Un arquitecto mendocino construye para ayudar a comunidades de latinoamérica
Javier Roig fundó una ONG que ayuda a poblaciones vulnerables brindándoles un techo; financia las construcciones mediante la venta de productos fabricados por las personas beneficiadas
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Javier Roig tenía 20 años y estaba cursando en la universidad de Mendoza cuando lo contactaron de uno de los mejores estudios de arquitectura del mundo para hacer una pasantía. César Pelli, un arquitecto tucumano que construye rascacielos, lo sumó a su equipo en Connecticut, Estados Unidos, y una vez que viajó no hubo vuelta atrás.
De la mano de Pelli, su experiencia se afianzó. Se radicó en el país norteamericano y su innegable talento lo llevó a comandar un proyecto que marcó su carrera: la Torre Costanera en Santiago de Chile, un rascacielos de 300 metros de altura que se posicionó como el edificio más alto de Iberoamérica y cuya construcción duró 8 años.
La altura de sus edificios y su carrera crecían a la par, pero eso no era suficiente para este mendocino de treinta y pico de años, que quería devolver un poco de lo que la vida le dio: "Sentí la responsabilidad de dar y ayudar a la gente que más lo necesita, que es la gran mayoría", cuenta Javier desde Los Ángeles en una charla telefónica con LA NACION.

Su primer acercamiento con el voluntariado lo tuvo cuando una colega le presentó el proyecto de Hábitat Para La Humanidad, una organización sin fines de lucro fundada en 1976 que desde su creación ha construido 350.000 viviendas en todo el mundo. En 2012, en vez de irse vacaciones, Roig viajó a Nepal y construyó una casa con sus propias manos. Así pasó de diseñar edificios de 400 metros de altura en computadoras a poner ladrillo por ladrillo en un pueblo desierto bajo el impiadoso sol de verano. Ese momento fue bisagra y lo motivó a viajar a África e Indonesia con el mismo objetivo en mente. "Participar en estas experiencias me cambió mucho la forma en la que pensaba. Toda persona tiene derecho a tener un techo arriba de su cabeza", dice el arquitecto.
Project Latitude: la originalidad y la solidaridad, de la mano
Cuando Roig dice que esa experiencia le abrió la cabeza habla en serio. Contribuyó y participó de muchas construcciones, pero detectó dos problemáticas que buscó (y todavía busca) resolver con la creación de su propio proyecto junto con su socio y colega, Danny Collins: el costo de los voluntariados y la comunidad. "Habían dos cosas que queríamos mejorar: una era hacerlo más alcanzable a cualquier persona y otra era formar una comunidad a través del tiempo", dice. Y agrega: "Cuando yo fui a Cambodia construí una casa y la familia estaba contenta pero luego volví a Nueva York y no volví a saber de ellos".
A raíz de estos dos objetivos, fundaron Project Latitude en mayo de este año, una organización sin fines de lucro que busca ayudar a mejorar la vida de diversas comunidades de latinoamérica. Su manera de resolver las problemáticas que identificaron lleva el sello de la originalidad: detectan las actividades de la comunidad y venden productos que ellos mismos fabrican a través de la Web para recaudar fondos para la construcción.
Su socio, Danny Collins, es oriundo de Missouri, Estados Unidos y él, de Mendoza, Argentina. El punto medio entre ambos extremos es la latitud cero y así fue que eligieron su primer destino: Ecuador. Se pusieron en contacto con una comunidad de Quito y en febrero de 2017 construirán junto con dos grupos de voluntarios de 10 personas (que sólo pagan el pasaje de avión) un centro comunitario.
En este caso, la comunidad fabrica una mochila llamada "Chaski" con materiales del lugar. Para vender el producto, usan Kickstarter, una plataforma online colaborativa para emprendedores y, afortunadamente, tuvieron muy buena recepción desde el comienzo. Una vez que alcanzan el dinero necesario, todas las ganancias que genere el producto seguirá destinado a la misma comunidad.

El primer objetivo es Ecuador, pero planean continuar con Guatemala y luego vendrán a la Argentina. "A fines de noviembre viajaré a Guatemala. Nos queremos enfocar en la juventud y en el deporte. Es muy importante sacar a los niños de las calles, entonces nos contactamos con asociaciones en Guatemala y queremos empezar a crear campos de fútbol", cuenta Javier cuando se le consulta sobre los desafíos que lo esperan una vez que finalice el proyecto en Ecuador.
"Uno es el arquitecto de su propio destino. Hagamos, intentemos, lo peor que te puede pasar es que nadie colabore y, en mi caso, ha sido lo opuesto", concluye el arquitecto solidario.
Redes sociales para ayudar
Web: http://www.project-latitude.com
Instagram: https://www.instagram.com/projectlatitude
Facebook: https://www.facebook.com/projectlatitude
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