
Palermo Viejo, entre el crecimiento y el éxodo
Numerosos vecinos se mudan porque no pueden adecuarse al cambio, pero también porque venden sus casas a muy buen precio
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El barrio era un remanso de almacenes, casas "chorizo" y talleres mecánicos cuando Inés S. M. compró una casona en la calle Gorriti, casi esquina Thames. La vertiginosa transformación de Palermo Viejo la sorprendió quince años más tarde en la puerta de su vivienda.
Mientras una mañana bajaba del auto las bolsas del supermercado, vio cómo un grupo de desconocidos entraba alegremente por la puerta principal de su casa, derechito al living.
Meses antes, Inés había tenido que lidiar con los restaurantes vecinos que cocinaban sin extractor de olores y, también, con la música a todo volumen de los bolichitos nocturnos. Entonces, se consolaba. Es el progreso, pensaba. "¿Qué le voy a hacer?", se preguntaba casi sin respuesta.
Hasta que un día se cansó. "Eran de esos tours organizados que salían a recorrer los atelieres. Vieron la puerta abierta ¡y entraron! De repente, encontré extraños sentados en mis sillones, paseando por mi cocina... era absurdo. Hace un par de meses colgué el cartel de venta", cuenta Inés S.M.
La mujer recuerda la cantidad de vecinos pioneros que en los últimos años abandonaron Palermo Viejo espantados por la invasión de comercios que terminaron por alterar la fisonomía y el espíritu original de esa área rebautizada Soho, por el nombre que adoptó el barrio neoyorquino (sobre lo que se informa por separado).
Desde 2001 a diciembre de 2004, según datos aportados por el gobierno porteño, se habilitaron 800 locales en un puñado de cuadras, entre ellas, Borges, Cabrera, Costa Rica, Nicaragua, Soler, Honduras, Guatemala, El Salvador y Malabia.
La dinámica del mercado determina su permanencia, pero se cree que sólo en ese circuito hoy funcionan cerca de 3500 locales de gastronomía, indumentaria y diseño, entre otros rubros.
La caída de la importación puso en órbita esa área de la ciudad que hoy es sinónimo de vanguardia y creatividad. La respuesta a la cultura del shopping.
Pero mientras algunos celebran la vuelta del made in casa, otros ven que es ahora o nunca: escapar antes de que se sature el barrio y que la decadencia impida un buen negocio inmobiliario.
La oferta
Una recorrida por el corazón del fenómeno sirve para advertir el aumento de la oferta de propiedades frentistas, especialmente de casas de época, cuyos valores treparon a cifras inesperadas.
"En 2004 concretamos 120 operaciones de alquiler y 50 ventas de viviendas situadas en esas 20 cuadras próximas a la plaza Cortázar", afirma Horacio Berberian, de la inmobiliaria Shenk.
"La mayoría de esas propiedades se transformó en comercios. Y hay muchas familias que decidieron alquilar el garaje o el living de sus casas y retirarse a la parte trasera para asegurarse un ingreso mensual que puede oscilar entre los 2500 y 12.000 pesos. El metro cuadrado alcanza hoy los 1300 dólares y hasta más, si la propiedad está en condiciones. Lo interesante es que en los últimos tres años, el que fija el precio es el propietario", afirma Berberian.
Los exiliados de Palermo Viejo optan por achicarse y eligen zonas alejadas del ruido, como Villa Crespo y Coghlan.
Es así que el ruido, la cantidad de transeúntes, los vendedores ambulantes con sus "chiches" desparramados sobre lonas en la vereda, las mesas y sillas de los bares en la vereda y la amenazante degradación del patrimonio arquitectónico (ver recuadro) movilizó a los vecinos que, reunidos con representantes del CGP, fijaron algunas normas de convivencia para comercios y para particulares.
En diciembre se firmó un acuerdo con los comerciantes del sector gastronómico y con la Subsecretaría de Control Comunal para determinar el número y la ubicación de las mesas y sillas en las veredas frente a la plaza Cortázar.
Corredor turístico
"Con los artesanos se está trabajando porque la idea es crear un corredor turístico y ubicarlos así en un galpón ubicado en la calle Gurruchaga. Los vendedores ambulantes quedarán en manos de la Justicia Contravencional, una vez que entre en vigencia el nuevo Código de Convivencia. De a poco vamos haciendo las cosas", afirma Néstor Sánchez, titular del CGP 14 Este.
Mientras eso no suceda, algunos comerciantes ya vislumbran que se producirá una saturación. "El perfil del visitante cambió. Antes, venía gente a comprar productos diferentes, exclusivos.
"Ahora, el público viene los fines de semana pero no a comprar, sino a pasear", afirma Alicia C., al frente de la boutique Emblema, sobre la calle Gurruchaga.
En una esquina próxima a ese comercio, los obreros derribaron el interior de una casona para ampliar la sede palermitana de una famosa marca de ropa deportiva que reabrió en diciembre. Es el progreso. Qué se le va a hacer.





