Preocupación y hermetismo en Miramar tras la violación de una chica de 16 años que sacudió la temporada de verano
Operativos de búsqueda, silencio judicial y un cambio en la rutina nocturna marcan los días de la ciudad en el arranque de la segunda parte de la temporada alta
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MIRAMAR (de un enviado especial).- La cita estaba anticipada para este miércoles, a las 21, en la esquina de 21 y 28. Allí, como todos los años más allá del punto de encuentro que se elija, se volverá a pedir por una condena y cumplimiento de pena efectiva y en prisión para todos los acusados de secuestrar, torturar, violar y matar a la adolescente Natalia Melmann, de 16 años. Un pedido para los cuatro presos y por el quinto involucrado que todavía queda por identificar. “Memoria y justicia”, se exige una y otra vez.
Ahora, a 25 años del crimen y en pleno desarrollo de la temporada de verano, en esta ciudad históricamente conocida como “La ciudad de los niños”, el estupor y la preocupación vuelven a instalarse entre vecinos y, en particular, entre los turistas a partir del reciente caso de abuso sexual contra una adolescente de 16 años que se encontraba de vacaciones junto a su familia.

Un desconocido, aún no identificado, la atacó cuando ella estaba de madrugada y junto a un amigo en la costa, sobre la arena, a la altura de la intersección de calle 31 y Avenida Costanera. Fuentes policiales indicaron que a ambos los amenazó con un arma blanca tipo navaja: a él lo maniató con una prenda de vestir y lo mantuvo tirado sobre la arena. A ella la manoseó y violó, según consta en la causa judicial que lleva adelante el fiscal Rodolfo Moure.
“Somos la ciudad de las tragedias de verano, es un karma”, comentaba a LA NACION una comerciante que sin dejar de conmoverse por la dimensión del caso y lo vivido y sufrido por la víctima, volvía a lamentar el sello de violencia y temor que vuelve a marcar a esta ciudad, que transcurrió este arranque de temporada con buenos niveles de ocupación y tenía, como de costumbre, una muy buena cantidad de reservas para este febrero que se pone en marcha.
Es que aquel abuso seguido de asesinato del 4 de febrero de 2001 apenas si abrió el historial. Hace poco llegaría otro capítulo, también con acusaciones de abuso en jurisdicción de este partido de General Alvarado y con una menor como damnificada. En los primeros minutos de 2019 todavía chocaban copas del brindis para recibir el Año Nuevo cuando una adolescente de 14 años, en el Camping El Durazno, en las afueras de Miramar, denunciaba que tres mayores de edad la habían violado.

Aquel escándalo tuvo detenidos bien pronto a los acusados, que fueron a juicio, en 2021. Un jurado popular los consideró no culpables, entendiendo que se trató de un acto consentido. Un tribunal superior, a pedido de la querella, dictaminó que ese proceso fue nulo y ordenó la realización de un nuevo debate. Pero fue la Suprema Corte de Justicia bonaerense la que cerró la historia al validar la absolución de los tres involucrados.
El día después de esta nueva historia con tintes de tragedia, ocurrida el pasado jueves a la madrugada, fue todo conmoción, con gran despliegue policial por todas las calles en busca de un autor que todavía no tiene nombre ni apellido. Tampoco rostro.
La instrucción judicial con el apoyo de fuerzas policiales, con participación de la Delegación de Investigaciones local y acompañamiento de pares de inmediaciones, mantiene un silencio absoluto hacia la prensa sobre la labor que se viene realizando.

Con los testimonios de las víctimas, en particular del muchacho que acompañaba a la adolescente y fue principal testigo del hecho, se profundizaron detalles para orientar hacia una descripción física del autor. Solo trascendió que sería un hombre que actuó en solitario y que tendría menos de 40 años.
El lugar donde atacó es el último segmento al sur de la extensión de playas que tiene el frente céntrico de Miramar, justo antes del inicio de una defensa costera de piedras que antecede al espigón de pesca. Por allí mismo caminó el pasado 23 de enero el gobernador Axel Kicillof, que se acercó a ver avances de ese refuerzo de protección frente al avance del mar.
Ambos menores habían estado enfrente, en un local bailable, y cruzaron la Avenida Costanera. Caminaron por la arena a la que habrían bajado por la última escalera que vincula el nivel del mar con el paseo superior. Allí habrían sido sorprendidos por el atacante y abusador.

