¿Qué quiere decir dou y skerry? Un glosario para entender a los centennials

Los adolescentes de hoy se apropian de expresiones de los cantantes del momento y de los influencers; los especialistas reconocen el fenómeno como un proceso de identidad habitual que atraviesan todas las generaciones
Los adolescentes de hoy se apropian de expresiones de los cantantes del momento y de los influencers; los especialistas reconocen el fenómeno como un proceso de identidad habitual que atraviesan todas las generaciones Crédito: Shutterstock
Federico Acosta Rainis
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28 de abril de 2019  

" Dooou lo decís cuando hay algo que está piola. El ndeah de ahora es parecido al ahre, que es como irónico, y el skerry se usa en vez del skere, pero en broma", dice Yasmin, de 13 años, con total naturalidad. Así, pareciera revelar el código misterioso de una sociedad secreta y de alguna manera lo hace: muchas de las expresiones que hoy usan los chicos configuran un territorio desconocido para los adultos.

A metros de la puerta del Colegio Nacional de Buenos Aires, Yasmin y sus compañeras Olivia y Renata, también de 13 años, comparten con LA NACIÓN sus formas de ver el mundo y, sobre todo, de contarlo. Recién terminaron las clases en el turno tarde y la calle Bolívar bulle de colores, chistes y gritos, como la mayoría de los espacios transitados por adolescentes.

"Le expliqué muchas veces a mi papá el ahre y él no lo logra entender. Me dice: '¿Qué son esos lenguajes?' y mi mamá se muere de risa", cuenta Yasmin. A su lado, Olivia agrega: "Mi papá más o menos lo entiende, pero lo usa mal, lo dice como si fuera un chiste, como 'Arre, arre, caballito'". Las tres se ríen con ganas.

Ahre es una de las primeras expresiones que se pusieron de moda entre los adolescentes gracias a las redes sociales. La popularizaron hace una década los extintos floggers, una tribu urbana que compartía sus fotos en fotologs. El ahre se agrega al final de una frase y denota ironía o polisemia sobre lo que se acaba de decir.

Hoy, con muchísimas plataformas para compartir contenido, los nuevos términos se multiplican y pasan rápidamente al habla de los chicos. Cuando algún gamer, youtuber, streamer o influencer inventa algún término que impacta, es probable que se vuelva viral. Es el caso de Martín Pérez Disalvo, más conocido como "Coscu", un platense de 27 años que hace siete empezó a transmitir y comentar sus partidas de League of Legends (LoL), un conocido juego online.

Con su estilo frontal, verborrágico y desfachatado y un millón y medio de seguidores en YouTube, "Coscu" popularizó palabras como dou, onomatopeya usada para celebrar algo bueno y ndeah, que se pronuncia "naaaah" e indica un sarcasmo. Es también el inventor de la costumbre de incorporar el sufijo "vich" al final de los adjetivos, como picantovich, para picante, o durovich, para duro. Palabras y modos que hoy usan miles de adolescentes en el país.

Los chicos toman además otros contenidos desde Internet. "Pasamos literalmente los memes del celular a la vida real", dice Yasmin. Se trata de imágenes acompañadas por una frase que representan situaciones concretas y se vuelven virales. Hay uno muy conocido que tiene la foto de un gato que reza "¿me perdonas?". Los chicos lo adoptaron y lo pronuncian en español neutro.

Algunas expresiones provienen de la música. Estar en "modo diablo" significa estar loco, con mucha energía o muy activo; la frase toma el nombre del grupo del trapero Duki, uno de los músicos argentinos más importantes del género. En un video viral, dos chicos católicos propusieron reemplazarlo por "modo Cristo"; la frase prendió entre los adolescentes, pero usada de forma irónica.

Abundan también los términos anglosajones castellanizados. Son muy populares same, que significa "igual" y se usa para reflejar que al hablante le pasa lo mismo o hará lo mismo que dijo otro, y cringe, que en inglés quiere decir avegonzarse, y se suele usar para expresar vergüenza ajena: "Me das cringe". Ambos se pronuncian como si estuvieran escritos en español.

