Para 2050. El calor extremo afectará a casi la mitad de la población mundial: cuáles son los países más perjudicados
Brasil, Venezuela, Paraguay, Honduras, Guatemala y Nicaragua concentran los mayores impactos en la región; los especialistas advierten sobre el impacto de las altas temperaturas en el sistema sanitario
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Casi la mitad de la población mundial, unos 3790 millones de personas, vivirá bajo condiciones de calor extremo en 2050, según un estudio de la Universidad de Oxford. Ese escenario se produciría si el planeta alcanza los 2°C de calentamiento global por encima de los niveles preindustriales, una hipótesis que los científicos del clima consideran cada vez más verosímil.
El informe publicado en la revista Nature Sustainability expone implicaciones severas a escala global. En efecto, las cifras evidencian una aceleración marcada del fenómeno: en 2010, el 23% de la población mundial vivía bajo condiciones de calor extremo, y en las próximas décadas ese porcentaje escalará hasta el 41%.
“El aumento del calor en todo el mundo tendrá impactos negativos muy fuertes. De hecho, observamos efectos en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ONU)”, explicó Radhika Khosla, profesora asociada en la Smith School of Enterprise and the Environment y líder del Programa Future of Cooling de Oxford Martin School.
El aumento del calor en todo el mundo tendrá impactos negativos muy fuertes en la salud, la educación, la igualdad de género y los sistemas alimentarios. “Las investigaciones muestran que las temperaturas excesivas dificultan el aprendizaje de los niños en el aula. La igualdad de género también se ve afectada cuando aumenta el calor, ya que las mujeres suelen tener menor acceso a la atención sanitaria, mayores probabilidades de vivir en la pobreza y una carga más pesada de tareas domésticas”, señaló Khosla
Y agregó: “La productividad también se reduce porque se limitan las horas de trabajo, especialmente entre los trabajadores al aire libre, más expuestos a los riesgos del calor. Además, las cadenas de suministro se encarecen y se vuelven más difíciles de gestionar, sobre todo cuando los productos deben mantenerse refrigerados. Estos son solo algunos ejemplos de cómo el calor extremo dificultará alcanzar un desarrollo sostenible”, señaló Khosla
Según el informe, los 20 países con los cambios más significativos en los llamados Grados Día de Refrigeración (GDR) una medida que estima la necesidad de enfriamiento, son todos países en desarrollo. Se concentran cerca de la línea del Ecuador o en latitudes tropicales y subtropicales, donde predominan climas cálidos con temperaturas elevadas durante todo el año. Se espera que estos cambios ejerzan una presión adicional sobre el desarrollo socioeconómico de estas regiones.
La mayoría de los países más afectados se encuentran en África (República Centroafricana, Nigeria, Sudán del Sur, Burkina Faso, Mali, Chad, República Democrática del Congo, Camerún, Uganda, Benín y Congo), aunque también aparecen naciones de América del Sur (Brasil, Venezuela y Paraguay), Centroamérica (Honduras, Guatemala y Nicaragua) y el Sudeste Asiático (Laos, Tailandia y Camboya).
“Las regiones más afectadas son África y Asia meridional. Los países que enfrentarán las temperaturas más extremas son la República Centroafricana, Nigeria, Sudán del Sur, Laos y Brasil. Desde otra perspectiva, ligada al tamaño de la población: India, Nigeria, Indonesia, Bangladesh, Pakistán y Filipinas concentran las poblaciones más numerosas que también sufrirán los mayores niveles de calor”, afirmó Jesús Lizana, autor principal del informe y profesor asociado en ciencias de la ingeniería en Oxford.
Según los resultados del estudio, el impacto del calor extremo no será homogéneo a nivel global. “Las naciones de bajos ingresos presentan una vulnerabilidad social relativamente mayor, lo que significa que suelen estar peor preparadas para enfrentar los impactos del calentamiento, al tiempo que experimentan algunos de los aumentos más pronunciados del calor extremo”, explicó Luke Parsons, de The Nature Conservancy.
En la misma línea, Khosla sostuvo: “En los países donde la población suele depender de suministros energéticos informales o fuera de la red, el avance del calor extremo va a dificultar aún más la vida cotidiana. Energía que antes podía destinarse a iluminar los hogares o cargar un teléfono deberá usarse para mantener ambientes frescos”.
La especialista también advirtió que los países que aún dependen en gran medida de los combustibles fósiles, incluidas algunas naciones desarrolladas, registrarán emisiones considerablemente más altas al intentar refrigerar a sus poblaciones. “Esto crea un círculo vicioso: intentamos sobrevivir al calor quemando combustibles fósiles, lo que libera gases de efecto invernadero y vuelve las olas de calor cada vez más frecuentes e intensas”, señaló.

El informe de la Universidad de Oxford sale apenas unos meses después de la publicación de The Lancet Countdown Latinoamérica, que advirtió que la mortalidad asociada al calor aumentó un 103% en América Latina y el Caribe. De hecho, la región registra un crecimiento sostenido de las muertes vinculadas a las altas temperaturas entre 1990 y 2021, con un incremento especialmente marcado a partir de 2008.
