Reventas, nuevas marcas y grupos en las redes: las ferias americanas se reinventan

Las ferias americanas toman fuerza en escenarios de crisis económica, pero desde el último año, se incrementaron a través de grupos en las redes sociales; se utilizan para generar un ingreso adicional, pero también para costear fines benéficos
Las ferias americanas toman fuerza en escenarios de crisis económica, pero desde el último año, se incrementaron a través de grupos en las redes sociales; se utilizan para generar un ingreso adicional, pero también para costear fines benéficos Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez
Julia D'Arrisso
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19 de junio de 2019  • 09:31

Cuando su hijo se fue a vivir solo, María Marta Mariani emprendió la búsqueda para ayudarlo a equipar su nueva vivienda. Aprovechó un lunes feriado de lluvia y recorrió los pasillos de la feria americana que se realizaba cerca de su casa para conseguir algunos elementos necesarios en buen estado bajo la condición de no gastar de más. Entre los puestos que se instalaron en el club encontró lo primero que necesitaba: un juego de sábanas por el que pagó $150.

Entre los factores que motivaron el resurgimiento de estos espacios itinerantes, el principal es el bolsillo. Pero sumado a esto, hay nuevas modalidades que aparecieron en las ferias americanas, según organizadores, vendedores y concurrentes de diferentes lugares.

En la Sociedad de Fomento Capitán de los Andes, en Boulogne, se instalaron mesas y percheros que conformaron alrededor de 30 puestos uno junto a otro en forma de zigzag donde los feriantes pusieron a la venta ropa nueva, usada, para hombres, mujer, niños, bebés, productos de belleza, limpieza, calzado, electrodomésticos y comida.

Junto a uno de los paredones del club, Karina Marinaro responde las consultas de sus clientes que revisan ropa de mujer colgada en distintas perchas. Conoce la dinámica de las ferias americanas desde hace 18 años. "Arranqué por necesidad porque no llegaba a fin de mes. Primero fui dejando lo que usaba y comprando como podía. Así empecé feria tras feria y ahora tengo la continuidad. Lo incorporé como un trabajo. Se vende de todo, cada uno se especializa en un rubro y después la gente te ubica", cuenta Karina, mientras muestra un sweater batik en color amarillo que cuesta $200. Para abastecerse con esa mercadería, compra prendas nuevas a un proveedor y durante la semana la vende de forma particular. El remanente lo deja para la feria de los fines de semana a precio más accesible.

Una de las primeras cuestiones que surgen desde los feriantes y organizadores de los espacios es el incremento de público del último año, tanto de los que quieren vender su ropa como de los que concurren a comprar. ¿Por qué? En primer lugar, porque la ropa en desuso de los placards se transformó, para ellos, en un negocio atractivo para obtener ganancias. En tanto, para los compradores, se volvió una alternativa más económica, distinta a la de los comercios tradicionales.

Feria americana en la Sociedad de Fomento Capitán de los Andes Boulogne
Feria americana en la Sociedad de Fomento Capitán de los Andes Boulogne Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Silvina Perasso organiza la Feria entre vecinos, que se realiza hace más de 15 años. En un principio se hacían en beneficio de proyectos sociales, pero durante los últimos años, el objetivo cambió. "Ahora las ferias americanas nuclean a todos los estratos y son barriales. Se reciclan los productos que antes se descartaban. Este es un fenómeno social que va en crecimiento: hace 15 años había siete ferias clásicas y hoy todos los fines de semana hay tres por lo menos. Además, se duplicó la cantidad de compradores", analiza Perasso.

Otro de los puntos clave es el acceso a las ferias americanas, para lo que se volvieron indispensables las redes sociales. "La tecnología atraviesa todos los niveles. Hace 15 años repartíamos panfletos y ahora tenemos una base de datos entre mail y Whatsapp de unas 15.000 personas", dice la organizadora.

Algo similar explica Agustina Serrano, que coordina la Feria del Baúl del club Acassuso desde 2014. En cinco años, pasó de gestionar un encuentro por mes a dos o tres, según cada ocasión. "En el último año hubo cambios en el que compra como en el que participa en la feria. Ahora participa gente que antes donaba la ropa y tienen desconfianza de los lugares en los que entregaban esas prendas o les sirve para cubrir algunos gastos", relata.

"Es amplio el abanico del que participa de la feria: tenes el que vive de esto, el revendedor, también tenes gente que va a laburar, otros que lo usan como un segundo trabajo y después está el que participa cada tanto, que es la gente que en su momento donaba la ropa y ahora la vende", completa Serrano.

