
Un argentino, sacerdote en Lourdes
Cinco millones de personas visitan cada año ese santuario de la Virgen, donde se celebran 52 misas por día
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Una tarde de Navidad, el padre Horacio Brito, nacido en Tucumán en 1948, visitó a una familia en una villa de emergencia porteña. Se encontró con un ambiente paupérrimo y, en él, una mujer descalza lavando ropa. Sus seis hijos, harapientos, estaban alrededor. Su marido había salido a buscar el pan. Después de hablar con con ella una hora, sobre sus necesidades, Brito le preguntó: -¿Es usted feliz?
-Sí, padre -respondió la mujer para su sorpresa.
-¿Por qué?
-Porque llevo en mi corazón el amor de mi marido.
Sólo muchos años después Brito comprendería el mensaje que encerraba esta humilde respuesta.
Hoy es rector adjunto del santuario de Nuestra Señora de Lourdes, en Francia, uno de los más importantes del mundo. Es el primer argentino que obtiene ese cargo y más que ningún compatriota está cerca del mensaje que la Virgen le dejó en 1858, tras 18 apariciones en una sombría gruta, a una frágil adolescente llamada Bernardita Soubirous: que la dignidad humana, aquella que Dios ama en todos, se mantiene más allá de los padecimientos físicos, el dolor, la pobreza y el pecado.
Por el santuario de Lourdes, que cada 11 de febrero celebra el día de su patrona, pasan anualmente cinco millones de peregrinos, pertenecientes a 150 países, en busca de esperanza. Por día son 40.000, lo que convierte a este sitio en uno de los polos de fe más concurridos del planeta; también en uno de los más ajetreados, ya que allí se celebran unas 52 misas diarias.
"Lourdes es el Carrefour de la fe -dice el padre Brito, en diálogo telefónico con La Nación , desde Francia. Viene todo tipo de gente: cristianos y de otras confesiones, y hasta no creyentes."
-¿Cómo llegó a ser rector adjunto del santuario?
-El primer contacto que tuve con Francia fue cuando, de joven, estudié allí filosofía y teología. Después volví a la Argentina para cursar en la Universidad de Buenos Aires. Me ordené sacerdote en 1974, en la Congregación de los Lourdistas, y luego fui rector del Colegio Sagrado Corazón, un establecimiento centenario en Tucumán. Mi segunda visita a Francia fue en 1992, para seguir durante un año cursos en el Instituto Católico de Toulouse. Entonces, los padres de mi congregación me pidieron que les diera una mano en Lourdes.
- Y se quedó nomás...
-Sí, un año. Pude ver de cerca la devoción por la Virgen de Lourdes. Al cabo de ese lapso, me solicitaron permanecer un año más. Finalmente, en 1994, cuando me disponía a regresar a la Argentina, el padre Michel de Roton, entonces rector del santuario, quiso que lo acompañara como adjunto.
-¿Qué vio en usted?
-Creo que lo que en Francia les impresionó de mí fue que, siendo mi primera estada en Lourdes, hablaba mucho de la Virgen y conocía bien su mensaje. Todo lo aprendí desde chico, en el Colegio Sagrado Corazón de Tucumán. Otro hecho que puede haber influido en mi designación es que, en el santuario, los capellanes siempre fueron europeos, de modo que vieron en un latinoamericano la oportunidad de enriquecer Lourdes. Sobre todo para captar algunas mentalidades que en Europa son un poco desconocidas.
-¿Por ejemplo?
-Y..., en América latina la devoción por la Virgen es más abierta y sentimental que en Europa. Y eso es algo que atrae.
-¿Tiene posibilidad de ser rector?
-No, en realidad. Porque el santuario pertenece a una diócesis francesa y el más alto cargo está reservado a los naturales de Francia.
-¿Cuál es su tarea concreta en Lourdes?
-En Lourdes se acogen 700 peregrinaciones por año. Y todas esas personas necesitan un lugar para las celebraciones, aparte de requerir servicios como camas para enfermos, comidas y baños con el agua de la gruta. De eso me encargo yo; además, de que comprendan el verdadero espíritu del santuario, que es un lugar de evangelización porque guarda un mensaje para los peregrinos.
