“Restauración ecológica”: prueba piloto para intentar recuperar bosques patagónicos devorados por el fuego
A un año del incendio forestal de Confluencia, se busca no solo replantar especies nativas, sino recomponer el sistema para que se regule por sí solo
4 minutos de lectura'
SAN CARLOS DE BARILOCHE.- A un año del devastador incendio forestal en la zona de Confluencia, que afectó más de 2.500 hectáreas dentro del Área Natural Protegida Río Azul–Lago Escondido (Anprale), la provincia de Río Negro y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) avanzan en un ambicioso plan de restauración ecológica.
El trabajo combina la intervención directa en el territorio con lineamientos científicos para asegurar que el bosque andino pueda recuperarse frente a la amenaza de especies invasoras y el cambio climático.

Actualmente, la Secretaría de Ambiente y Cambio Climático, junto con el Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (Splif) y pobladores locales, lleva adelante una prueba piloto de intervención en sectores críticos donde se detectó una regeneración masiva de pino insigne (Pinus radiata). Esta especie exótica invasora aprovecha las condiciones posincendio para dispersarse, desplazando al bosque nativo y generando una alta carga de combustible que aumenta el riesgo de futuros incendios.
Las tareas incluyen la extracción manual y el monitoreo permanente de unas tres hectáreas para favorecer la recuperación progresiva del ecosistema original. El proceso de recuperación se apoya en el “Informe final Anprale-Diagnóstico inicial y lineamientos post-incendio”, elaborado por especialistas del Conicet. Según este marco científico, la restauración no busca solo plantar árboles, sino recomponer todas las relaciones del ecosistema para que se sostenga por sí mismo.
Para entender los desafíos de esta tarea, los expertos del Conicet Patagonia Norte destacan conceptos fundamentales. En un reciente informe sobre restauración ecológica, Juan Paritsis, investigador en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (Inibioma, Conicet-Universidad Nacional del Comahue), explicó que la vegetación es “resistente” cuando es menos propensa a quemarse, mientras que la resiliencia es su capacidad de volver a establecerse tras el fuego.
En ese sentido, los matorrales son muy resilientes, pero los bosques de lenga tienen baja resistencia y baja resiliencia, lo que hace que su recuperación sea extremadamente difícil sin ayuda si los árboles sobrevivientes desaparecen.
En tanto, el biólogo Javier Grosfeld, profesional en la carrera de Personal de Apoyo del Conicet Patagonia Norte, señaló que, cuando la degradación generada por un incendio es menor, se aplica una restauración pasiva, dejando que el ecosistema responda por sí solo. Sin embargo, en zonas muy afectadas, como la de Confluencia, es necesaria una restauración activa: una intervención humana que “subsidie” la recuperación llevando plantas que el sistema ya no puede generar de forma espontánea.
Un punto crítico en la reforestación es el origen de las semillas. El investigador Mario Pastorino, del Instituto de Investigaciones Forestales y Agropecuarias Bariloche (IFAB, Conicet-INTA) advirtió sobre la importancia de respetar los acervos genéticos. Por ejemplo, no es recomendable usar plantines de lenga de Tierra del Fuego para restaurar un bosque en el norte de la Patagonia, ya que las poblaciones están adaptadas a sus sitios específicos y el uso de semillas de otras zonas podría llevar al fracaso de la plantación a largo plazo.
Los científicos coinciden en que la restauración es un proceso lento que requiere del compromiso de todos para evitar nuevos impactos en áreas que aún se encuentran sanando.
Reapertura y control
Tras la construcción de nuevas pasarelas sobre el Río Azul, el Anprale –que se destaca por sus senderos de trekking y sus refugios de montaña– reabrió a finales de noviembre pasado con estrictas condiciones de ingreso y aforos limitados.

La decisión se tomó a 10 meses del incendio denominado Confluencia, en los alrededores de Mallín Ahogado, que afectó unas 3.800 hectáreas (2.500 eran de bosque nativo y el resto eran plantaciones forestales, humedales y chacras con alrededor de 150 establecimientos agrícolas). A su vez, 220 viviendas fueron damnificadas.
“Este incendio fue muy particular por dos aspectos: el primero es que afectó ambientes naturales, pero luego se propagó hacia una interfase rural-boscosa afectando vidas, bienes y producción. La otra particularidad de este incendio fue la gran velocidad de propagación y su peligrosidad”, sostuvo en ese momento Thomas Kitzberger, investigador en el Inibioma y coordinador del grupo de científicos que cuantificó espacialmente el factor llamado “severidad del incendio”.
El proyecto piloto para restaurar el bosque en esa zona comenzó en abril, con relevamientos y monitoreos iniciales. Las autoridades provinciales confían en que la iniciativa permitirá generar información técnica clave para mejorar futuras acciones de control y brindar recomendaciones concretas a pobladores y comunidades de la región.
- 1
Se avecina un nuevo frente que provocará un giro inesperado en las temperaturas, inestabilidad y precipitaciones: las zonas afectadas
2Gabriel Rolón, psicólogo: “Ese momento donde lo que fuiste, lo que querés ser y lo que temés coexisten es irrepetible siempre”
- 3
“Vivo mejor de lo que podía imaginar”: el sistema que revoluciona Zárate y combate la pobreza sin asistencialismo
4Qué cuentan los tatuajes de los campeones del mundo: una “autobiografía grabada sobre la piel”





