¿Por qué hay tantos rusos en la Argentina y tan pocos argentinos en Rusia?

Argentinos y rusos juegan al bingo en el parque Máximo Gorky de Moscú
Argentinos y rusos juegan al bingo en el parque Máximo Gorky de Moscú
Evangelina Himitian
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16 de mayo de 2019  • 12:06

Nicolás Crededio llegó a Moscú cuando los argentinos que habían viajado al Mundial de Rusia comenzaban a replegarse. "Más de uno habrá creído que vine para alentar a la Selección y me quedé sin pasaje de vuelta, pero no fue así", bromea. Lo cierto es que hoy Nicolás es unos de los apenas 300 argentinos que viven en la Federación Rusa, según confirman en la embajada argentina en ese país.

"No es frecuente encontrarse con otros argentinos por acá. Y los pocos que hay, nos conocemos, nos juntamos y nos encargamos de abastecernos entre todos de yerba y dulce de leche", cuenta Nicolás, que tiene 26 años y nació en Coronel Dorrego. ¿Qué lo llevó hasta las tierras de Lenin? "El amor y el tango", sintetiza.

Aunque enseguida explica que el orden fue al revés. Cuando daba clases de tango en la Viruta, en Palermo, una tarde se cruzó con Alexandra Sitnikovo, una rusa que bailaba casi tan bien como él. Los dos estaban en pareja, así que fue recién al año siguiente, cuando se volvieron a cruzar en la pista de baile y ambos estaban solos, y no tardaron en formar un tándem, en la milonga y en la vida. Cuando Alexandra, de 47 años, decidió volver a Moscú, donde vive su hija y donde da clases de tango, Nicolás no lo dudó mucho. Sacó pasajes y decidió probar suerte. Hoy, a casi un año, está feliz con el cambio. "Una hora de clase acá se cobra unos 100 dólares y en Buenos Aires, con suerte 20 o 30", sintetiza.

Además, se le abrió un mundo de posibilidades porque los rusos aman el tango y como hay tan pocos argentinos, la pista quedaba casi libre para él. Hoy, se dedica a dar clases y espectáculos en distintos espacios de Moscú, en los que se arman milongas. Incluso lo invitan de la universidad a dar clases y allí va con su bandera argentina.

Moscú, con pocos argentinos
Moscú, con pocos argentinos Fuente: Archivo

¿Por qué son tan pocos los argentinos en Rusia? Nicolás no sabe la respuesta. Pero imagina que el idioma es una gran barrera. Porque ni siquiera en la Moscú saber inglés significa poder comunicarse. "Aquí se habla ruso o ruso", bromea. "En ocasiones, podés sentirte muy incomunicado. Yo la llamo a Alexandra a veces desde el supermercado para preguntarle cosas básicas. Pero si no la tuviera a ella, sería mucho más difícil todo", dice.

Horacio Lazzari Mathieu, cónsul argentino en Rusia confirma que los residentes argentinos matriculados son 324: de ellos, 234 viven en Moscú. En San Petersburgo, que es la capital cultural del país, son solo 15 y en el resto del país, apenas 51 personas. En el número total se incluye a los argentinos que viven en países que pertenecieron a la Unión Soviética, como la república de Belarus, donde viven siete argentinos, la de Kazajstán, donde hay tres argentinos y Kirguistán, 14, donde no hay representación diplomática.

La ecuación es llamativa. En Argentina, se estima que hay unos 350.000 rusos. En cambio, en Rusia hay apenas unos 300 argentinos. ¿Por qué son tan pocos?

"Perfil migratorio de Argentina", es el último informe de la Organización Internacional para la Migraciones (OIM) sobre argentinos en el exterior. Es de 2012 y dice que son casi un millón: 971.698 personas. El 97% vive en 30 países, entre los que no figura Rusia. La lista la encabeza España, con casi 300.000 y sigue Estados Unidos. En Japón hay casi 4000 y en Filipinas unos 800. En cambio, Rusia se inscribe entre los países del mundo donde viven menos argentinos.

¿Por qué hay tantos rusos en Argentina?

Entre 1881 y 1914, unos 160.000 rusos llegaron a la Argentina. Fueron la cuarta migración más importante que recibió en esos años el país, después de los dos millones de italianos, los 1.400.000 españoles y los 170.000 franceses. Se estima que los nietos de esa migración rusa hoy se convirtieron en una diáspora de 350.000 personas.

El informe de la OIM señala que el 65% de los argentinos que vive hoy en España, se instaló después del año 2000. ¿Por qué durante la última crisis los descendientes de esa nacionalidad no fueron a probar suerte a la tierra de sus abuelos? El idioma, el invierno crudo, la idiosincrasia y la distancia son las principales explicaciones.

Son tan pocos los argentinos en Rusia que en el consulado los tienen censados por profesiones: hay 52 ingenieros, 41 estudiantes, 40 profesores, 24 religiosos, 19 médicos, 12 periodistas, ocho cocineros, ocho gerentes, dos veterinarios, seis arquitectos, en una larga y dispersa lista de ocupaciones y apenas un relacionista público.