-¿Qué les dice a los visitantes?
-Que los encuentros de Bernardita con la Virgen tuvieron lugar en una gruta sucia, frecuentada por cerdos, donde, en el fondo, el agua comenzó a brotar. Se trata de una metáfora de nuestro ser, que a pesar de las miserias posee una profunda dignidad. Es un mensaje que sigue vigente.
-¿Van muchos argentinos?
-Sí, cada vez más, sobre todo en invierno. En general, la presencia de latinoamericanos en el santuario está creciendo.
-¿Cuánta gente trabaja con usted?
-Lourdes está organizado de una manera particular. Hay 25 capellanes provenientes de varios países que reciben la colaboración de 340 personas asalariadas.
-¿Qué cantidad de dinero insume el santuario?
-El presupuesto es de 20 millones de dólares por año y proviene de las donaciones de los peregrinos. En las 50 hectáreas del santuario no se vende absolutamente nada. El comercio de los souvenirs se concentra en la ciudad.
-Dicen que Lourdes funciona como una verdadera empresa...
-Los fines son exclusivamente pastorales. Pero no niego que aquí se manejen las cuentas como en cualquier compañía. De hecho, un economista, Francis Dehaine, está a cargo de las finanzas del santuario, del trato con los bancos. Hace poco, por ejemplo, pedimos préstamos para renovar los centros de acogida de enfermos y, como cualquier deudor, los tenemos que devolver en el plazo acordado. Desde otra perspectiva, puede decirse que este centro religioso es un verdadero polo de desarrollo. Porque, con sólo 16.000 habitantes, la ciudad de Lourdes posee 500 hoteles que dan trabajo a muchísima gente.
-¿Cómo describiría el clima del santuario en el día de la Virgen?
-Hay mucho fervor. Por ejemplo, el 11 de febrero último celebramos una misa en la que participaron nada menos que 25.000 personas, con cientos de sacerdotes concelebrando. Así de importante es el fenómeno.
-Además, esta vez la fiesta fue potenciada por al anuncio de un nuevo milagro.
-Sí, se dio a conocer el número 66: un enfermo de esclerosis en placas sanó misteriosamente tras visitar el santuario. Se llama Jean-Pierre Bely y el milagro ocurrió en 1987, cuando tenía 51 años. Bely, que antes estaba inmovilizado, hoy puede caminar.
-¿Lo conoció?
-Sí, claro. Y lo que puedo decir de él es que, además de salud, obtuvo una enorme paz interior. Eso es lo que realmente buscan los 100.000 enfermos que vienen por año.
-¿Piensa volver a Tucumán?
-Por supuesto. Aquí la gente siempre está de paso y tiene que haber alguien para acogerlos constantemente. Pero esta función se puede cumplir sólo algunos años; después hay que hacer otra cosa. Los capellanes permanentes del santuario, por ejemplo, están aquí entre ocho y diez años; no más que eso. A mí ya me está llegando el tiempo de partir. Además, en el fondo yo también soy un peregrino.
Cifras del santuario
- Visitantes: Lourdes recibe anualmente a cinco millones de peregrinos, provenientes de 150 países.
- Edificios: en sus 50 hectáreas, el santuario se distribuye en 48 grupos de edificios, que incluyen la basílica superior, hospitales, una imprenta y una central eléctrica.
- Misas: hay en total 22 lugares para celebrar ceremonias, donde se ofician alrededor de 52 misas diarias.
- Baños: con el agua de la Gruta se nutren 35 fuentes y 17 piscinas, en las que se realizan 400.000 baños anuales.
- Enfermos: los centros de acogida para enfermos poseen 1304 camas.
- Internacional: los encargados de atender a los peregrinos hablan seis idiomas: francés, alemán, inglés, español, italiano y holandés.
- Multitud: además de 25 capellanes, en Lourdes se desempeñan 340 trabajadores asalariados, 250 de los cuales son permanentes y 90, temporarios. A ellos se suman 100.000 voluntarios que colaboran anualmente.
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