
Restos humanos en el horno de Sierra Chica
Rastros: los peritos analizan los macabros hallazgos en la panadería del penal que determinarán si son de los siete reclusos desaparecidos; las muertes habrían sido por la pugna del poder durante el motín.
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LA PLATA.- El hallazgo de piezas dentarias y presuntamente otros restos y vestimenta humana en los hornos de la panadería del presidio de Sierra Chica analizados en Mar del Plata podrían haber marcado a fuego el destino de siete penados dados oficialmente por desaparecidos y agravarían más las consecuencias de la revuelta.
Personal del Servicio Especial de Investigaciones Técnicas (SEIT) de la Policía Bonaerense efectuó peritajes en el horno número uno de la panadería y cosechó los primeros indicios de cuerpos cremados en ese sitio.
Si aún no se está en condiciones de anticipar alguna identidad sí se confirmaron los nombres de los siete reclusos desaparecidos en las violentas jornadas transcurridas en la cárcel de Sierra Chica.
Según el informe entregado ayer por la Subsecretaría de Justicia bonaerense se carecía de toda noticia de Esteban Polleschuk Palomo Víctor Hugo Gaitán Coronel José Carlos Cepeda Pérez Agapito Lencina Aquino Daniel Domingo Niz Escobar Luis Manuel Romero Almada y Mario Barrionuevo Vega.
Ese organismo también confirmó en ese penal la muerte de Julio Aguiles Maillet según la fuente a manos de sus pares de amotinamiento con dos puntazos en el tórax.
En el resto de las unidades la misma Subsecretaría informó que en Mercedes también se produjo el fallecimiento de otro interno mientras que en los institutos de Dolores Olmos La Plata y Azul no se registraron muertes ni desapariciones.
Conjeturas
A propósito del hallazgo de restos humanos en Sierra Chica las fuentes relacionadas con los hechos no desecharon ninguna hipótesis: desde la venganza hacia aquellos que "aflojaron" durante el motín hasta los señalados como "buchones" de las autoridades o el ajuste de cuentas por enconos alimentados por años entre barrotes comunes.
Lo concreto es que minuciosamente el personal de Sierra Chica había revisado los hornos y otras dependencias en las que podrían tenerse huellas de los desaparecidos.
Acaso la respuesta o parte de ella haya que buscarla en los cabecillas trasladados a Caseros o en el resto hoy situado en unidades provinciales.
Quizás ellos también -o sus segundos- desperdigados en otros institutos fuesen los que en Sierra Chica cavaron un túnel de tres metros de profundidad con línea de electricidad y ventilación. Habían efectuado la excavación en el taller de carpintería en el cual ingresaban mediante un boquete oculto por chapas y que les permitía cavar sin vigías a la vista.
Un túnel sin fin
Según fuentes penitenciarias habían usado 40 baldes para abrir un pozo de 20 metros de largo. Le faltaban otros 20 para llegar a una de las esquinas de un muro e intentar la evasión masiva origen indiscutido a esta altura de los hechos de la fatal revuelta.
Precisamente uno de esos muros mostraba los impactos de bala con que los guardiacárceles de Sierra Chica contuvieron a unos 200 presidiarios que en el caldero hirviente que significaba la primera jornada de la revuelta intentaron derribar un portón y ganar la libertad.
Las fuentes también consignaron que el penal fue literalmente destruido acción que se patetiza en pabellones quemados el sector administrativo e informático donde se guardaban los expedientes o legajos igualmente arrasado. Los pabellones 7 y 10 aún seguían sellados mientras que la panadería tras su requisa había sido prolijamente aseada.
Ese es el panorama que ayer presentaba Sierra Chica pues en la cárcel de Azul se llegaron a destruir hasta los consultorios médicos.
El gobierno pecó por imprevisión
LA PLATA.- El gobierno bonarense celebró un pacto con los presidiarios y pudo desactivar la más prolongada rebelión carcelaria. Pero el epílogo presentado como un éxito dejó muy mal parado al gobierno bonaerense ya que el Servicio Penitenciario tuvo profundas fallas en su labor de inteligencia.
Una semana antes del estallido quienes tienen algún grado de relación con el penal de Sierra Chica advertían la existencia de un cierto desorden premonitorio de acontecimientos mayores.
El Poder Ejecutivo enfrentó la situación con un funcionario de rango menor. La doctora María del Carmen Falbo debió hacerse cargo de un asunto que a todas luces superaba su condición de subsecretaria de Justicia. Trabajó incansablemente mientras su superior el ministro de Gobierno Rubén Citara estaba en París.
El regreso del ministro fue urgido por Duhalde a quien sus consejeros recomendaron no ocupar el primer plano en la cuestión.
