
Primatesta dejará la sede de Córdoba
Juan Pablo II aceptó la renuncia del cardenal, que cumplió 33 años en ese cargo; lo sucederá monseñor Carlos Ñáñez.
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Luego de 33 años al frente del Arzobispado de Córdoba, el cardenal Raúl Francisco Primatesta dejará esa importante sede eclesiástica, que atiende una población de 1.700.000 habitantes, en manos de monseñor Carlos José Ñáñez.
El cardenal continuará sin embargo al frente de la Comisión de Pastoral Social hasta que expire su cargo en ella, en noviembre del año próximo.
El papa Juan Pablo II le aceptó ayer la renuncia, que Primatesta -que cumplirá 80 años en abril del año próximo- ya había presentado al llegar a los 75 años, en cumplimiento de las normas canónicas que establecen ese límite de edad para las funciones pastorales.
En un gesto inusual, el Papa le había renovado su confianza en una carta enviada el 14 de abril de 1994.
Ahora, la sede pasará a monseñor Ñáñez, actual arzobispo coadjutor de Tucumán y hombre que es considerado de estrecha confianza del cardenal que se retira.Asumirá sus funciones a comienzos del año próximo, se informó en fuentes cercanas alArzobispado de Córdoba.
Conocida su designación, monseñor Ñáñez expresó su deseo de continuar el camino trazado por Primatesta y afirmó que se sumará "con espíritu de servicio" al esfuerzo de la Iglesia cordobesa en la nueva evangelización.
Adelantó que en su acción pastoral hará hincapié, como lo viene haciendo la Iglesia, en la pobreza y la desocupación y prometió su "atención y dedicación especialmente a nuestros hermanos más carecientes, porque es un imperativo que surge del Evangelio mismo".
En declaraciones efectuadas a Radio Universidad de Córdoba, el arzobispo afirmó que la Iglesia debe participar activamente de la vida política "según las necesidades y desde la perspectiva pastoral, pero no desde el punto de vista de la intromisión y, mucho menos, partidista".
Además de haber nacido en Córdoba, el 9 de agosto de 1946, Ñáñez fue ordenado sacerdote en la arquidiócesis conducida por Primatesta.Dirigió durante 15 años el seminario local y acompañó al arzobispo como obispo auxiliar entre 1991 y febrero del año último, cuando pasó a Tucumán.
Participar sin entrometerse
Ñáñez también sostuvo que la Iglesia debe participar activamente de la vida política pero desde la perspectiva pastoral, sin intromisión ni alineamiento partidista, y se manifestó en favor del respeto a la autoridad, a la independencia y de buena relación con el gobierno y la oposición.
Ñáñez prometió seguir la línea de acción de la Iglesia en favor de quienes sufren pobreza y desocupación y dijo que su designación lo encuentra "puesto en las manos de Dios y confiando en su ayuda para tratar de cumplir mi tarea, mi misión".
Indicó que su tarea se enmarcará en la preparación del Jubileo del año 2000, que celebrará la Iglesia en todo el mundo, y con particular resonancia en nuestro continente y en nuestro país.
Un prelado de bajo perfil
Afecto al bajo perfil, la figura de monseñor Ñáñez cobró notoriedad el 9 de julio último, cuando en el Tedéum celebrado en la catedral tucumana, ante las presencias del presidente Carlos Menem y del gobernador Antonio Bussi, hizo un llamado a la "urgente y decididamente impostergable reconciliación de toda la comunidad nacional".
Su designación en Córdoba no sorprendió en los ámbitos muy cercanos al cardenal. Además de surgir del riñón de Primatesta, en la última asamblea plenaria del Episcopado tuvo a su cargo la predicación de un retiro espiritual a los más de 80 obispos reunidos en la Casa de Ejercicios María Auxiliadora, de San Miguel.
Monseñor Ñáñez cursó el secundario en el Liceo Militar y los eclesiásticos, en el Seminario Mayor de Córdoba y en el Colegio Pío Latinoamericano, de Roma. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y fue ordenado sacerdote el 17 de julio de 1971.
Capellán del Liceo Militar de Córdoba, fue profesor de introducción a la vida sacerdotal y teología espiritual en el seminario de su provincia.