“Hemos venido todas las tardes por acá, es un lugar tranquilo de noche también”, contaron Elisabeta y Juan Sebastián, que toman mate a metros nomás del emblemático cartel que con letras de cemento dice Miramar. “La noche también es tranquila, aquí y en toda la ciudad, por eso venimos acá hace tres años”, comentó la mujer a LA NACION.
Ese corredor tiene tránsito vehicular sobre la calle, compartido con una bicisenda. Luego una ancha franja parquizada y una vereda delimitada por muretes que es lugar de caminata para los que pasean y de trote para los que hacen deportes. Cuando cae la tarde las luces se comienzan a encender. Sin embargo, prende solo una entre decenas de farolas que acompañan ese corredor con mucho verde. ¿No andan? Solo es cuestión de esperar un par de minutos más y estará todo iluminado, sin salteos. También la iluminación pública, en ese caso con las columnas led que ofrecen buena claridad a ese tramo de calles.
“Hemos visto policías como en el resto de los días, ni mucho ni tanto, no queremos alarmarnos”, asegura otro matrimonio que solo dice que es oriundo de La Plata y que tiene hijos de 13, 12 y 5 años que trae a veranear aquí desde que nacieron. “Por más que parece un lugar tranquilo, es difícil tomar la decisión de dejarlos solos de noche y siendo tan chicos”, comentaron a LA NACION sobre la adolescente atacada en horas de la madrugada.

Cae el sol, una luna llena inmensa apunta de frente esa línea de balnearios que durante el día vio buen movimiento de gente, con turistas de enero que se preparaban para partir y los de febrero que empiezan a darle otra dosis de vida a una ciudad que el resto del año vive casi en familia, cada tanto con alguno de estos casos que la devuelven al candelero mediático.
Aquel crimen de Natalia Melmann tuvo como protagonistas y condenados a por lo menos cuatro policías. El otro caso ruidoso, originado en un camping, apuntó contra puñado de jóvenes surfers. Este nuevo episodio delictivo aún aguarda por esa ansiada definición: determinar quién cometió un hecho tan aberrante y atraparlo.
Las cámaras de seguridad constituyen una de las principales herramientas con las que trabajan los investigadores. Hay varias instaladas en la zona donde se produjo el ataque, aunque no todas cubren la totalidad del sector y la iluminación resulta limitada. En el área de playa, especialmente cerca del murallón —donde la franja de arena no supera los 10 metros de ancho—, la única fuente de luz es la luna.
Patrulleros por la calle, personal de a pie también afectado al Operativo De Sol a Sol que monta el Ministerio de Seguridad bonaerense cada verano, andan entre la tarde y el anochecer por ese paseo del extremo sur de la costa de Miramar. Otras decenas, en su mayoría de civil y sin identificar, andan sumergidos entre turistas en procura de un dato, una pista que delate al responsable y permita identificarlo y detenerlo.
“Más que alguna pelea entre pibes o algún teléfono robado no habíamos escuchado o visto nada”, dicen a LA NACION Matilda, Sofía y Merlina, de 15 a 17 años, que se hicieron amigas aquí, todas están de vacaciones con sus familias y aseguran que salieron de noche durante esta segunda quincena. “Lo tienen que encontrar: alguna cámara lo tiene que haber tomado, alguna huella debe haber dejado en los celulares”, dicen, preocupadas. Refieren a los teléfonos de la menor violada y quien la acompañaba. El delincuente se los robó pero luego los arrojó sobre la arena. Se cree que así buscó evitar que pidieran ayuda de inmediato.

Las autoridades municipales también mantienen silencio sobre el caso y han puesto a disposición de las autoridades judiciales y policiales sus medios. En particular el Centro de Monitoreo Municipal, que concentra imágenes de las cámaras dispuestas en distintos puntos de la ciudad, tanto casco urbano como accesos.
La expectativa está puesta en ese material y también de viviendas particulares y comercios, que puedan tener radio de cobertura sobre ese frente de costa que se extiende entre las intersecciones con calle 29 hasta casi el muelle de Pescadores. Del otro lado de la avenida que recorre ese tramo se encuentran algunos boliches que recorren los jóvenes y adolescentes durante las noches. Por allí están Mariachi y Porto, dos de las propuestas de diversión nocturna. Por allí también se la vio por última vez a Natalia Melmann. Fue hace 25 años.
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