Feria americana en la Sociedad de Fomento Capitán de los Andes Boulogne
Feria americana en la Sociedad de Fomento Capitán de los Andes Boulogne Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Perasso distingue cuatro tipos de feriantes. En primer lugar, están los chicos y chicas de colegios y clubes que juntan fondos para viajes de egresados o giras. Después, las organizaciones sociales que venden productos que reciben de donaciones y generan ingresos para la institución. Luego, están los vecinos que quieren vender su ropa y, por último, quienes compran productos en ferias y los revenden en otro lugar.

Una de las personas que pertenece al último grupo es Marisa Ruiz, que hace diez años trabaja como revendedora y ahora revuelve las prendas en las mesas de la feria de Boulogne para encontrar lo que le pidieron sus clientas. Es ama de casa y tiene seis hijos, por eso comenzó a trabajar de revendedora. "Empecé a comprar ropa de a poco en las ferias. Recorro un montón de lugares, busco los precios, veo lo que me sirve y lo que me encargan a través de las redes. Después lo vendo entre mis clientas a un precio que nos sirva a las dos", señala Marisa sobre su metodología de trabajo.

Entre los percheros que dividen los puestos, Sonia Sánchez, mira ligeramente los productos en oferta de la mano de su pequeño hijo, cargada con una bolsa con juguetes y una calza de mujer que le costó $100. "Suelo comprar en ferias. Hay cosas que sirven y otras que no, de marcas y de no-marcas, nueva y usada. Me entero por Internet, busco en la zona que me queda cerca. Antes no había tantas ferias, ahora hay más en distintos lugares, todos los fines de semana, y hay mucha más cantidad de gente. Yo no tengo problema en usar ropa usada, siempre que sea buena. Por ejemplo, calzado no compro porque es muy personal, pero algún buzo o alguna campera, sí", analizó.

Feria americana en la Sociedad de Fomento Capitán de los Andes Boulogne
Feria americana en la Sociedad de Fomento Capitán de los Andes Boulogne Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Entre percheros de camperas de mujer, Mónica relata que empezó a frecuentar las ferias americanas hace aproximadamente tres años cuando necesitaba pagar el viaje de egresados de su hija. Al tiempo, se quedó sin trabajo y continuó como vendedora. "Ahora mi marido y yo vivimos de esto. Estamos todo el tiempo buscando precio y calidad para vender. A veces traemos muebles y electrodomésticos. Además, acá llevo cosas que no puedo comprar en un local", explica.

Mientras tanto, Sandra Magallanes y su hija Yanina, llegan a la feria entre vecinos por primera vez. Entraron porque buscaban una campera de abrigo y como no encontraron otro lugar abierto un feriado, les despertó curiosidad el lugar. "Es una buena opción por el precio. Mi hija tiene un bebé de dos años y acumula su ropa que ya no usa. Queremos averiguar para vender también", le dice Sandra.

Las ferias americanas también se reconfiguraron como espacios destinados a cumplir objetivos solidarios. Por ejemplo, se realizan en escuelas con el objetivo de juntar fondos para costear gastos o ayudan a dar trabajo a personas en situación de vulnerabilidad.

Una de las fundaciones que participa de estas ferias es los Espartanos, que promueve la reinserción social para reclusos. Yamila Duarte forma parte de esa asociación después de que Alexis, su esposo, saliera en libertad hace tres meses. "Empecé con un puesto porque no puedo agarrar otra cosa. Tengo dos nenas y no me dan los horarios", indica mientras una mujer mira la ropa, pregunta por los colores disponibles e intenta negociar un valor más económico por llevar tres camisetas en lugar de dos. "Hay gente que pelea mucho los precios. Todo depende de la cantidad que vendas: si llevan muchas cosas, haces precio", señala Yamila.

Romina D'Agnilli se dedica a hacer trabajos de manicuría. Se enteró de la feria entre vecinos a través de una prima que había participado y decidió vender ropa usada para tener un ingreso adicional. "Hay una línea de Whatsapp. Yo me contacté y por ahí te mandan toda la información", explica. En las dos ocasiones anteriores en las que fue a la feria, llevó ropa y calzado, y su mamá cocinó unas tortas para vender. "Quería que mi mamá haga algo porque ella es ama de casa, no tiene otro trabajo y pensé en alguna idea para generar dinero extra", dice.

"Como trabajo en las casas de las clientas, ellas a veces me dan ropa y yo después la llevo a una iglesia, pero este año fue más crítico. Hay una necesidad mayor y por eso quise ir a venderlo. Me llamó la atención la cantidad de personas que se mueven con esto. Había gente de todos lados: desde Merlo hasta San Isidro. Para mí es bueno porque la ropa se recicla y hay gente que ahora lo usa como nuevo", resume Romina mientras planifica cuándo participará de la próxima edición.

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