
Siglos de historia, en una sola cuadra
El pasado sobrevive en la avenida Alvear, entre Montevideo y Rodríguez Peña
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En agosto de 2002, en un hecho sin precedente, el Poder Ejecutivo declaró monumentos históricos nacionales a cuatro edificios situados en una misma calle. En este caso, los cien metros de la avenida Alvear que van desde Montevideo a Rodríguez Peña.
Se trata de la residencia Maguire (ex residencia Duhau), construida alrededor de 1890 por el arquitecto Carlos Ryder para el ingeniero Alejandro Hume, cuyos jardines diseñó en 1913 el paisajista Carlos Thays; el Palacio Duhau, contiguo a la anterior, que data de 1934; la Nunciatura Apostólica, erigida entre 1907 y 1909, y el Palacete Casares, que al pasar a manos del Estado fue, primero, Casa de Cultura, y actualmente sede de la Secretaría de Cultura de la Nación.
También obra de Ryder, este último es el único de los cuatro que se encuentra en la vereda par de Alvear, justo enfrente de la mansión Maguire.
La naturaleza parece haber querido testimoniar el parentesco arquitectónico de ambos: las ramas de un enorme gomero (ficus) de la mansión, que fue plantado por Hume, cruzan la calle y rozan las ventanas superiores de la dependencia oficial.
De fangal a palacete
Pero el Casares ostenta la exclusividad de los antecedentes de un solar que, con el paso del tiempo, fue exhibiendo todas las fisonomías.
Así, el terreno prácticamente ignoto -en un fangoso campo alejado de la aldea colonial, sólo transitado por carretas-, que en 1754 pertenecía a María Josefa de Basurco, fue sucesivamente chacra, vivienda, quinta, casona y mansión.
No paró allí: un emprendedor inmigrante irlandés hizo que alcanzase el rango de palacete.
Hasta su adquisición por el Estado, la casa tuvo 12 dueños, incluyendo a Mariquita Sánchez de Mendeville, los ingleses Thomas Whitfield y Carlos Bowers, Vicente Lorenzo Casares, Teodelina Alvear de Lezica y Adelina María Harilaos de Olmos.
Mariquita Sánchez adquirió, en enero de 1822, la propiedad de Alvear 1690 y Rodríguez Peña (entonces, Garantías), que era conocida como Quinta Altolaguirre. Fue el año en que se inauguró el Cementerio de la Recoleta. Buenos Aires empezaba a insinuar la extensión de su geografía, más allá de Callao y Santa Cruz (actualmente llamada Arenales), el extremo Norte al que llegaba el diagrama urbano.
Cambio de fisonomía
Una renovada corriente edilicia se extendió entre 1880 y 1920, al imponer un estilo netamente francés, que dejó atrás la tradición española e italiana, de casas con patios rodeados de habitaciones.
Impresionantes viviendas trazaron un nuevo paisaje sobre las barrancas que daban al río, con mayor énfasis en el primer tramo de Alvear.
Un momento significativo de este desarrollo ocurrió en 1888, cuando el irlandés Eduardo Casey compró el predio a Enrique Acébal.
Decidido a elevar aún más su status, contrató a Ryder, quien transformó la quinta en un espectacular palacete de más de 30 ambientes en su planta baja y dos pisos, además de subsuelo y terrazas.
Casey, que entre sus innumerables emprendimientos fundó Venado Tuerto, fue el primero que envió ganado en pie a Londres (500 ovejas, en 1879) y se desempeñó como vicepresidente del Jockey Club, pudo disfrutar sólo un año su impresionante hogar.
Asfixiado por las deudas, en 1891 lo vendió a Vicente Casares (de quien tomó el nombre el palacete), y en la mayor pobreza se suicidó el 23 de julio de 1907.
En 1930, el palacio fue comprado por Adelia Harilaos de Olmos, que con la idea de alojar allí al cardenal Eugenio Pacelli durante su visita al país en 1934 -en ocasión del Congreso Eucarístico-, convocó al decorador Luis Gaweloose.
En seis meses, el renombrado especialista renovó la boiserie y los tapizados, amplió algunos ámbitos y también restauró la capilla bizantina, con altar de piedra y mosaicos italianos, que aún subsiste en el primer piso.
Pero quien sería Pío XII optó por ocupar una más sencilla pieza en otra mansión de la señora de Olmos, que luego donó a la Santa Sede. Es el actual Palacio de la Nunciatura.
Por último, en 1948 el Poder Ejecutivo desembolsó dos millones de pesos por el inmueble de Alvear 1690, donde una vez hubo una modesta parcela que cambió de dueño por 100 pesos.
Cambios necesarios
La Secretaría de Cultura, allí desde 1980, ha introducido necesarios cambios técnicos.
Pero en su planta baja aún asombra el señorío de dos salones -denominados ahora Leopoldo Marechal y Miguel Cané- que brillaron en un tiempo de fastuosas veladas, al ritmo de una belle époque que, en la segunda década del siglo XX, empezó a declinar para siempre.
Emblemática
- "La avenida Alvear fue la polvorienta vía que vinculó el gran proyecto de ciudad, trazada con cuidado para reflejar el funcionamiento político, con el parque de Palermo, ese intento de disciplinar la naturaleza." El concepto, del titular de la Dirección Nacional de Patrimonio y Museos, Américo Castilla, fue vertido durante un diálogo con LA NACION, referido a la emblemática avenida del barrio de la Recoleta.




