Presión de Kennedy Jr.: dilema entre psiquiatras de EE.UU. por el llamado a limitar los antidepresivos
Una reunión anual de la especialidad médica estuvo atravesada por el tema; algunos temen que esto aleje a los pacientes de la atención
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SAN FRANCISCO.– La mayoría de los años, cuando miles de psiquiatras se reúnen para el encuentro anual de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, pasan junto a un grupo disperso de manifestantes. Hay cienciólogos con megáfonos, grupos de Falun Gong realizando sus ejercicios y, a menudo, expacientes que dicen haber sido perjudicados por medicamentos o terapia electroconvulsiva.
Este año, sin embargo, la profesión enfrenta críticas desde los niveles más altos del gobierno federal. La asociación se reunió apenas diez días después de que el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., anunciara un conjunto de políticas para alentar a los médicos a desprescribir –o ayudar a los pacientes a dejar– la clase de antidepresivos más recetada.
Una corriente de ansiedad recorrió la reunión, celebrada aquí esta semana. Muchos médicos entre la multitud dijeron estar preocupados de que las declaraciones de Kennedy inciten a las personas a rechazar los medicamentos, o a dejarlos y sufrir una recaída. La sesión plenaria estalló en aplausos cuando la doctora Marketa Wills, directora ejecutiva de la organización, declaró: “Nunca apoyaremos la interferencia gubernamental en la práctica de la medicina”.
“Nos mantenemos firmes a favor de la atención basada en evidencia –continuó–. Nos mantenemos firmes contra el estigma, la simplificación excesiva y cualquier cosa que aleje a los pacientes de la atención que necesitan”.

Pero también hubo señales de que los líderes del campo están interactuando, aunque con cautela, con el esfuerzo de Kennedy para frenar la prescripción excesiva. Numerosas sesiones ofrecieron capacitación para ayudar a los pacientes a reducir gradualmente los medicamentos. En julio, el presidente de la asociación participará en un panel convocado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos para desarrollar una guía clínica sobre la reducción de antidepresivos.
En una entrevista, Wills dijo sentirse “alentada” por la invitación a participar en el panel y reconoció a la administración por “poner la salud mental al frente y en el centro”.
“Se siente como el comienzo de una conversación, una que recibimos con agrado”, dijo, y añadió: “Sería extraño tener esa conversación sin psiquiatras en la mesa”.
Afuera, en los pasillos, algunos asistentes de base fueron menos diplomáticos. Muchos proveedores discreparon con la caracterización negativa de Kennedy sobre los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, o ISRS, la clase de medicamentos psiquiátricos más recetada. Los ensayos clínicos encontraron que los síntomas depresivos de la mayoría de los pacientes mejoraron con los ISRS, y se consideran lo suficientemente seguros como para ser recetados por médicos generales.
Un estudio de 2026 encontró que el 16,6% de los adultos estadounidenses, o aproximadamente uno de cada seis, informó que actualmente toma un antidepresivo.

“Simplemente no le gustan los ISRS”, dijo Sung Hyon, un psiquiatra de Pasadena, refiriéndose a Kennedy. Afirmó que los ISRS fueron “fundamentales” en su práctica: “Drogas aburridas que están bien establecidas, tienen buena evidencia de seguridad y tienen cero posibilidades de causar adicción”. Los llamó “el regalo de Dios para la psiquiatría”.
Y los pacientes lo saben, añadió. “Tantos millones” de estadounidenses ya toman ISRS, apuntó, y la gran mayoría es plenamente consciente de sus desventajas, como los efectos secundarios sexuales y los síntomas de abstinencia.
“Y dicen: ‘¿Sabes qué? Vale la pena’ –indicó Hyon–. Debido a que hay tantos, sería una tormenta política bastante grande si realmente intentara restringir el acceso. Y hay muy, muy poca evidencia médica para hacerlo”.
Kennedy señaló durante mucho tiempo que frenar el uso de medicamentos psiquiátricos era uno de sus objetivos. A principios de este mes comenzó a tomar medidas en esa dirección, anunciando pautas y cambios regulatorios destinados a incentivar a los médicos a ayudar a los pacientes a dejar los medicamentos psiquiátricos. Las medidas no afectarían el acceso de los pacientes a los antidepresivos.
Andrew Nixon, portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos, dijo que la agencia no había tenido discusiones sobre la prohibición de los ISRS y que “cualquier afirmación que sugiera lo contrario es falsa”. El objetivo de la nueva iniciativa, sumó, es “promover la prescripción psiquiátrica adecuada e impulsar la desprescripción cuando esté clínicamente indicada”.
Algunos psiquiatras dijeron estar preocupados de que la iniciativa de desprescripción de Kennedy fuera el comienzo de un esfuerzo más amplio que podría, en etapas posteriores, desacreditar a la psiquiatría de manera más general y restringir el acceso a la atención.
“Creo que en realidad está generando más dudas en la mente de las personas sobre si el tratamiento psiquiátrico es seguro o efectivo”, expresó Eric Rafla-Yuan, quien preside el comité sobre determinantes sociales de la salud de la asociación. “Los datos no cambiaron sobre los ISRS. Es la narrativa la que cambió”, sentenció.
Opinó que la entidad debería rechazar enérgicamente las afirmaciones de Kennedy sobre los tratamientos psiquiátricos y debería evitar parecer que respalda cualquier parte de la iniciativa.
“Es una línea muy delgada entre tener un asiento en la mesa y ser utilizado como una herramienta para legitimar su agenda”, alertó.
