en la UE "se autofijaron sueldos de $ 8000, casi tres veces superiores al de un ministro".

"No hubo gastos exagerados -se defendió Bauer-. Nosotros preferimos tener una estructura acotada, de 15 personas con buenos ingresos, y así contar con gente capacitada."

El estadio se coló en la agenda de la campaña electoral cuando el candidato del Movimiento Nacional y Popular, Adolfo Rodríguez Saá, lo calificó como "monumento a la corrupción". Un vocero del puntano indicó a LA NACION: "La obra costó US$ 50 millones y ahora pidieron otros $ 30 millones para terminarla. En San Luis hubiera salido15 millones. Lo demás es robo".

El guante fue recogido por el ministro de Infraestructura, Vivienda y Servicios Públicos, Raúl Rivara. "Yo podría decir que el estadio Funes de San Luis es un monumento a la corrupción porque demandó $ 7 millones y yo hice una cancha en mi quinta que me salió $ 1300", ironizó. Destacó que "el estadio único no tiene parangón en el país".

Se deslindaron responsabilidades

LA PLATA.- El arquitecto Roberto Ferreira y los profesionales que lo acompañaron en la dirección de obra del Estadio Ciudad de La Plata deslindaron ayer su responsabilidad ante cualquier ulterioridad derivada de la terminación de las obras tras la rescisión de su contrato con la Fundación Estadio Ciudad de La Plata.

Así lo expresó Ferreira en una carta a LA NACION en la que aseguró haber advertido "en diversas ocasiones al comitente, durante el prolongado período en que las obras estuvieron paralizadas, la necesidad de adoptar medidas preventivas para evitar daños en las estructuras construidas".

Luego agregó: "Ante la información pública de la próxima inauguración del estadio y desconociendo las condiciones en las cuales se han ejecutado las obras que permiten tal habilitación, el arquitecto Roberto Ferreira y su equipo profesional deben dejar constancia de que no han sido consultados ni han participado en esta etapa de los trabajos, deslindando en consecuencia cualquier responsabilidad originada por la intromisión de modificaciones al proyecto original y por la omisión de la ejecución de obras y trabajos preventivos oportunamente recomendados".

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