Se derrumbó una cruz en la Basílica de Luján
La pieza metálica pesaba 1500 kilos y cayó desde una de las cúpulas, a 106 metros de altura; la base estaba oxidada
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De milagro no fue tragedia. Una de las dos cruces que remataban la Basílica de Luján, de seis metros de alto y un peso de 1500 kilos, se desprendió anteanoche por causa del viento y un deficiente estado de conservación. La reliquia, que cayó desde una altura de 106 metros, no causó otros desperfectos ni hubo que lamentar perdidas humanas.
El sacerdote rector de la iglesia, Carlos Pucheta, se mostró afligido por el accidente: "Queda mutilada nuestra basílica de una forma muy triste". La base de la pieza estaba oxidada y había sido dañada por los temporales del último mes.
En diálogo con periodistas, el sacerdote afirmó que pidió a los ingenieros que revisaron el lugar que analizaran la posibilidad de retirar en el menor tiempo posible la cruz de la otra torre -que no cayó-, tarea que sería necesario efectuar con la ayuda de un helicóptero.
El hecho se produjo dos días después del cierre de la antigua iglesia de San Miguel Arcángel, en esta capital, que permanece cerrada desde el domingo para prevenir accidentes, como se informa en esta misma página.
El derrumbe de Luján
Faltaban apenas unos minutos para la medianoche y un estruendo de metal y hierro sobresaltó a los vecinos de la basílica.
El paisaje parecía apocalíptico: una cruz gigantesca clavada de punta se enterraba casi dos metros en el suelo. Los vecinos miraban la base de la cruz en lo alto de la torre y luego, asombrados, la maraña de metales retorcidos. No comprendían cómo pudo haber caído desde tan alto sin llevarse por delante la multitud de pináculos, agujas y esculturas que la pieza, en teoría, debió haber encontrado en su derrotero.
Carmen Isbert, de 53 años y con una casa a media cuadra del lugar, no podía ocultar su incredulidad. "Parece como si una mano la hubiera colocado acá", expresó.
"Si la cruz hubiera caído para el otro lado, ya no quedarían ni techo, ni vitrales", aseguró Leonardo Ferrari, guía turístico de la basílica, que no ahorraba razones para atribuir el accidente a una voluntad divina. "Si hubiera sido por la mañana o por la tarde, podría haber lastimado y matado a mucha gente", continuó Ferrari.
La cruz tenía incrustada una imagen metálica de laVirgen María, que no cayó junto a ésta, sino que fue hallada al otro lado de la basílica. Las manos de la escultura, que eran de piedra, no cayeron. Se separaron de la estructura metálica y quedaron en lo alto del edificio, "en posición de ruego", según palabras del padre Pucheta.
Los habitantes de Luján que no habían escuchado el ruido, se enteraron de la novedad con sólo levantar la vista. La torre se veía cercenada a varios kilómetros de distancia. El padre Pucheta informó a La Nación que en el zócalo de la cruz encontraron muestras de óxido y admitió una "lentitud en la realización de los planes" para la conservación de la basílica. El sacerdote intentó buscar el lado positivo del incidente: "Esto va a servir para que vuelvan la vista hacia Luján". La cruz caída tenía un enorme valor artístico y simbólico. En esto coincidieron todos los responsables de la basílica, cuyo edificio fue declarado recientemente monumento histórico nacional. Junto con su cruz hermana, que representa el monograma de la Virgen María, formaba parte del proyecto original.
"Así es el orden natural de las cosas", dijo Pucheta en relación con la pérdida de la cruz. "Esperemos que antes de fin de año vuelva a estar en su lugar", concluyó.