¿Qué dicen?

Estas creaciones que están a años luz de la Real Academia Española provocan entre padres y docentes reacciones encontradas, que van de la risa al rechazo, pasando a veces por la impotencia o la incomprensión.

"Yo me siento joven hasta que entro al aula", relata con humor María Victoria Vincova, docente de Lengua y Literatura en colegios públicos y privados de la Capital. Aunque tiene 26 años y le lleva menos de diez a muchos de sus estudiantes, reconoce que, en general, se queda afuera cuando ellos utilizan su jerga. "Los chicos usan el habla para marcar una diferencia y van cambiando todo el tiempo. Se nota mucho la influencia de las redes sociales y la música".

Para los especialistas es un fenómeno identitario habitual. "Es muy importante a esa edad tener un código de expresión propio, distinto al de la generación de la que nos queremos separar. Una vez pasada esa etapa, se mantienen más dentro del código mayoritario de los adultos", explica Santiago Kalinowski, lingüista y director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras. Sobre la influencia del mundo virtual, señala: "Las redes sociales son muy novedosas tecnológicamente, pero desde el lado del léxico es lo mismo: en otra época fue la televisión, el rock, el tango o el lunfardo. Es el lugar del que salen las palabras que provocan esa sensación de grupo".

El lingüista e investigador de la Universidad de Buenos Aires , Federico Testoni, explica que algunos adultos consideran erradas las creaciones de los chicos porque "escapan de la norma". Pero son una demostración de que la lengua sigue viva. "Las lenguas solo existen en las personas que las usan: los diccionarios son el cementerio de las palabras porque cuando llegaron ahí, su uso ya es viejo", indica. Kalinowski completa: "Hay un estigma histórico de que los jóvenes hablan peor y degradan la lengua. Los que hoy encienden alarmas, provocaron esa misma percepción en sus mayores; si cada generación la degradara, tendríamos una lengua de cien palabras".

Todes

Aunque no es usado solo por los jóvenes, el lenguaje inclusivo, que propone recurrir a la letra "e" para evitar que la generalización del masculino y visibilizar las diversidades sexuales, tiene cada vez más llegada entre los adolescentes, que aportan distintas opiniones sobre el tema.

"Estoy a favor-cuenta Renata-. En una reunión con gente que no sé con qué género se siente identificada, lo usaría". Su compañera Olivia disiente: "No lo uso, porque me enseñaron que el masculino plural incluye a los dos géneros. Les delegades en clase dicen todes como si todes fuéramos no binarios. Creo que es algo más de los colegios públicos".

Los especialistas coinciden en que el inclusivo aparece en espacios donde las discusiones sobre género y política proliferan. Según Testoni, "las variaciones lingüísticas normalmente van desde abajo para arriba, pero en este caso es al revés: hay una decisión política de posicionamiento y después entra en uso, y por eso genera más ruido cognitivo". Kalinowski señala que es un fenómeno que "los jóvenes han tomado con mayor intensidad", pero no se puede imponer ni prohibir: "La lengua está para aprovecharla y los hablantes tenemos derecho a crear y utilizar ese recurso".

Las palabras que trascienden las generaciones

Bardo/bardear

Lío, problema o pelea; provocar un lío, portarse mal

Flashear/flashar

Delirar, alucinar. También, enamorarse de alguien

Piola

Una situación que está bien o alguien simpático, astuto o inteligente

Gato

Un clásico que regresó.

Se usa en serio o en broma, para hablar despectivamente de alguien

Manija

Dícese de quien está ansioso, acelerado o con muchas ganas de hacer algo

Ortiba

Del lunfardo, proviene de "batidor", aquel que delataba frente a la policía. Refiere despectivamente a quien es aburrido, no colabora o está de mal humor

Banda

Un montón, mucho

Chamuyar/chamuyo

Mentir deliberadamente para convencer. Se usa también como sinónimo de seducir

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