
Régimen de visitas y cuota alimentaria para animales
Juicios por la tenencia compartida
1 minuto de lectura'
El televisor y la heladera, para ella; el equipo de música y el DVD, para él. La división de bienes no había traído ningún conflicto entre ellos, salvo por un pequeño detalle: ¿quién se queda con Toby, el caniche toy que tantas alegrías compartió junto a la pareja que hoy está disolviéndose?
Las mascotas son cada vez más protagonistas en los juicios de divorcio. En los últimos tiempos, crecieron las consultas a abogados especialistas en familia para resolver quién se queda con ese amigo fiel que es casi tan querido como un hijo, pero que no habla y, en general, tiene cuatro patas.
El crecimiento en este tipo de consultas no se explica por un repentino amor hacia los animales, sino por una mera cuestión numérica: el 44% de los hogares argentinos tiene alguna mascota, según una encuesta reciente de TNS-Gallup, y esa cifra asciende al 60% cuando se limita a la ciudad de Buenos Aires.
"El planteo de la tenencia de las mascotas, luego de una separación, es cada vez más común en una demanda de divorcio porque para muchas parejas los animales domésticos son como hijos. En muchos casos, ambos miembros de la pareja piden quedarse con ellos", expresa el abogado especialista en derecho civil Emilio Daniel Argüello.
¿Común acuerdo?
Aunque en la mayoría de los casos la tenencia de la mascota se resuelve de común acuerdo, hay veces en que la partes deciden pelear por ella frente a un magistrado. Basta recordar el episodio de "Paquito" (ver recuadro), el loro cordobés que fue disputado por un matrimonio divorciado.
Luego de la separación, el hombre se fue de la casa y se llevó el loro, que tiempo más tarde fue "secuestrado" por su ex esposa porque, según la mujer, su hija lo extrañaba. Un juez ordenó que el plumífero, finalmente, se quedara con el hombre, absolvió a la mujer de los cargos en su contra y acordó un régimen de visitas para que la pequeña pudiera seguir viendo a su amado pájaro.
Claro que el caso de "Paquito" fue excepcional, no sólo porque demandó la intervención de un juez (un procedimiento judicial que se aplica a personas), sino porque el animal fue sacado de la casa familiar, algo que no ocurre con mucha frecuencia.
"La regla general es que la mascota se quede en la casa donde permanecen los hijos (generalmente, con la madre) -dice Mirta Núñez, abogada especialista en familia-. La tenencia de la mascota es un tema de interés en quienes se están divorciando, sobre todo cuando no hay chicos, porque los dos están más aferrados al animal."
Pero aunque para los dueños su fiel compañero tiene un valor sentimental muy grande, para un abogado o magistrado no deja de ser un objeto más de la sociedad conyugal. De ninguna manera una mascota puede equipararse a un hijo, aunque muchas veces se la trate así.
"Por supuesto que no hay una patria potestad sobre un animal. En un juicio de divorcio, se divide como si fuera un objeto. Sé de algunos casos en los que, cuando el animal es de raza, se lo lleva a un criadero para venderlo y dividirse la plata. En otras oportunidades, uno de los miembros de la pareja renuncia a él a cambio de que la otra parte le compre su mitad", dice Núñez.
Argüello explica: "Si los animales son registrables, lo que puede hacer un juez es fijar una compensación económica de la mitad del valor de mercado para quien no se queda con la mascota". Pero hay quienes se resisten a renunciar a su compañero fiel, argumentando que no hay dinero que compense semejante pérdida. Núñez recuerda un caso en que el que un cliente suyo pidió por su mascota, a la que extrañaba horrores.
"Un hombre planteó como parte del régimen de visitas que tenía los días de semana con sus hijas poder salir también en esas horas con la perra", cuenta la abogada, pedido que, sin duda, contrastó con otro insólito: una pareja, dueña de cuatro gatos y un perro, se peleaba por deshacerse del can, un ejemplar viejo y enfermo. "Finalmente, después de varias horas, se arregló que el perro quedara con la mujer", contó Núñez. Eso sí: además de la cuota alimentaria de los hijos, el hombre debía incluir unos pesos para los remedios del maltrecho perro.



