Según un experto en armas, Nahir Galarza no disparó accidentalmente

Nahir Galarza, ayer, en el juicio por el asesinato de Fernando Pastorizzo
Nahir Galarza, ayer, en el juicio por el asesinato de Fernando Pastorizzo Crédito: R2820.com
Paola Robles Duarte
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19 de junio de 2018  • 18:47

Un experto en armas comprometió aún más la situación procesal de Nahir Galarza: "No existió disparo accidental o involuntario", dijo, en la audiencia de ayer, Edgardo Ceferino Crespo, diplomado en Criminalística y Criminología, perito balístico, mecánico armero e instructor de tiro de la Policía Federal Argentina. Así, asestó un fuerte golpe a la versión de la acusada, que dijo que el arma de su padre se había disparado cuando intentó quitársela a Fernando Pastorizzo mientras iban en la moto del joven. Y dio un espaldarazo a la hipótesis que intenta probar la fiscalía entrerriana: que el 29 de diciembre pasado, en Gualeguaychú, Nahir le disparó a matar a su exnovio a sabiendas de lo que hacía.

"De acuerdo a lo expuesto oportunamente por la Policía de Entre Ríos y por el licenciado Lázaro Azcue, junto a las fotografías del lugar del hecho –las cuales fueron anexadas a los informes- puedo concluir con que la herida del proyectil de arma de fuego que presenta la víctima en su espalda, con orificio de entrada de atrás hacia adelante, de izquierda a derecha, y una trayectoria ascendente, fue efectuado cuando la víctima se encontraba sobre el moto vehículo, con el tronco levemente inclinado hacia adelante", desarrolló Crespo, a la vez que afirmó que "el operador del arma" estaba "detrás de él [Fernando Pastorizzo], presumiblemente de pie, no sentado sobre el rodado, ya que el disparo está direccionado y con contacto débil, y sería el que se indicaría como el primer disparo".

"La herida del proyectil de arma de fuego, en el pecho de la víctima, con orificio de entrada de adelante hacia atrás, de izquierda a derecha, fue efectuado cuando la víctima se encontraba en posición de cúbito dorsal, ya que habría solución de continuidad con el orificio de salida y el proyectil recuperado en el lugar del hecho, en el que hubo un desplazamiento del tirador con respecto a la posición de este con el primer disparo, al igual que una leve inclinación sobre el cuerpo de la víctima, atento a que lo determinado por la distancia de disparo no supera los 50 centímetros entre la boca del cañón y el tórax del occiso", explicó.

En cuanto al arma dijo que corresponde a una "pistola semiautomática marca Browning, calibre 9mm, que se encontraba cargada con los nueve cartuchos secuestrados. La celosidad del disparador, conforme a lo expuesto por los especialistas, es normal, según se constató en su posición por el licenciado Azcue".

Asimismo dijo que "al momento de ser examinada por los peritos intervinientes no presentaba anomalías en el mecanismo constitutivo y que era apta para efectuar disparos". "Al respecto se puede decir que no existió disparo accidental o involuntario ya que el primer disparo fue realizado a una muy corta distancia a quemarropa, y desde atrás de la víctima", consideró el experto.

"El arma estaba sostenida firmemente ya que el ciclo del disparo se efectuó sin interrupciones aparentes, y el segundo disparo se efectuó a no más de 50 centímetros del blanco, con lo cual el autor tuvo que adelantarse desde la posición inicial del primer disparo e inclinar su cuerpo sobre la víctima, quien tenía su mano apoyada en el pecho como signo acto de reflejo por el dolor ocasionado en la primera herida", infirió el consultor.

"Habiéndose secuestrado en el lugar del hecho una vaina servida y un proyectil, que presentaban correspondencia de haber sido disparados por el arma incriminada y una impronta de acción de un proyectil de arma de fuego en la pared de una vivienda ubicada a 50 metros aproximadamente, cuyas según características se corresponderían con las balas del cartucho secuestrado, existen tres hipótesis sobre el faltante de la segunda vaina: que ésta nunca fue encontrada, que alguien se la llevó del lugar o bien, que quedó trabada en la recámara del arma en cuestión", teorizó.