Ese vendría a ser Daniel Flores, que dejó Neuquén, donde trabajaba en la industria petrolera, para instalarse en Moscú hace nueve años. El recorrido fue más largo que eso. Cuando en 2008 se quedó sin trabajo en Argentina, una empresa brasileña lo contrató y envió a El Cairo. Allí, conoció a Elena, su actual mujer, que estaba de vacaciones y es rusa. Cuando cayó el gobierno de ese país, lo trasladaron a Brasil y le propuso matrimonio a Elena.

Pero ella no soportó el calor de Río de Janeiro y se volvió a Moscú para estudiar medicina. Un tiempo después, Daniel consiguió que lo enviaran a Angola, donde estaba más cerca de su esposa y podía viajar cada seis semanas. Otra crisis lo dejó sin trabajo y finalmente se mudó a Rusia, para siempre. A casi una década, recién ahora logra manejar más o menos el ruso, pero casi nada le resultó tan difícil en la vida. La primera vez que llegó a Moscú, el termómetro marcaba 20 grados bajo cero, pero con el tiempo terminó por habituarse. Hoy, cambió por completo de rubro. Trabaja en relaciones públicas y promociona eventos del mundo del deporte. Hace poco más de un mes visitó Argentina, ya que está trabajando en la promoción de la Copa América y del Mundial de Rugby en Japón. Aprovechó para abastecerse de yerba y dulce de leche. Aunque con el tiempo, descubrió que en un almacén rusa se vende yerba de Misiones: es el hijo de una mujer argentina que llegó hace tiempo y que se encarga de que en ese país nunca falte.

Una misión similar encara Andrés Leonardo, de 43 años, porteño que vive en Rusia desde que tenía 12 años. Hoy, administra un "mate-inn bar", llamado La reserva del Che. Es el encargado de organizar encuentros de argentinos y rusos para acercar la cultura de unos y otros. A los rusos les hace probar el mate y a los argentinos el borsch, la tradicional sopa de remolacha rusa. Llegó a Moscú poco después de la caída de la Unión Soviética. Sus papás no eran rusos. El papá era descendiente de húngaros y su mamá, de italianos. Pero en los 60 habían logrado ingresar a la universidad pública de Moscú. Cuando volvieron a Argentina, durante el último gobierno militar, lo acusaron de activista soviético y lo detuvieron. Apenas recuperó la libertad, prometió irse del país. Y varios años después, cuando cayó la Unión Soviética se mudaron a Moscú. Andrés habla con más acento ruso que porteño. Y dice que los mismos rusos no le creen que no es local. Todos los años, visita a su familia: tíos y primos que viven en Misiones. En Rusia, se recibió de sociólogo y psicólogo social.

"Creo que hay pocos argentinos porque el idioma es una gran barrera. Además, particularmente, los descendientes de los rusos que migraron a la Argentina a principios del siglo XX, sienten que el país que quedó después de la Unión Soviética no es la Rusia de sus abuelos. Los que migraron eran los rusos de la vieja escuela y difícilmente se sientan identificados con la cultura de la Rusia moderna. Hasta la manera de hablar es distinta", apunta.

Entre los 324 argentinos que figuran en la lista de la Embajada en Rusia, figuran Cecilia Nanni, de 33 años y Marcelo Ziegler, de 38. Ella es psicóloga y él es comunicador social y viven desde hace cuatro años en Kirguistán, donde son voluntarios y colaboran con la Universidad Adventista del Plata, de Entre Ríos, que todos los años envía estudiantes como parte de un programa de intercambio, para enseñar idiomas. K

Kirguistán es un país que perteneció a la Unión Soviética y que tiene apenas 27 años como estado independiente. Se encuentra en Asia Central, justo en la llamada ruta de la seda. Es un pueblo de origen turco, de religión musulmán, con un gobierno democrático. Los habitantes tienen rasgos orientales, aunque los primeros habitantes eran pelirrojos y de ojos verdes, por lo que es muy frecuente que los kiguirz, así se llaman, tengan cabello y ojos claros, con facciones rasgadas, como los mongoles.

"Se habla ruso casi exclusivamente, aunque ahora se está impulsando la enseñanza del kirguirz", explica Cecilia. Mientras ella trabaja en la escuela de idiomas, en cursos de castellano e inglés, su marido colabora con una fundación responsable de difundir temas de salud. "El promedio de vida de los habitantes aquí es de 65 años, ya que los hábitos de salud y alimentación no son muy adecuados. Se come mucha carne, de vaca, cordero y caballo. Se toma mucho alcohol y hay mucho tabaquismo, la calidad de vida debe mejorar", explica Cecilia. También se consume leche de yegua, con la que se produce una especie de queso, tradicional del país.

Argentinos en otras partes del mundo

Fuente OIM

1.España 299.740 argentinos (30%)

2.Estados Unidos, 224.952 argentinos, el 23,3%.

3.Chile, (82.539 argentinos) el 8,5%

4. Paraguay, 59.115 argentinos, 6,9%,

5.Israel, 48.312 argentinos con el 5%

6. Alemania 7.391 argentinos (0,8%)

7. Japón. 3.893 argentinos (0,4%)

8. Suecia 3.200 (0.3%)

Rusia. 324 (menos del 0,1%)

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