Pinamar y Cariló, a tope de turistas
Cada vez más elegida por los veraneantes, esta zona de la costa atlántica equilibra como pocas tranquilidad y movida. En las últimas temporadas creció la construcción y se consolidaron los barrios cerrados
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PINAMAR.- Dunas imponentes frente al inmenso mar y un cielo infinito como telón de fondo. Amaneceres y atardeceres que pintan todo de dorado. Tranquilidad y relax. A escasos kilómetros, filas interminables de autos, familias enteras que caminan de un lado a otro, niños alborotados con los jueguitos, movida nocturna y bullicio. Así es el contraste en plena temporada en Pinamar .
Desde fin de año , estas playas están colmadas de turistas. Hay familias numerosas que se mueven en bloque, jóvenes que viajan en grupo en busca de diversión y parejas en plan romántico.
La tendencia en Pinamar y Cariló sigue siendo alquilar departamentos o casas entre varios. Para los aventureros, hay campings, tradicionales y de lujo. Y este año se consolidó la oferta en barrios cerrados.
Extensión clave
La zona conocida como Pinamar Norte (pasando la zona del golf) creció de un verano al otro y se nota: hay más casas terminadas y habitadas, muchas obras en construcción y amplias áreas que comenzaron a lotearse y venderse. ¿La gran novedad? La Avenida del Libertador, que atraviesa Pinamar de Sur a Norte en paralelo al mar, se extendió un kilómetro hacia el Norte.
De esta manera, las paradisíacas playas de La Frontera ya no son exclusivas para vehículos 4x4: ahora se puede llegar por Libertador, entre pinos y casas suntuosas. Es verdad, concluido el trayecto hay un tramo de médanos que parece interminable, pero se puede hacer caminando. Y el esfuerzo vale la pena: son las playas más amplias las que esperan detrás de las dunas. Además del paisaje, otro imán para los turistas es el parador El Más Allá, un histórico de Pinamar que está abierto todo el año y ofrece exquisiteces. ¿Recomendados? La fondue de queso y la pierrade.
Lejos del refugio de la arena, en el centro de Pinamar, el tránsito colapsa sobre la avenida Bunge. Ir hasta la Avenida del Mar desde la terminal de ómnibus o desde las estaciones de servicio de la Intermédanos puede llevar hasta media hora. Los peatones que cruzan por fuera de las sendas y los operativos de seguridad aportan una cuota de demora.

La policía, presente
La seguridad es tema de conversación recurrente entre vecinos, comerciantes y visitantes. Hay sorpresa por la cantidad de policías, con sus estridentes chalecos o camperas amarillo flúo del Operativo Sol, tanto en las playas como en las calles. Lo más llamativo, situación que asusta a más de uno, es que hay efectivos apostados con armas largas y completamente cubiertos: sólo se les ven los ojos. Son del Grupo Halcón y del Grupo de Apoyo Departamental (GAD).
Los precios también están presentes en los comentarios cotidianos. Los turistas cuidan el bolsillo como nunca, comparan precios y comparten información sobre ofertas. Cenar afuera dejó de ser un hábito y solo en algunas ocasiones se elige ese plan. Se imponen las grandes picadas y los asados entre amigos puertas adentro.
¿Algunos precios promedio? La porción de rabas $ 105, un sándwich tostado $ 50 y media docena de churros $ 30.
En Pinamar hay variedad para comer y tomar. Desayunos frente al mar, almuerzos al sol, cenas a la luz de las velas o de la luna. Y clásicas comidas en restaurantes tradicionales que no fallan. Viejo Lobo, Jalisco, Tante, La Gamba, Ceviche, Akira Nikkei, Sushi Club, Il Garda, Sociedad Italiana, Palote, Il Commendatore y Tamarisco por mencionar algunos ¿Novedades? En Bunge y Del Buen Orden abrió Taste Garden, un lugar canchero donde comer Knackwurst (salchicha alemana) o goulash. En Cariló estrenó sede El Almacén de Pizzas.
Opciones al por mayor
Durante el día, un cafecito en Innsbruck, frapuccino en No me olvides, wafles en Wiches, heladito en Cauca o limonada en el parador Marbella son los planes más elegidos. Al caer la tarde, El Chiringo y Antares son dos opciones para tomar tragos y cerveza.
De noche, Pinamar explota. Hay una amplia variedad de lugares para salir y un mandato único entre los jóvenes: bailar y divertirse hasta que salga el sol.
Pinta, Mamá Kocha y Super XV son los lugares más cancheros para ir a tomar algo. Pinta tiene un plus lúdico con mesas de ping-pong, pool y juegos de mesa.
Los bares funcionan a la perfección como antesalas de lo que viene después: el boliche. Ku, La Luna, Mr. Jones, Sabbia y UFO Point son líderes indiscutidos. Las largas filas para entrar a esos templos del dancing se repiten noche a noche.
Los que también encuentran el lugar ideal en Pinamar son los amantes de los deportes. Golf, polo, tenis, fútbol, volley, sandboard, running, cabalgatas, travesías en el bosque y en los médanos. Pilates, yoga, spinning, stretching. Además de estas opciones, siguen vigentes clásicos pinamarenses como paseos en cuatriciclos y excursiones en lancha para pesca. Este verano, es notorio el incremento de los ciclistas: en un terreno difícil para pedalear -calles de ripio, tierra y arena-, cada vez hay más gente que apuesta a la bici para trasladarse cerca del mar.
Pero lo que definitivamente marcó el diferencial de la típica postal pinamarense es la invasión de la campaña política. En el inicio del año electoral, en una zona muy visitada como la costa atlántica bonaerense, los candidatos desembarcaron en Pinamar, un balneario que suele reunir a los políticos. Desde afiches, carteles, pantallas gigantes, aviones con propaganda hasta parasoles y acciones en la playa, la actividad proselitista se mezcló con la rutina turística.
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