En América Latina, el impacto ya tiene una traducción económica concreta. El calor le costó a la región unos 855 millones de dólares anuales en el período 2015–2024, un aumento del 229% en comparación con los años 2000–2009. Además, las pérdidas laborales asociadas al calor alcanzaron en 2024 los 52.000 millones de dólares, equivalentes al 0,81% del PIB regional, con una suba interanual del 12,6%, que afecta principalmente a los sectores de la agricultura y la construcción.
“Sabemos que el calor extremo impacta la salud de múltiples formas, desde la presión sobre el sistema cardiovascular hasta la salud mental y la capacidad de mantener la productividad. Estos efectos se intensifican en regiones donde las personas no pueden costear aire acondicionado u otras medidas de adaptación, donde faltan espacios públicos frescos o predominan entornos urbanos densamente construidos. Las personas más desfavorecidas son las que soportarán la mayor carga de esta tendencia hacia días cada vez más calurosos. A este fenómeno lo llamamos pobreza sistémica de refrigeración”, advirtió Khosla.
El estudio muestra que la mayoría de los cambios en la demanda de refrigeración y calefacción ocurren antes de alcanzar el umbral de 1,5 °C. “Eso obliga a implementar medidas de adaptación significativas desde el inicio. Muchos hogares podrían necesitar instalar aire acondicionado en los próximos cinco años, pero las temperaturas seguirán aumentando mucho después de eso si alcanzamos los 2°C de calentamiento global”, planteó Lizana.
El informe de Oxford agrega que los países tradicionalmente más fríos experimentarán, en términos relativos, aumentos aún más pronunciados en la cantidad de días incómodamente calurosos. En comparación con el período 2006–2016, cuando la temperatura media global ya había aumentado 1°C respecto de los niveles preindustriales, un escenario de 2°C de calentamiento implicaría una duplicación de esos días en Austria y Canadá, un aumento del 150% en el Reino Unido, Suecia y Finlandia, del 200% en Noruega y del 230% en Irlanda.
Ese desafío es particularmente complejo para los países desarrollados, debido a la arquitectura de sus ciudades. “Sus edificios, sistemas de transporte, viviendas y estilos de vida están diseñados para climas frescos. Las casas suelen construirse para retener el calor y reducir la ventilación, pero durante la temporada cálida es necesario revertir completamente esas estrategias. El entorno construido no está preparado para soportar altas temperaturas, por lo que incluso aumentos moderados se sienten con intensidad. Un estudio reciente de Oxford mostró, por ejemplo, que las olas de calor en el Reino Unido provocaron picos en la demanda diaria del Servicio Nacional de Salud”, advirtió Lizana.
Además, el calor extremo puede desbordar la capacidad de suministro, incluso en países con redes energéticas consolidadas. “Lo vimos recientemente en el Reino Unido, cuando se encendieron centrales eléctricas a carbón para cubrir la demanda generada por los sistemas de aire acondicionado”, explicó Khosla.
Ante la pregunta por las políticas públicas necesarias para evitar que el calor extremo derive en una crisis sanitaria, social y productiva, los especialistas coinciden en que la clave está en una transformación estructural del sistema energético y de las estrategias de adaptación.
“Todos nuestros hallazgos demuestran la necesidad urgente de transitar hacia fuentes de energía limpia, para frenar este círculo vicioso de quemar combustibles fósiles con el objetivo de mantenernos frescos. Iniciativas como el Compromiso Global de Refrigeración (CGR), de la ONU, muestran cómo los países pueden coordinarse para reducir las emisiones asociadas a la refrigeración y, al mismo tiempo, proteger a las poblaciones de manera sostenible”, advirtió Lizana.
Según detalló el autor principal del informe, la refrigeración sostenible implica ampliar el acceso a métodos pasivos como la plantación de árboles, la ventilación natural, la generación de sombra, elevar los estándares de eficiencia energética y eliminar gradualmente los refrigerantes que contribuyen al calentamiento global.
“Muchos países ya cuentan con políticas de refrigeración, como estándares mínimos de eficiencia, pero en pocos casos están integradas de forma coherente en los planes climáticos y de desarrollo. Es necesario que las personas tomen conciencia y actúen para protegerse a sí mismas y a las comunidades más vulnerables cuando aumentan las temperaturas”, sostuvo Lizana.
En ese sentido, Khosla subrayó la necesidad de contar con evaluaciones locales de vulnerabilidad basadas en proyecciones científicas de exposición al calor. “Eso permite diseñar respuestas políticas coordinadas y orientadas a adaptaciones estructurales y de largo plazo, en lugar de medidas aisladas y coyunturales”.

“Algunas ciudades de la India cuentan con planes de acción frente al calor para acelerar y mejorar las respuestas ante el aumento de las temperaturas, pero su implementación requiere mecanismos claros de rendición de cuentas, ya que los impactos del calor atraviesan prioridades centrales del desarrollo, como la salud, el acceso a la energía, la productividad y la educación”, añadió Khosla.
Y concluyó que es importante no perder de vista el potencial de las soluciones disponibles: “Acelerar la transición hacia energías limpias y aumentar el financiamiento destinado a la adaptación climática en las regiones en desarrollo podría ayudar a mitigar los peores impactos”, sostuvo. Según un informe reciente de la ONU, agregó, el mundo podría ahorrar hasta 17 billones de dólares entre 2025 y 2050 si se adoptan opciones de refrigeración sostenibles“.
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