Falbo trató en vano de aligerar la responsabilidad del Poder Ejecutivo y sostuvo que la mayoría de los reclamos estaban dirigidos a los poderes Legislativo y Judicial. Sin embargo queda claro que los organismos de la gobernación no fueron capaces de prever la posibilidad del levantamiento de evitarlo y eventualmente de cortarlo antes de su generalización.
Desde el bloque de diputados radicales se aprueba lo hecho para terminar el pleito carcelario pero se considera inaceptable por ejemplo que la comisión encargada de estudiar la vida en las cárceles esté integrada por un recluso por cada uno de los 27 institutos penales provinciales.
Desde el Frepaso se prepara otra vuelta de tuerca: un proyecto de ley que dispone una amplia amnistía.
Pero al margen de responsabilidades compartidas con los otros poderes los analistas coinciden en señalar que Duhalde no previó la magnitud del estallido y desapareció incomprensiblemente de la escena. Tal vez creyó que el ejercicio del poder provincial era suficiente para que los presos no avanzaran como lo hicieron.
La solución preocupa tanto como el problema
Además quienes analizan la situación coinciden en que una mayor preocupación surge de las posibles medidas que desde el Estado se adopten ahora para cumplir lo pactado con los presos y que -surge de todos los documentos firmados en las distintas cárceles- apunta a una liberación masiva de reclusos en momentos en que son escasas las posibilidades laborales y son alarmantes los índices de crecimiento del delito.
Así puede concluirse que la imagen de Eduardo Duhalde ha sido golpeada tres veces en apenas un trimestre. La primera como consecuencia de la brutal represión policial en febrero; la segunda por el libro "El otro" que originó una querella y ahora por un levantamiento generalizado que termina con un macabro saldo de víctimas.
Seguramente el debate que se avecina sumará otros elementos de desgaste para el gobierno provincial y quedará flotando mientras tanto una inquietante pregunta: ¿cómo hará Duhalde para convencer a los reclusos de que no existe el "derecho al motín" si no se satisfacen sus reclamos?
Un viejo preso fue el principal negociador
Confesión: la subsecretaria de Justicia María del Carmen Falbo explicó que un recluso que purgaba una larga condena fue el principal interlocutor; la preocupación más grande fue por la jueza Malere.
LA PLATA.- Aún no distanciada de la carga emotiva originada en los críticos sucesos ocurridos en la cárcel de Sierra Chica donde desarrolló un fundamental papel negociador la subsecretaria de Justicia María del Carmen Falbo confesó que un preso que purga una larga condena fue el nexo para llevar adelante las negociaciones.
Recordó que hace unos meses en oportunidad de la inauguración de la cocina de Sierra Chica atendió a presos con largas condenas que le formularon una serie de pedidos. Prometió respuestas en un plazo de un mes pero lo hizo a los doce días.
Ese hecho y la sensación de no contar durante la crisis con un interlocutor válido la impulsó a buscar al preso que había llevado en aquella oportunidad la voz cantante.
Cuando se lo ubicó y se produjo el encuentro se registró el siguiente diálogo:
-Doctora ¿cómo le va? Nunca creí que la volvería a ver y menos en circunstancias tan difíciles como ésta...
-Lo he llamado porque usted va a tener que ser el interlocutor que necesita el Gobierno para descomprimir esta situación.
-Sí doctora yo no le puedo fallar.
La doctora Falbo había dado con la tecla; había elegido a un interno con ascendiente sobre el resto de la población conocedor amplio del interior carcelario.
Eliminar rehenes
La mujer que ayer trató infructuosamente de recuperarse de la actividad febril de la semana pasada en su domicilio de Quilmes brindó a La Nación sus íntimas impresiones sobre los momentos vividos.
Fue difícil desde el principio el diálogo con los amotinados quienes en la primera entrevista el mismo domingo como para dar por concluidas las negociaciones manifestaron que lo que querían era no estar presos.
Cuando la subsecretaria les respondió que esa no era una razón lógica y atendible uno de los presos le expresó con tono amenazante que tenía el pecho grande para hacer frente a cualquier situación y que si era necesario se iba a llegar a la eliminación de los rehenes.
Es vívido el recuerdo de la funcionaria de los rostros de miradas amenazantes y los gestos no menos agresivos con las facas empuñadas por los más jugados.
En esta descripción de los tensos momentos transcurridos durante una semana dejó en claro que siempre estuvo preocupada por la suerte de la jueza María de las Mercedes Malere en poder de los amotinados.
"Por una línea interna nos mantuvimos en permanente comunicación telefónica. Me decía que estaba bien y tranquila y me pedía que no la abandonara...".



