
"Si fuera culpable, ya pagué mi condena", dijo Alejandro Puccio
Afirmó que quiere rehacer su vida
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LA PLATA.- Traga saliva y alza los hombros. Alejandro Puccio está cansado, después de hablar con La Nación durante dos horas y media. Dice: "Si fuera culpable, ya pagué mi condena. Así que lo único que quiero es que me acepten y que me dejen de molestar".
El 14 de octubre próximo, Puccio cumplirá 42 años. Hace 15 que está preso, purgando una condena a prisión perpetua por el secuestro y el homicidio de Ricardo Manoukian, que desapareció el 22 de octubre de de 1982 y nueve días después fue ejecutado con tres balazos en la nuca, en un lugar poco poblado de Escobar.
Fue la primera víctima del llamado clan Puccio. La organización estaba liderada por el padre de Alejandro, Arquímides, un contador público que había sido vicecónsul.
Al secuestro y asesinato de Manoukian le siguieron los de Eduardo Aulet y Emilio Naum. Después, el clan raptó a la empresaria Nélida Bollini de Prado. Fue la única sobreviviente. La policía la rescató el 23 de agosto de 1985, luego de 32 días de cautiverio.
La mujer estaba encadenada al piso del sótano de la casa de la familia Puccio, situada en las calles Martín y Omar y 25 de Mayo. Eran las 21.30 y en la vivienda sólo estaban Alejandro y su novia, Mónica Sorwick.
Ahora, desde su celda de la Unidad 23, de Florencio Varela, Puccio trata de dar respuesta a algunos interrogantes.
-¿Qué estaba haciendo aquella noche de agosto de 1985?
-Hacía diez minutos que habíamos llegado. Tomábamos un té para bajar unas hamburguesas que habíamos comido en un bar cuando la policía entró en mi casa. No entendía nada cuando vi que sacaban a la mujer del sótano de la casa.
-¿Cómo no advirtió que había gente secuestrada en su casa?
-Tal vez siento un poco de culpa por no haberme dado cuenta de que había una mujer secuestrada en mi casa. Pero si las otras víctimas estuvieran vivas, también, como Bollini, hubieran dicho que yo era inocente.
-Pero los propios miembros del clan afirmaron que usted formaba parte del grupo delictivo.
-La policía me torturó para que reconozca la autoría del crimen de Manoukian. Me golpearon hasta dejarme inconsciente. Por eso me acusaron.
- ¿Dónde y cuándo lo torturaron?
-Ocurrió en una comisaría de la zona norte y fue durante 1987, cuando el juez federal Piotti (Daniel) estaba a cargo de la causa.
Pese a su insistencia, muy pocas personas le creen: su madre, Epifanía Calvo, su hermana Silvia y un viejo amigo que, como él, jugaba al rugby en el Club Atlético San Isidro (CASI).
"Era un hombre exitoso. Tenía un negocio que andaba bien (vendía artículos náuticos), era conocido, había jugado en Los Pumas... ¿Por qué iba a hacer algo semejante?", se justifica.
Nadie lo sabe. Pero, de acuerdo con el fallo judicial, lo hizo. Y fue condenado a prisión perpetua.
Antes del juicio, Puccio intentó suicidarse dos veces. Ahora debe tomar fenitoína sódica, para prevenir convulsiones, la única secuela que le dejó su segundo intento de quitarse la vida. Antes de tirarse desde un quinto piso, Puccio escribió dos cartas. Una para sus amigos y otra para sus abogados. Esta última decía: "Me tocó un padre que no tuve la opción de elegir".
-¿Cómo nace el rencor hacia su padre?
-No es fácil aceptar que saquen a una mujer que estuvo encerrada en el sótano de tu casa. Mi padre es un autoritario, un loco, pero soy su hijo.
Ahora, todo cambió para Alejandro Puccio. Hace poco menos de dos semanas obtuvo el beneficio del régimen de libertad transitoria. Trabaja cuatro veces por semana en el Centro de Estudios Grupales, en la Capital. El empleo se lo dio el director de la clínica, Jorge Franco, que fue profesor suyo durante su inconclusa carrera.
-¿Ahora qué va a hacer?
-Quiero que me dejen trabajar, rehacer mi vida, formar una familia. (insiste una vez más) Si fuera culpable, ya pagué mi condena.
Buena conducta
- LA PLATA.- Alejandro Puccio está preso en la Unidad 23 de Florencio Varela desde hace un año y, según el jefe del penal, prefecto mayor Ramón Fernández, el interno tiene muy buena conducta. Estaba alojado en un pabellón colectivo de trabajadores y era ayudante de cocina en el comedor de tropa, hasta que lo beneficiaron con el régimen de libertad transitoria. "Nunca tuve problemas en la unidad. Me trataban bien y la comida era buena, a pesar de lo que se cree", dijo Puccio.