"En el caso de que la vaina nunca fuera encontrada o que alguien se la llevara de la escena, el mecanismo de disparo cumplió su ciclo correctamente, un tercer cartucho debería haber sido alojado en la recámara y posteriormente extraído, ya que ninguno de los 9 cartuchos secuestrados posee marcas características de accionamiento en sus balas conforme dicho en el informe pericial", detalló.

"Al igual que en la hipótesis de la vaina servida trabada en el a recámara, se tiene que haber operado el arma para la extracción de ésta, ya que al momento del secuestro de la misma no había ninguna vaina servida en la recámara", completó.

"Con cualquiera de estas hipótesis la persona que efectuó los disparos, manipuló el arma después de haberla disparado, demostrando los conocimientos suficientes en el manejo de la misma", concluyó.

Uno de los policías que declaró en el juicio
Uno de los policías que declaró en el juicio Crédito: R28202.com

La "ayuda" de los compañeros de Marcelo Galarza

Antes del testimonio del perito de la Federal, fue el turno de excompañeros del padre de Nahir, Marcelo Galarza, en un grupo especial de la Policía de Entre Ríos. Su papel fue doble: cimentar la "buena reputación" como oficial de Galarza (que está sujeto a cuestionamientos por no haber dejado a buen resguardo su pistola de dotación, usada en el crimen) y dejar abierta la posibilidad de un disparo accidental o inesperado cuando el arma está en manos de una persona inexperta.

El suboficial Juan Cruz Ramírez, que integró durante dos años aquel grupo especial, dijo que Galarza "siempre usó munición en recámara y sin seguro", que a un neófito en el uso de armas, al efectuar un disparo, "le asustaría el ruido" y que "cuando una persona se asusta tiene espasmo muscular, y si el dedo sigue gatillando, rígido, se puede escapar una ráfaga, en el caso de armas automáticas, u otro tiro". Nahir dijo, precisamente, que se le escaparon dos tiros, ambos con resultado mortal.

Otro compañero suyo, Eduardo Acuña, oficial con 28 años de experiencia e instructor de ingresantes a la Escuela de Policía, afirmó haber presenciado disparos accidentales. "La gente entra en shock y tira el arma, aunque depende de cada uno. A mí me pasó, pero al estar capacitado reaccioné tranquilo y esperando instrucciones. Con Internet y la tecnología de hoy en día cualquiera puede usar un arma, te enseñan cómo cargarla y cómo desarmarla", opinó. Habló sobre la sensibilidad de las pistolas como las de dotación en la policía y afirmó: "El arma que está secuestrada en la causa puede producir un disparo involuntario".

Otro policía, Sergio Emanuel Cabral, también señaló que "en un estado de exaltación puede pasar que, al afirmarse al arma, si es automática, se origine la situación del tiro reiterado", aunque finalmente debió aclarar que la pistola en cuestión es semiautomática.

La abuela de Nahir contó que Fernando "la tenía de los pelos y del cuello"

La declaración de la abuela de Nahir
La declaración de la abuela de Nahir Crédito: R2820.com

"Claro que la conozco, es mi nieta. Voy a decir la verdad", le respondió al Tribunal Brígida María Gálvez, la abuela paterna de Nahir Galarza. Aunque admitió que no conocía detalles sobre la intimidad de su nieta, a la que definió como "cariñosa y educadita", aseguró que Fernando Pastorizzo nunca había sido presentado como novio, y que cuando viajó a Brasil de vacaciones con Nahir y sus padres lo hizo como "un amiguito de ella".

Brígida Gálvez afirmó que poco antes del crimen había visto a Fernando maltratar a Nahir. "Una madrugada sentí gritos y salí. Era la voz de mi nieta gritando ‘¡Soltame, soltame!’. Él la tenía de los pelos y del cuello. Le grité fuerte, la soltó, agarró la moto y se fue", contó. Agregó que su nieta le había pedido que no les contara a sus padres lo ocurrido y que la vecina [María Inés Correa] le dijo que eso pasaba siempre, que "pila de veces los había visto".

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