Juan Pablo II lo designó obispo auxiliar de Córdoba el 12 de diciembre de 1990 y recibió la ordenación episcopal el 24 de enero de 1991, en una ceremonia presidida por Primatesta en el estadio del Colegio Corazón de María, de Alta Córdoba.
El 20 de diciembre de 1996 fue promovido a arzobispo coadjutor de Tucumán, cargo del que tomó posesión el 2 de febrero de 1997. Ayudó, así, al titular de la arquidiócesis, monseñor Raúl Arcenio Casado, quien se recupera de una dolencia neurológica en Salta. Monseñor Ñáñez integra en el Episcopado la Comisión de Ministerios y preside la comisión episcopal para el Colegio Pío Latinoamericano, de Roma.
Dos cardenales
Ahora, con el retiro de Primatesta, deja su apostolado activo uno de los dos cardenales con que cuenta nuestro país. El otro es el también retirado Juan Carlos Aramburu, que a los 86 años es arzobispo emérito de Buenos Aires.
En los últimos años, la Iglesia argentina había tenido cuatro cardenales, pero con las sucesivas muertes de Eduardo Pironio y de Antonio Quarracino, ambos fallecidos en febrero último, se redujo la presencia de dignatarios argentinos en un eventual cónclave para elegir papa.
Figura clave en la Iglesia argentina
Sinónimo de la Iglesia en Córdoba, el cardenal Raúl Primatesta ha sido -y sin duda seguirá siéndolo- una de las figuras sobresalientes de la vida eclesial argentina. Su actuación al frente del Episcopado durante el último gobierno militar lo llevó a enfrentar críticas que objetaron la actitud de algunos obispos durante ese período oscuro del acontecer nacional.
Nacido en la localidad bonaerense de Exaltación de la Cruz, en 1919, su itinerario pastoral atravesó distintos períodos turbulentos de la vida nacional y su figura surge como una ineludible referencia al rastrear el rumbo de la Iglesia en las últimas tres décadas.
Primatesta accedió al Arzobispado de Córdoba en 1965, designado por el papa Pablo VI, y pronto advirtió que no sería un destino tranquilo para su actividad pastoral. A los cuatro años se produjo el estallido del Cordobazo y conoció de cerca las rudas realidades que esconden los conflictos sociales.
Nombrado cardenal en 1973, en ese tiempo comenzó a desarrollar su singular ductilidad política, que más de una vez lo llevó a negociar con éxito cuestiones de urticante preocupación para la Iglesia.
En el último cuarto de siglo se mantuvo en la primera línea de la Conferencia Episcopal, la que presidió durante cuatro períodos. Accedió por primera vez en mayo de 1976 y condujo a la Iglesia con delicado equilibrio durante los difíciles años del gobierno militar, hasta 1982.
Sin apartarse de la conducción episcopal su figura fue convocada nuevamente en 1985, ya en tiempos de vida democrática, hasta que en 1990 fue reemplazado por el cardenalAntonioQuarracino.
Con la sombra del debate sobre el divorcio en sus espaldas, inquebrantablemente fiel a sus convicciones, acordó con el gobernador Eduardo Angeloz la inclusión en la Constitución cordobesa de la defensa de la vida humana desde la concepción y los principios de autonomía y cooperación entre la Iglesia y el Estado.
Su convocatoria a la presidencia de la Comisión de Pastoral Social, en 1996, cuando ya había presentado su dimisión al Papa, señala la vigencia de un estilo que marcó la senda de la Iglesia argentina en los últimos 30 años. Ratificó sus dotes de conciliador y, en consonancia con ello, en los últimos meses dio pasos para convertirse en garante de un acuerdo social entre empresarios, sindicalistas y el Ministerio de Trabajo.
Austero, de pocas palabras -aunque brillante orador a la hora de predicar-, ayer confirmó su estilo sobrio y su rechazo por las actitudes grandilocuentes. "Después de que pase todo esto, podremos hablar. Por ahora tengo cuestiones urgentes que atender", expresó ayer el cardenal Primatesta a La Nación , a poco de conocerse el nombre de su sucesor, surgido de su propio riñón.
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