“Demasiado medicado”
Al mismo tiempo, la desprescripción parecía, en la reunión, estar en boca de todos. Un nuevo libro, Stahl’s Deprescriber’s Guide, se vendía como pan caliente en la sala de exposiciones. Hubo paneles titulados: “Desprescripción de antipsicóticos”, “El paciente demasiado medicado” y “Estimulantes para el TDAH: ¿nos equivocamos?”.
El doctor Chris Aiken, quien pronunció un discurso sobre cócteles de múltiples medicamentos, mencionó que un cambio generacional atraviesa la asociación psiquiátrica a medida que una cohorte más joven de médicos, de 30 y 40 años, asume un papel más destacado.
Los millennials fueron parte de la primera generación a la que se le recetaron estimulantes y antidepresivos cuando eran niños y adolescentes, recordó, y los médicos de ese grupo son más conscientes de los malos resultados años después. “Los medicamentos no son la respuesta y lo vieron en sus propias vidas”, detalló.
Algunos médicos veteranos dieron un mensaje similar.
“Si tengo algún arrepentimiento sobre mis recomendaciones como médico, es sobre los medicamentos que no retiré antes”, admitió Ronald Winchel, profesor clínico asistente de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Columbia, en un panel.
Dijo que una serie de preocupaciones le habían impedido hacerlo: a veces, los pacientes tomaban múltiples medicamentos y era difícil decir cuál era efectivo. A veces, los pacientes estaban bien y él temía hacerlos retroceder. Y había una escasez de investigación sobre cómo les va a los pacientes después de dejar los medicamentos.
“El miedo a retirar los medicamentos realmente complicó nuestro trabajo”, reconoció.
Winchel comparó la agitada discusión de este año con un momento decisivo en la historia de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría: en 1973, la presión sostenida de los manifestantes hizo que la organización revirtiera su posición centenaria y declarara que la homosexualidad no era un trastorno mental.
“En lugar de ponerse en una postura defensiva, se miraron a sí mismos y progresaron”, afirmó. El mismo tipo de avance, añadió, podría resultar de una discusión rigurosa sobre las prácticas de prescripción. “Si parte de esta agitación viene de afuera, ¿qué tiene de malo eso?”, preguntó.
En su presentación, Aiken instó a sus colegas a no descartar las historias que Kennedy destacó de pacientes que encontraron serias dificultades al dejar los antidepresivos.
“Realmente no sé qué tan común es, pero sí sé que cuando sucede, puede ser bastante grave. Puede ser raro, pero tomémoslo en serio, porque realmente puede quemar a las personas cuando ocurre”, describió.
Otros apuntaron que trabajar con Kennedy en torno de las políticas de salud mental era una cuestión de simple pragmatismo.
“Definitivamente hay una necesidad de que hablemos con las personas que están tomando las decisiones –manifestó Hammad Khan, de Sacramento–. No podemos dejar que Joe Rogan decida lo que la FDA aprueba o no aprueba”.
Un punto de inflexión
Awais Aftab, autor de “Psychiatry at the Margins”, un popular substack de salud mental, sostuvo que espera que el esfuerzo se centre en crear conciencia sobre la reducción gradual de los medicamentos. Hay pocos caminos para que el gobierno reduzca la prescripción de medicamentos como los ISRS, que pasaron por los procesos de aprobación de la FDA y son ampliamente utilizados por el público, sumó.
Describió “una sensación de alarma” entre los psiquiatras ante la crítica virulenta al campo proveniente del círculo de Kennedy. La psiquiatría, dijo, tardó en reconocer las quejas de pacientes como Laura Delano, una autora y activista, que dicen que fueron sobremedicados cuando eran niños o adolescentes y recibieron poco apoyo de los médicos cuando querían reducir o dejar los medicamentos.
“La comunidad psiquiátrica convencional estuvo bastante aislada, y de repente están escuchando ahora sobre este problema”, dijo Aftab, psiquiatra de Case Western Reserve University.
Agregó que cree que el uso de antidepresivos en los Estados Unidos puede haber alcanzado un límite natural: “La demanda va a entrar, en algún momento, en un equilibrio con la realidad de la falta de efectividad y la realidad del problema de la tolerabilidad”.
Pero la experiencia de otros países sugiere que la demanda de antidepresivos puede seguir aumentando, incluso en medio de advertencias sobre la prescripción excesiva.
En 2017, Gran Bretaña encargó un informe importante sobre la prescripción excesiva y luego siguió con una serie de reformas, incluida la actualización de las pautas clínicas para exigir revisiones periódicas de las recetas e instituir un programa nacional de auditoría para monitorear el uso de medicamentos.
Pero un estudio sobre la prescripción en Gran Bretaña encontró que el uso de antidepresivos continuó su aumento constante hasta 2023, el último año para el cual hubo datos disponibles. Por el contrario, los últimos años vieron una disminución en el uso de medicamentos para la ansiedad y los hipnóticos, que también fueron objeto de pautas clínicas actualizadas.
Los autores del estudio informaron que el aumento fue impulsado muy probablemente por la demanda de los pacientes, las reducciones en el estigma y el menor costo de los medicamentos antidepresivos disponibles en forma genérica.
Muchos psiquiatras en la conferencia en San Francisco dijeron que habitualmente instan a los pacientes a probar la terapia como una alternativa o un complemento a los medicamentos, pero que muchos pacientes no tienen acceso a esa atención, porque su seguro no la pagará.
Michael Bostwick, investigador de suicidios y profesor de psiquiatría en la Mayo Medical School, en Rochester, Minnesota, advirtió que seguía sin estar claro qué tratamientos alternativos recomienda Kennedy a los pacientes que dejan los antidepresivos.
“¿Nos va a decir que comamos más carne roja, o que hagamos más ejercicio, o que tomemos psicodélicos, como abogó el presidente?”, concluyó.
Por Ellen Barry
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