Cristian Lesjak sentía un ruido en la rodilla a los 13 años cuando jugaba al fútbol en Bariloche. Le diagnosticaron osteosarcoma y viajó a Buenos Aires para tratarse. Se alojó en La Casa de Ronald McDonald, donde hizo amistades que lo ayudaron a pasar ese duro momento
Cristian Lesjak sentía un ruido en la rodilla a los 13 años cuando jugaba al fútbol en Bariloche. Le diagnosticaron osteosarcoma y viajó a Buenos Aires para tratarse. Se alojó en La Casa de Ronald McDonald, donde hizo amistades que lo ayudaron a pasar ese duro momento
(0)
10 de mayo de 2019  • 00:00

Cristian tiene 20 años, es de San Carlos de Bariloche , está estudiando Robótica en Buenos Aires y, salvo por un detalle, su vida es completamente normal: hoy no puede practicar deportes de alto impacto. Y no es porque no le gusten o no lo haya hecho cuando era más chico. El motivo es que cuando tenía 14 años, y era un apasionado del fútbol y del handball, le diagnosticaron osteosarcoma en la tibia de la pierna izquierda. Enseguida se trasladó hasta Buenos Aires con su mamá para encarar un largo tratamiento. Y como no tenían donde quedarse, la Casa de Ronald McDonald les abrió sus puertas para que tuvieran un lugar donde poder vivir, bien cerca del hospital en el que se debía internar periódicamente para recibir quimioterapia.

Conocé la historia de Cristian Lesjak

01:26
Video

Cristian es solo uno de los 190 mil chicos y familias que han sido cobijados por los distintos programas de La Casa de Ronald McDonald, una asociación que trabaja desde hace 25 años en la Argentina y que cuenta como grandes aliados en esta tarea a la comunidad médica, organizaciones sociales, voluntarios, empresas y líderes de opinión. Este trabajo en red hace que La Casa crezca día a día y que cada vez haya más familias acompañadas y contenidas en ese duro momento en el que alguno de sus hijos debe enfrentar un problema de salud complejo.

"Todo empezó en julio de 2012. Hacía mucho deporte y de repente sentí que la rodilla me sonaba. Primero me dijeron que no era nada grave y me mandaron a hacer kinesiología. Hacia fin de ese año se me empezó a hinchar un poquito debajo de la rodilla. Seguí con kinesiología, pero como no mejoraba me mandaron a hacerme una biopsia en Buenos Aires. Yo pensaba que me la hacía y me volvía a Bariloche, pero entonces me dijeron que tenía cáncer y me tuve que quedar con mi mamá para empezar el tratamiento", recuerda Cristian.

La primera parte de ese tratamiento duró casi un año e incluyó, además de internaciones periódicas de una semana para recibir quimioterapia, un trasplante óseo de la mitad de la tibia de su pierna izquierda. Los primeros meses, Cristian y su mamá tenían donde vivir. Pero por problemas familiares debieron dejar esa casa y se quedaron, en pleno tratamiento, sin un lugar. Ahí fue cuando el personal del Hospital Italiano, uno de los que trabaja con la Casa de Ronald McDonald y donde Cristian se atendía, lo vinculó con el que pasó a ser su nuevo hogar.

En La Casa de Ronald McDonald, Cristian y su mamá encontraron un lugar que no solo les dio una habitación muy cercana al hospital sino también la contención necesaria para sobrellevar ese difícil momento. Cristian no tardó en hacer amistades con otros chicos de su edad que pasaban por una situación parecida y hoy recuerda aquel tiempo con mucha emoción. "Fueron cuatro meses los que viví en la Casita. Al principio fue chocante ver a tantos como uno, pelados, haciendo tratamientos. Pero después hice amistad con un chico y hasta pedíamos internarnos juntos", cuenta.

Por suerte, el tratamiento funcionó muy bien y Cristian pudo volver a Bariloche. Durante los dos años siguientes debió regresar cada tres meses a Buenos Aires para realizarse controles y chequeos. Luego esos plazos se fueron extendiendo hasta que en febrero último le dieron el alta definitiva. Hoy Cristian siente que toda la experiencia lo ayudó a crecer como persona. "Aprendí a vivir", dice con tanta simpleza como profundidad, mientras sueña con diseñar los robots que veía en las películas cuando era chico.

Cristian estuvo alojado en La Casa de Ronald McDonald de Buenos Aires. Pero la asociación cuenta además con otras tres casas en las ciudades de Mendoza, Córdoba y Bahía Blanca. En todas ellas, cercanas a hospitales, se brinda contención y alojamiento a familiares con niños que reciben tratamientos médicos por enfermedades de alta complejidad.

Los 11 programas con que cuenta en la actualidad la asociación se completan con cuatro salas cuatro salas familiares (dos de ellas en el Hospital Garrahan, otra en el Hospital de Niños Santísima Trinidad de Córdoba y la última en el Hospital Sor Ludovica de La Plata), una Unidad Pediátrica Móvil, una Unidad de Promoción de Hábitos Saludables y tres Unidades de Bienestar (Hospital Notti de Mendoza, Hospital Penna de Bahía Blanca y Hospital Sor Ludovica de La Plata).

MÁS LEÍDAS DE Sociedad

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.